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Palabras de Su Majestad el Rey en los actos conmemorativos del Bicentenario del Dos de Mayo de 1808

Móstoles, 02.05.2008

M

ucho agradezco al Señor Alcalde de Móstoles sus amables y afectuosas palabras, así como la preciosa Medalla de Honor de la Ciudad que tanto me honra, y que me acaba de entregar junto a su Corporación Municipal.

Gracias, asimismo, de todo corazón a cuantos mostoleños nos han querido ofrecer su cálida y generosa hospitalidad, la misma que mi abuelo el Rey Alfonso XIII disfrutara junto a su Familia con ocasión de los actos del primer Centenario del Dos de Mayo en esta ciudad.

A todos los mostoleños quiero dedicar, junto a mi Familia, nuestro mayor afecto y admiración en la celebración de un singular hecho histórico, que unió de forma indeleble el nombre de Móstoles a la Historia de España y a la de toda Europa.

Afecto y admiración hacia un gran municipio que ha sabido conservar, realzar y proyectar un merecido protagonismo histórico que sigue alentando el dinamismo de una ciudad moderna, universitaria y en constante transformación.

Esta es una ocasión para el recuerdo emotivo. Nos congregamos en torno a la conmemoración de una jornada emblemática en la moderna Historia de España, que Goya y Galdós supieron plasmar con genial maestría.

Una jornada cuyo protagonista no fue otro que el pueblo español, verdadero titular del ser y del destino de nuestra Nación.

Una jornada, la de aquel Dos de Mayo de 1808, que marcó el inicio de una intensa y heroica gesta de lucha colectiva por la soberanía y la libertad.

Toda una Nación en armas luchando -a lo largo de la geografía española- en torno al derecho inalienable de los españoles a trazar por sí mismos el presente y devenir de España.

De ahí que la conmemoración de esta efeméride deba expresar, ante todo, un solemne homenaje a los caídos en la llamada Guerra de la Independencia.

Homenaje de gratitud al sacrificio de todos los hombres y mujeres, pueblos, ciudades y territorios de España que se levantaron conforme a unos ideales que marcarían, con el tiempo, el tránsito a la sociedad liberal.

El vacío de poder y la invasión de las tropas de Bonaparte, impulsaron a los españoles a manifestarse por primera vez, no como súbditos, sino como integrantes y portavoces de una realidad enraizada en la Historia, y como legítimos poseedores de la soberanía nacional.

Una soberanía nacional que enseguida tuvo sus héroes.

En días de tribulación y de incertidumbre, Andrés Torrejón, aquel humilde y laborioso hijo de esta Villa supo asumir y definir, junto a su colega Simón Hernández y con Juan Pérez Villamil, el significado de aquel levantamiento.

En el breve mensaje dirigido a los pueblos de España y difundido a galope por la geografía nacional, se exhortaba a todos los españoles a armarse para luchar contra los invasores ante las noticias recibidas de lo ocurrido en Madrid.

Gracias a ello, y como nos recuerda Stendhal, ?España ofreció de pronto un espectáculo semejante al de Francia, cuando se llenó de gente que deliberaba sobre los peligros de la patria?.

Hoy, al cabo de dos siglos, aquel episodio representa la encarnación de la dignidad de un pueblo que, como dijo el poeta, ?no podía ser esclavo porque sabía morir?.

Aquella Guerra y sus consecuencias, han sido ya glosadas e interpretadas por muchas plumas ilustres.

En este día, creo importante destacar lo que para el conjunto de España, por encima de distintas y legítimas visiones, supuso el periodo histórico que arranca en el año de 1808.

Un año en el que el pueblo se adelanta a sus instituciones y gobernantes, y refleja una toma de conciencia de la identidad nacional, de la Nación en sentido moderno, basada en las ideas de libertad, unidad, igualdad y solidaridad.

Un año que nos había de conducir hacia la Constitución de 1812, la primera de nuestras constituciones, en cuya redacción participaron los diputados americanos, la primera en proclamar el concepto de Nación, en crear un parlamento moderno y en establecer la libertad de prensa.

Se ha dicho con razón que la Guerra de la Independencia, la Constitución de 1812 y los procesos de la emancipación americana, reflejan los componentes esenciales de un mismo y extenso ciclo histórico a ambos lados del Atlántico.

Revolución liberal y procesos de independencia iberoamericana compartieron, en efecto, ideales y conceptos políticos semejantes: soberanía nacional, derechos y libertades individuales, separación de poderes, y nueva articulación constitucional del Estado.

Entre 2008 y 2012 se cumplirán, en suma, dos siglos de un periodo histórico que marcó al mundo hispánico en su conjunto, y que contribuyó decisivamente a configurar los perfiles de la nueva América y de la España moderna y constitucional.

Ese es el sentido último de los distintos Bicentenarios que, con múltiples actividades culturales, hemos comenzado a celebrar.

Bicentenarios que deben ser, por ello, una ocasión para resaltar los valores que entonces nacieron como expresión popular y espontánea, de sentimientos colectivos y solidarios.

Valores en torno a los ideales de libertad, soberanía y Nación, que también compartimos como integrantes de la Comunidad Iberoamericana.

De la trascendencia que, en la conformación de nuestra moderna identidad nacional, tiene el ?Dos de Mayo? es buen reflejo el imponente monumento que hoy, junto al nuevo Centro de Arte Contemporáneo, inauguramos en esta querida ciudad de Móstoles.

Esta jornada de recuerdo y homenaje, que cobra hoy una nueva dimensión en el espacio europeo de paz, integración y solidaridad al que pertenecemos, nos permite asimismo constatar con orgullo la realidad de la España de hoy que juntos hemos construido.

Una España moderna, libre, democrática, unida, plural y diversa, basada en los conceptos de justicia, igualdad y solidaridad, que asegura nuestra preciada Constitución.

Muchas gracias de nuevo a Móstoles, a su Alcalde, a su Corporación Municipal y a todos sus habitantes, por el esfuerzo volcado para realzar esta jornada conmemorativa y por el afecto que hoy nos habéis querido dispensar.

Muchas gracias.

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