Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Activities and Agenda
  • Listen it
  • Imprimir la página
  • Send to a friend
  • Suscribe to RSS
  • Share it on Facebook
  • Share it on Twitter
  • Share it on Linkedin
  • Share it on Google+

Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del III Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo

Valencia, 13.02.2006

Q

uiero que las primeras palabras que os dirija hoy sean para expresar, en nombre de la Princesa y en el mío propio, nuestro saludo y bienvenida llenos de afecto y simpatía a todas las víctimas del terrorismo -tanto españolas como procedentes de otros países- que os encontráis en esta acogedora ciudad de Valencia. Se abren unas jornadas de convivencia, y también de reflexión y análisis, en el marco de este Tercer Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo que hoy inauguramos.

Dirigimos nuestra felicitación a la Comunidad Autónoma Valenciana y a la ciudad de Valencia por su generosidad al ofrecerse como anfitriones de este Congreso, y por hacerlo con su tradicional hospitalidad reforzada por el cariño de todos. Agradecemos muy sinceramente a todos los que participan en su organización la invitación que nos han cursado para presidir este acto.

Como recordareis, ya tuve la oportunidad, para mi inolvidable, de poder acompañaros hace dos años en el acto inaugural del Primer Congreso Internacional celebrado en Madrid. También he querido estar hoy aquí -esta vez junto con la Princesa-, para reiterar nuestra condena más firme y nuestra profunda repulsa al terrorismo; para compartir nuevamente con vosotros este momento tan lleno de emoción, y para dedicaros a vosotros, a todas las víctimas del terrorismo y a sus familias, nuestro sincero homenaje cargado de solidaridad y de compromiso permanentes.

A las pocas semanas del Primer Congreso, vivimos en España aquel feroz ataque de la barbarie terrorista  que,  el 11 de Marzo de 2004, segó tan salvajemente la vida en Madrid a 192 personas, dejando tras de sí cientos de heridos y sumiendo a España en una profunda conmoción y un lacerante dolor. Desde entonces hemos acompañado en su honda aflicción a ciudades como Londres o El Cairo, entre otras, donde el terrorismo también dejó la huella de su crueldad sin límites. El terrorismo sigue siendo en todo el mundo una gran amenaza, el delirante y principal enemigo de los derechos, valores y principios fundamentales de todos los hombres y mujeres de bien: la vida y la libertad, la paz y la dignidad. Y lo es sin importar el motivo, excusa, ideario o bandera, que lo impulse. Sencillamente porque ninguna causa lo legitima.

Las víctimas representáis el alegato más elocuente contra el fenómeno terrorista, siempre perverso e inhumano, y siempre injustificable. Todas las víctimas del terrorismo, todos vosotros sin distinción, tenéis en común el infortunio de haber sido golpeados, de forma tan innecesaria como irracional, por la aberración más cobarde en que puede caer el ser humano. El conjunto de la sociedad os debe su respaldo permanente, su afecto y comprensión, y todo su respeto. Esos sentimientos son precisamente los que hoy, una vez más y sin cansarnos nunca de hacerlo, queremos transmitiros con estas palabras.

Frente a ese enemigo común, fanático y desalmado que representa el terrorismo, cuyo rostro si le queda algo de humano se desdibuja por el odio; frente a sus atrocidades, amenazas, coartadas o extorsiones, hemos de mantenernos firmes. Sólo desde la fortaleza de nuestras convicciones democráticas, desde la certeza moral que nos asiste, y contando con todos los instrumentos del Estado de Derecho y una reforzada cooperación internacional, podremos combatirlo con eficacia, y lograr que ese dolor -tan injustamente causado por quienes hacen de la violencia su único y absurdo lenguaje- quede definitivamente desterrado de nuestras sociedades. Solo así podremos seguir viviendo adecuadamente nuestro futuro en paz y libertad, bajo la tolerancia y el pluralismo que alimentan la convivencia democrática.

Desde hace muchos años, el terrorismo viene arrebatando vidas, generando despiadadamente cientos, miles de heridos, quebrando sin remedio numerosas familias, sembrando sufrimiento y destrucción en tantos países, pueblos y ciudades. Por desgracia, desde hace décadas, España conoce bien los estragos de muerte y dolor que el terrorismo provoca, y los españoles siempre hemos condenado con firmeza sus aberrantes acciones, reaccionando con rechazo e indignación frente a ellas y a sus objetivos, y ofreciendo digna y generosamente nuestra solidaridad a sus víctimas. Pero hay algo que no ha conseguido y que nunca conseguirá: doblegarnos. No ha minado nuestra fortaleza moral, no ha logrado quebrantar nuestra voluntad de terminar con él,  no ha destruido nuestra fe en que sólo desde la democracia, el respeto al pluralismo, la defensa de la libertad y la convivencia, es posible construir una sociedad justa, en la que no tienen cabida la violencia, y su inútil afán destructivo. En suma, las execrables acciones del terrorismo nunca han podido ni podrán acabar con nuestra confianza en que la democracia, junto a las libertades y derechos que alberga, prevalecerá siempre sobre ellas.

Sois vosotros, las víctimas, y vuestros familiares, quienes de manera más directa hacéis más fuertes a nuestras sociedades frente a la barbarie terrorista. Vuestra dignidad en el dolor, vuestro sacrificado ejemplo y vuestro espíritu inquebrantable, constituyen el espejo en el que todos hemos de mirarnos. Porque, habiendo padecido tanto, nunca habéis respondido con violencia a la violencia, nunca habéis sustituido la esperanza por la desesperación, nunca habéis renunciado a la razón y a la  justicia para acabar con el terrorismo. Vuestro compromiso con la libertad y la justicia, tan ejemplar y tan digno, refuerza su valor cuando tiene su reflejo en el compromiso de toda la sociedad, unida, fuerte, convencida y solidaria.

Deseamos que estas Jornadas sean fructíferas y os aporten a cada uno de vosotros  -a quienes habéis padecido directa o indirectamente el atroz zarpazo del terror-, consuelo, fortaleza y esperanza; que os hagan sentir que no estáis solos, que nuestro corazón está con vosotros. Por ello, permitidme que termine con las mismas palabras que pronuncié hace dos años con motivo de vuestro Primer Congreso: las víctimas del terrorismo no estáis solas, ni en vuestro dolor ni en vuestra esperanza. Estamos y estaremos siempre a vuestro lado.

Permitidme, finalmente, que cumpla con el encargo personal que he recibido de S.M. el Rey de transmitir con ocasión de este Congreso, en su nombre y en el de S.M. la Reina, la expresión de su profundo afecto y solidaridad a todas las víctimas del terrorismo y a sus familias, reiterándoos que siempre podréis contar con el mayor respeto, permanente aliento y constante respaldo de la Corona.

Declaro inaugurado el Tercer Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo.

Back to Speeches
  • Listen it
  • Imprimir la página
  • Send to a friend
  • Suscribe to RSS
  • Share it on Facebook
  • Share it on Twitter
  • Share it on Linkedin
  • Share it on Google+