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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por Su Excelencia el Presidente de la República Francesa

Francia(Palacio del Elíseo. París), 27.03.2006

S

eñor Presidente,

La Reina y yo os damos las gracias por Vuestra invitación para realizar esta tercera Visita de Estado a Francia, así como por las afectuosas palabras que acabáis de pronunciar, fiel reflejo de los innumerables y sólidos vínculos que unen a nuestros dos Estados.

La calurosa acogida que nos habéis dispensado, hacen que la Reina y yo nos sintamos particularmente honrados de poder estar de nuevo en Francia.

Durante nuestra anterior Visita de Estado, en 1985, poco después de la firma del Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas, ya tuve la satisfacción de subrayar el feliz reencuentro de España con Francia y con Europa.

Tuve también la convicción de que se iniciaba una nueva era en nuestras relaciones bilaterales.

España ocupaba, al fin, el lugar que correspondía a su profunda vocación europea, y Francia encontraba en su vecino a un nuevo socio y aliado de cara al proceso de construcción europea.

En estos más de veinte años, hemos contribuido al progreso de la idea de Europa y a la construcción de unas relaciones bilaterales cada vez más densas y ricas.

Un proceso de integración que ha proporcionado a Europa y a sus ciudadanos el más largo periodo de paz, concordia, estabilidad y desarrollo de su historia.

Recordarlo en estos momentos, cuando Europa se encuentra en un proceso de reflexión, resulta especialmente oportuno.

Nos sentimos igualmente orgullosos de los pasos trascendentales dados en los últimos años: desde la creación del Mercado Interior, el espacio de Libertad, Seguridad y Justicia o la moneda única, hasta la última ampliación -de enorme calado histórico y estratégico-.

Alcanzar tales logros no ha sido tarea fácil. Europa no es sólo una pujante realidad, es también una necesidad.

La integración europea, que compartimos, debe avanzar como un proyecto atractivo, capaz de mejorar día a día su funcionamiento para ilusionar a nuestros ciudadanos, con iniciativas que resuelvan sus problemas cotidianos, y para los que Europa suponga un claro valor añadido.

La inmigración, la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado son, entre otros, sectores en los que nuestros ciudadanos demandan una acción europea.

Debemos trabajar unidos para que Europa gane en eficacia, democracia y solidaridad.

En esta tarea, la Unión podrá contar con el apoyo y la amplitud de miras que siempre hemos demostrado, tanto Francia desde su fundación, como España desde su adhesión.

Además, en el plano internacional, Francia y España, defendemos la necesidad, cada vez más imperiosa, de contar con una respuesta colectiva a los grandes desafíos mundiales.

Apoyamos el reforzamiento de la eficacia y credibilidad de las instancias multilaterales, en particular, de las Naciones Unidas, en cuyo marco compartimos diversas iniciativas. Creemos en la fuerza del diálogo y de la cooperación internacional, en la supremacía del Derecho y la justicia.

Señor Presidente,

La amplitud e intensidad de nuestras relaciones bilaterales se basa en la urdimbre tejida por la Historia y la vecindad, por ese trabajo conjunto en la Unión Europea, por los importantes valores e intereses compartidos y por la coincidencia en los grandes temas de la realidad europea e internacional.

Han sido numerosas las ocasiones en que nos hemos podido encontrar en los últimos años. Recordamos Vuestra primera Visita de Estado a España en octubre de 1999, en la que tuve ocasión de expresaros el alto valor que los españoles concedemos a la amistad con Francia, y de subrayaros hasta qué punto somos dos viejas Naciones que han contribuido a forjar los contornos esenciales de nuestro Continente.

Hoy nuestras relaciones pueden calificarse de excelentes, un estímulo para seguir trabajando con el fin de situarlas al más alto nivel que ambos países deseamos.

Lo son especialmente en materia de lucha antiterrorista, gracias a una ejemplar -y cada vez más intensa- colaboración policial y judicial entre Francia y España. Se basa en el convencimiento de que los instrumentos del Estado de Derecho y la cooperación internacional resultan esenciales para hacer frente al terrorismo, que destruye la vida de tantas víctimas y atenta contra la convivencia democrática en libertad.

Mucho nos ha ayudado Francia ante este duro y largo desafío y quiero, por ello, aprovechar esta ocasión para reiteraros en estos días, en nombre del pueblo español y en el mío propio, nuestro más sincero reconocimiento.

Los españoles tampoco olvidamos Vuestra presencia en Madrid después de los terribles atentados que tantas víctimas causaron en marzo de 2004, ni la solidaridad que el pueblo francés nos demostró en aquellos trágicos días.

En los últimos años, también hemos asistido a un notable reforzamiento de nuestras relaciones económicas, industriales y comerciales.

Francia es, desde hace varias décadas, el primer socio comercial de España que, a su vez, ha pasado recientemente a ser el tercer cliente y el cuarto proveedor de Francia.

Se han incrementado, asimismo, de forma notable las inversiones. Participamos juntos en grandes proyectos europeos como AIRBUS, GALILEO o ARIANNE, cuyos nombres evocan los éxitos que, siempre que unimos nuestras fuerzas, podemos alcanzar.

Por ello, vemos con enorme interés Vuestra idea de crear un amplio polo de competitividad en torno a la ciudad de Toulouse, que visitaremos pasado mañana.

Una iniciativa que, junto a otros proyectos también iniciados en los distritos industriales españoles, deberá servirnos para emprender conjuntamente nuevas inversiones en I+D+i, imprescindibles para asegurar el crecimiento y la competitividad de nuestras economías. Por otro lado, el conjunto de nuestras relaciones se verá muy favorecido por la línea de Alta Velocidad que pronto unirá a nuestros dos países.

Confiamos en poder contar con vuestra colaboración para continuar avanzando en el urgente desarrollo de las infraestructuras de transporte, imprescindibles para asegurar -en beneficio mutuo- la debida fluidez en la circulación de bienes, servicios y personas a través de los Pirineos, así como la ampliación de las interconexiones de gas y de electricidad.

Francia y España compartimos el amor por nuestras culturas y lenguas respectivas, como importantes vectores de identidad, proyección y entendimiento a escala internacional. Estamos unidos en la defensa de la riqueza y diversidad cultural.

La última Cumbre bilateral en París acordó la creación de un Foro de Diálogo cívico-social que, sin duda, contribuirá a reforzar la fecunda interrelación entre nuestros empresarios, intelectuales y demás personalidades del mundo de la cultura.

Una interrelación secular e intensa, mutuamente enriquecedora, que en el pasado se nutrió principalmente de la emigración y del exilio andndash;contribuyendo al desarrollo e, incluso, a la defensa de Francia-, y que hoy ha adquirido una nueva dimensión como corresponde a dos sociedades democráticas, modernas y abiertas.

Al dirigirme a la Asamblea Nacional en octubre de 1993, subrayé que la relación entre nuestros dos Estados se basa en una alianza necesaria y fructífera que, con esta Visita de Estado, deseamos intensificar.

Con ese espíritu, pido a todos los presentes que levanten su copa conmigo para brindar por Vuestra ventura personal, por la de Vuestra esposa, y por la amistad entre Francia y España.

 

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