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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del centro del Instituto Cervantes de Cracovia

Polonia(Cracovia), 11.06.2012

M

uy buenos días,

Permítanme comenzar expresando, nuestra gratitud por sus palabras de bienvenida y por su acogida en Cracovia. Les confieso que me siento especialmente feliz de volver ahora junto a la Princesa a esta ciudad, en la que vivieron personas tan decisivas para la Historia como Copérnico y Juan Pablo II. Una ciudad que tanto luce su historia, y que tan intensamente disfruta y comparte su riqueza cultural.

Así lo pude comprobar hace doce años, cuando vine por primera vez y pude visitar el Castillo Real y Catedral en el Wawel o "acrópolis cracoviense" sobre el Vístula, pasear por el Rynek y por algunas calles y disfrutar de rincones tan especiales, sin olvidar la Universidad Jagelónica con su Collegius Maius, una experiencia inolvidable. Nos ilusiona ver que el Cervantes ha llegado a un lugar tan preciado para los polacos y, en general para la cultura europea.

Han pasado más de cuatrocientos años desde que Pedro Dunin Wolski, embajador en España del rey Segismundo Augusto, regresara a su país, tras terminar la misión en Madrid, con una magnífica colección de libros españoles del siglo XVI. El amor de los polacos por la cultura y por su propia Historia y la cordialidad con la que siempre se han abierto al mundo han permitido que esa colección se conserve con orgullo en la extraordinaria Biblioteca Jaguellónica de Cracovia. Este es sólo uno más de los lazos singulares que, como ha puesto de relieve el director del Instituto Cervantes, han unido a España y Polonia a lo largo de los tiempos.

Somos dos países situados en los extremos del continente europeo entre los que se han querido ver con razón numerosos paralelismos, tal como demostró en su día el gran historiador polaco Joachim Lelewel.

Nuestro conocimiento mutuo se ha incrementado mucho en losúltimos veinte años. La literatura polaca ya no es la gran desconocida que fue en su día en España y la española encuentra en el público de este país una acogida cada vez mayor, tanto que resulta infrecuente que un lector polaco no haya leído algún libro escrito originalmente en español.

España y Polonia se han forjado dentro de esta Europa que es cuna de grandes culturas y madre de lenguas que desde hace siglos atesoran los sentimientos, los sueños y la sabiduría de tantas y tantas generaciones de hablantes. Porque, como ha dicho el escritor Eduardo Mendoza, cuyo nombre lleva la biblioteca de este Instituto, "las lenguas son muchas cosas. En primer lugar son una forma de comunicación, pero también son una forma de identidad y una forma de pensamiento."

Esto es lo que trae ahora a Cracovia el Instituto Cervantes. Una lengua con más de mil años de existencia, forjada desde su origen peninsular cristiano con las aportaciones de otras razas y pueblos diversos -musulmanes y judíos, primero; mayas, quechuas, guaraníes y otros, más tarde- y que, cruzando continentes, es ya compartida por 500 millones de personas. Hoy se ha convertido en la segunda más hablada en el mundo, como lengua materna y en la segunda más empleada como instrumento de comunicación internacional. Y trae también el Instituto a Cracovia una identidad formada con el talento de los escritores, artistas, filósofos, músicos y cineastas de más de 20 países, la identidad cultural hispana, abierta por su mestizaje al diálogo con otras culturas que Cervantes cifró en el Quijote, ese libro queél mismo señalaba al comienzo de la segunda parte de la novela como el más idóneo para aprender español y no solo como instrumento de comunicación sino de forja de comprensión de lo hispano.

Podemos hoy felicitarnos porque todo indica que nos encontramos en un momentoóptimo para estrechar las relaciones entre nuestros dos países sobre esa doble pauta. En España se reconoce la constante labor que lleva a cabo el Instituto Polaco de Cultura, y sabemos que el español es ahora mismo en Polonia una de las lenguas más populares y más demandadas tanto por parte de los alumnos de enseñanza primaria y secundaria, como de los estudiantes universitarios.

Se trata de un logro que debemos en gran medida a los hispanistas y a los profesores, cuya labor ha sido encomiable e ingente desde que en 1975 la Universidad de Cracovia comenzó a impartir por primera vez en Polonia los estudios de filología hispánica, que más allá del deleite literario, abre la puerta al conocimiento de la tradición de nuestros pueblos. Estamos igualmente en deuda con los traductores, particularmente aquí en Cracovia, donde el magisterio de Jadwiga Konieczna-Twardzikowa ha propiciado la formación de numerosos discípulos. Resulta admirable el trabajo de las personas que dedican su vida a estudiar otras sociedades, y que establecen con su dedicación rigurosa y callada los fundamentos del diálogo entre las culturas y nos preparan para una de las virtudes que nuestro Ortega y Gasset más estimaba: ponerse en el lugar de los otros, como actitud y vía de la comprensión.

Ahora viene en ayuda de todo ello este nuevo centro del Instituto Cervantes, al igual que lo hace desde 1994 el radicado en Varsovia. Ambos contribuirán a proponer continuos viajes de ida y vuelta entre la cultura española y la cultura polaca, a estrechar los vínculos entre dos países, similares en muchos aspectos.

A pesar de la coyuntura mundial en la que nos encontramos y a los problemas a los que debemos hacer frente, el Instituto Cervantes se establece con estas magníficas instalaciones en la antigua capital de Polonia. El Instituto ha hecho este esfuerzo porque sabe que la ciudad de Cracovia, permanente núcleo creativo y universitario a lo largo de siglos, es paraél un lugar natural.

Hace once siglos que un judío sefardí del Califato Omeya de Córdoba, Abraham ben Yakov, natural de Tortosa, dejó la primera mención escrita de Cracovia en la crónica del viaje que hizo por la Europa Central y Oriental en la segunda mitad del siglo X. Hoy marcamos un nuevo hito de relación al establecer en la vieja capital del Voivodato un centro Cervantes, cuyas puertas estarán -lo están ya- permanentemente abiertas a la amistad y al diálogo.

La Princesa y yo confiamos en el desarrollo fecundo de estos nobles objetivos. Lo deseamos profundamente y por eso queremos transmitir un mensaje lleno de estímulo a los profesores, a los alumnos y a todo el personal del Centro Cervantes de Cracovia porque su labor y su interés contribuyen día a día a estrechar los lazos entre nuestros dos países. Porúltimo, agradecemos de verdad el apoyo de las autoridades de esta querida nación polaca a lo que representa el proyecto del Instituto Cervantes.

Muchas gracias.

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