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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Apertura del Congreso de la ?Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza?

Barcelona, 05.10.2008

I

t is truly a great pleasure honour to be with all of you here today for the opening of this very important event, the 2008 World Nature Congress. Allow me to extend to you the warmest welcome to Spain and to wish you great success in you work during the next 10 days. Benvinguts a Barceona!

I will now continue in spanish.

Es para mi un verdadero honor estar hoy aquí con todos ustedes para presidir la apertura de este Congreso Mundial de la Naturaleza, pero también en lo personal me llena de satisfacción participar en este foro que congrega a tantos expertos y personalidades para debatir sobre la Naturaleza, el Medio Ambiente y su conservación, y analizar la situación actual de nuestro Planeta y sus ecosistemas. Son temas de enorme importancia para todos y por los que siempre he tenido un gran interés y una gran preocupación.

Gracias, por tanto, a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza por su amable invitación. Gracias también a la ciudad de Barcelona por ofrecer al Congreso y a todos sus participantes su reconocida capacidad organizativa y su hospitalidad cálida y mediterránea tan propia de esta Cataluña abierta que les recibe. Y permítanme que con gran placer les dirija a todos ustedes la más cordial bienvenida a España.

Es realmente una feliz coincidencia que esta apertura tenga lugar precisamente el día en el que la UICN cumple su 60 Aniversario. De modo que aprovecho este momento para felicitar de corazón a todos los miembros y asociados, con la expresión máxima de mi admiración.

Esta conmemoración nos recuerda el papel protagonista con el que esta primera red medioambiental global, la más grande que existe, ha sabido contribuir desde su origen a la búsqueda de soluciones para los importantes desafíos que afectan al medioambiente y al desarrollo en nuestro mundo de hoy, tan estrechamente interrelacionado. Y permítanme también recordar que este fue el motivo por el que hace ahora 20 años, se le concedió el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia junto a la WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza).

Aunque la UICN nació un 5 de octubre de 1948, muy poco tiempo después del fin de la Segunda Guerra Mundial, sus promotores fueron capaces de alzar la mirada por encima de las dificultades inmediatas de la posguerra para buscar respuestas a las cuestiones que suscitaba la protección del entorno natural en nuestro planeta. Aquellos pioneros supieron anticiparse al porvenir y asumir, ya desde entonces, uno de los mayores retos con los que hoy se enfrenta la Humanidad.

En otras palabras, la visión de futuro y el trabajo, la iniciativa y la perseverancia de esta Unión Internacional han sido y siguen siendo claves para situar la conservación del medio ambiente y el desarrollo sostenible entre las prioridades más altas de los Gobiernos en la inmensa mayoría de los Estados. De ahí, también, que la Asamblea General de las Naciones Unidas le haya otorgado el estatuto de observador.

El Congreso que hoy comienza es una buena prueba del enorme esfuerzo que realiza la UICN. Un esfuerzo inseparable del interés y la actualidad de los temas que aborda, y que están también reflejados en el programa para los próximos diez días. Durante este tiempo miles de profesionales, expertos y responsables de los cinco Continentes, de instituciones y organismos, internacionales y nacionales, públicos y privados, tendrán la oportunidad de comprobar el estado de la cuestión, de analizar críticamente los resultados alcanzados, y de intercambiar ideas; así como de compartir y ensanchar conocimientos. Todo ello, para mejorar la conservación de la naturaleza, de su integridad y diversidad, y para asegurar el uso equitativo y ecológicamente sostenible de los recursos naturales.

Este encuentro ofrece así la oportunidad de establecer consensos y fijar nuevas metas en la carrera contra reloj en la que estamos comprometidos. Pero el reloj no se para y así, el desarrollo económico y humano imparable nos exige con urgencia esforzarnos al máximo para evitar la desaparición de especies y hábitats que son fundamentales para la riqueza, la sostenibilidad y, en definitiva, para el desarrollo futuro de la vida en la Tierra.

Creo que todos compartimos el convencimiento de que no basta con intentar conservar una porción de la naturaleza de un país o de una región; de que tampoco nuestros esfuerzos pueden centrase aisladamente en salvar tal o cual especie. Siguen siendo, desde luego, tareas importantes pero no son suficientes.

La globalización refuerza hoy nuestra interdependencia. En ese marco, la conservación de la naturaleza y su interconexión con cuestiones de enorme alcance, como el cambio climático los modelos de desarrollo económico e industrial o el hambre en el mundo, requieren cada vez más de acciones concertadas a escala internacional. Y la actividad diaria de la UICN nos recuerda en todo momento que esa perspectiva multilateral resulta inexcusable para enfocar correctamente las acciones dirigidas a la protección de la naturaleza.

Al mismo tiempo, vemos cada vez con más claridad que ello requiere trabajar tanto en el plano global como en el local. Una exigencia derivada, por un lado, de la percepción de nuestro Planeta como ecosistema global y, por otro lado, de la complejidad de la biosfera, producto de la interrelación entre sistemas, hábitats y especies.

Como todos sabemos, existen pruebas inequívocas de que la actividad humana está dejando huellas que afectan gravemente a la dinámica global de nuestro entorno. En las últimas décadas se ha acelerado la desaparición de especies y algunas de ellas podrían extinguirse sin que ni siquiera hayamos llegado a conocerlas.

De manera que como en la naturaleza todas las especies son importantes y juegan un papel, aunque ella misma de manera natural hace que aparezcan y desaparezcan en número no despreciable, no podemos permitir o aceptar que, por nuestra acción, consciente o no, directa o indirecta, desaparezcan especies de modo ?y en número- que pueda alterar tanto el funcionamiento de la maquinaria medioambiental y el ritmo de sus ajustes naturales que pongamos en riesgo su equilibrio y, por tanto su supervivencia.

Todos podemos y debemos contribuir a la conservación de nuestro planeta. Como en el relato de Rabindranath Tagore, -donde el protagonista ve premiada su entrega de un diminuto grano de trigo, con el hallazgo en su bolsa de un grano igual, pero de oro-, la Naturaleza, por su parte, también sabe responder siempre a nuestro cuidado recuperando su esplendor, su riqueza y su equilibrio para sustentar el milagro de la vida y permitir un mundo mejor.

Con esta convicción, espero que este Congreso sea un éxito y logre mucha precisión en sus diagnósticos y acierto en sus decisiones. Para ello cuenta con el enorme bagaje de conocimientos, experiencia y entusiasmo que todos ustedes aportan. Les deseo una feliz y fructífera estancia en Barcelona, desde la plena confianza de que sus esfuerzos estos días contribuirán a conservar mejor la Naturaleza para un mundo siempre diverso y sostenible.

Declaro inaugurado el Congreso Mundial de la Naturaleza 2008.

Muchas gracias.

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