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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias al recibir, en unión de Su Alteza Real la Princesa de Asturias, la Medalla de Oro de la Comunidad Autónoma de Madrid

Madrid, 13.09.2007

L

a Princesa y yo agradecemos con particular emoción a la Comunidad de Madrid y a su Presidenta el alto honor que supone la concesión de esta Medalla de Oro con la que ha querido distinguirnos su Consejo de Gobierno. Un gesto, acompañado generosamente, Señora Presidenta, por las amables y cálidas palabras que ha tenido a bien dedicarnos. Unas palabras cargadas de profundos sentimientos de lealtad y confianza hacia la Corona que nos llegan al corazón, al tiempo que nos estimulan a redoblar nuestra entrega diaria al servicio de España.

Nuestra gratitud se extiende a todos los ciudadanos de esta Comunidad y, muy en particular, a cuantos han querido acompañarnos en este Acto, representantes de las Instituciones autonómicas y municipales, de los partidos políticos, de los empresarios y sindicatos, de los distintos servicios de la Comunidad, del mundo de la Universidad, de la Ciencia, las Artes, la Cultura y el Deporte, así como de diversas organizaciones de la sociedad civil.

A todos os queremos decir gracias de corazón. Y lo hacemos cargados de un sentimiento sincero y profundo de simpatía hacia los Madrileños.

La Princesa y yo somos particularmente sensibles al afecto que nos demuestra la Comunidad de Madrid con esta distinción, que refuerza, más aún si cabe, nuestro cariño y admiración hacia esta Comunidad Autónoma y a sus gentes, así como nuestra voluntad de respaldar sus avances y sus anhelos. Todo ello, dentro del firme compromiso que tengo asumido como Heredero de la Corona de dedicar mi vida al servicio de nuestra gran Nación, al servicio de todos los españoles, en el marco de convivencia en democracia y libertad que sustenta nuestra Constitución. Un empeño para el que tengo la fortuna de contar con el firme y constante apoyo de la Princesa y de toda mi familia.

Concebimos esta Medalla de Oro como una distinción que trasciende a nuestras personas y que supone, al mismo tiempo, una valiosa muestra de estima y reconocimiento a la Monarquía parlamentaria, encarnada por S.M. el Rey, como Institución que ha impulsado el más largo e intenso periodo de progreso y estabilidad en democracia y libertad en nuestro País, y cuya vocación hoy y siempre será seguir construyendo, todos juntos, una España aún más próspera, aún más generosa y con aún mayor solidez y estabilidad.

La Comunidad de Madrid representa para la Princesa y para mí un referente esencial en nuestras vidas. En mi caso, desde el nacimiento y, en el de ambos, como soporte del núcleo esencial de nuestra respectivas formaciones académicas y de nuestra maduración personal.

En esta Comunidad celebramos nuestra boda, en ella han nacido nuestras hijas, las Infantas Leonor y Sofía, en ella vivimos y desde ella volcamos nuestro trabajo e ilusión sobre el conjunto de España. En este sentido, ocupa un lugar particularmente querido y entrañable en nuestros recuerdos el almuerzo oficial que la Señora Presidenta de la Comunidad de Madrid y los miembros de su Gobierno quisieron ofrecernos poco antes de nuestro enlace.

Son, por lo tanto, muchos los años de intensos lazos de afecto y estrecha relación con esta Comunidad Autónoma con cuyas autoridades he podido mantener un contacto continuo, siempre fecundo y lleno de interés, siguiendo de cerca, tanto los progresos cosechados como las principales preocupaciones que afectan a sus habitantes. También hemos volcado nuestra voluntad de cercanía y solidaridad en terribles momentos de dolor padecidos por esta Comunidad, en los que la inaceptable y criminal brutalidad del terrorismo ha segado tantas vidas y producido tanto dolor.

Recuerdo, muy especialmente, la inolvidable Visita Oficial que tuve la oportunidad de realizar a esta Comunidad en 2001, así como las sucesivas visitas que la Princesa y yo tuvimos la alegría de cursar el año pasado a los Municipios de Alcalá de Henares, Leganés, Móstoles y Fuenlabrada.

A lo largo de éstos y de tantos otros encuentros con las sucesivas autoridades autonómicas y municipales de la Comunidad, siempre he podido constatar una clara ilusión y un esfuerzo decidido por trabajar con ahínco en beneficio de esta tierra y, con ella, de toda España, contando con la labor de los partidos políticos, de las empresas y las organizaciones sociales, y también del vital fenómeno asociativo que caracteriza a nuestra sociedad.

Hoy, al recibir la Medalla de Oro, que nos entregáis en esta Real Casa de Correos erigida por el Rey Carlos III, puedo afirmar con certeza que la Comunidad Autónoma de Madrid posee una personalidad bien dibujada, dotada de un admirable dinamismo y de una creciente apuesta por abrirse al exterior. Todo ello, producto del empuje de una población moderna, llena de energía y solidaria, que mira al futuro con optimismo al tiempo que alienta la defensa de grandes valores, y que ha sabido promover su espíritu noble y hospitalario.

Una población, crisol de las distintas tierras de España, que acoge - como parte de ella misma - a cuantos compatriotas llegan de otras Comunidades Autónomas y a muchos ciudadanos que, procedentes de tantos otros países, han querido establecer en ella su residencia. El carácter abierto e integrador, así como el espíritu de emulación y competencia de los madrileños, se configuran como acicate de vuestra constante voluntad de superación.

Precisamente, el enorme progreso social y económico logrado por la Comunidad de Madrid desde que se instituyó como tal en 1983, se fundamenta, sin duda, en la constante promoción de su capital humano, uno de los más valiosos activos de que dispone la España de hoy. Una promoción que habéis sabido encauzar contando con el concurso de una activa responsabilidad social y de un tejido empresarial y social muy pujante.

A lo largo de los últimos veinticuatro años, esta Comunidad se ha convertido en uno de los grandes motores de la economía española. Su alta renta por habitante deriva de un fuerte crecimiento que le permite asegurar una aportación destacada al Producto Interior Bruto nacional. Esa vitalidad económica se corresponde, además, con un alto nivel de empleo.

Todo ello ha sido posible gracias a la iniciativa de sus ciudadanos, evidenciada en la capacidad de renovación e innovación tecnológica de un gran conjunto de empresas, entre las que destacan las PYMES. Una iniciativa estimulada por las políticas autonómicas y municipales, con importantes proyectos que coadyuvan al progreso y bienestar de sus habitantes.

Señoras y Señores,

Como Heredero de la Corona, que quiere reafirmaros hoy su profunda ilusión y firme determinación de entrega al servicio de todos los españoles, animo a todos los ciudadanos de la Comunidad de Madrid a seguir volcando lo mejor de si mismos para contribuir al progreso y bienestar de esta Comunidad Autónoma y de España entera. Un afán para el que contáis con el compromiso de mi contínuo y pleno estímulo, junto al de mi familia.

Señora Presidenta, de nuevo: Gracias por esta Medalla de Oro de la Comunidad, por la hospitalidad con que habéis querido recibirnos en este día inolvidable, y por habernos querido acompañar en este Acto. Muy especialmente os agradecemos a todos el sincero cariño con el que nos habéis acogido a la Princesa y a mí entre vosotros.

Muchas gracias.

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