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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina en el Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

Barcelona, 08.05.2007

M

e cabe la alegría de poder presidir este año en Barcelona la celebración del Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que en todo el mundo se conmemora hoy 8 de mayo, día del aniversario del nacimiento de Henry Dunant.

Tengo también la satisfacción de transmitir mi más cordial felicitación a las personas e Instituciones distinguidas con la Medalla de Oro de la Cruz Roja Española, que reconoce y premia su compromiso con los altos ideales que promueve esta Organización.

La labor de las personas e Instituciones galardonadas ejemplifica: la naturaleza humanitaria, la universalidad y el régimen de voluntariado de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, así como su independencia, neutralidad e imparcialidad, bien demostradas a lo largo de su ya larga historia.

Estos son los fundamentos sobre los que la Cruz Roja y la Media Luna Roja, prestan un múltiple y diversificado servicio en favor de la dignidad de la persona y de la paz.

Con gran coraje, no exento de razón, trabajan por ayudar a esa enorme porción de la Humanidad que soporta las más importantes carencias y las más severas adversidades.

Así, han nacido y se han desarrollado innumerables actividades en todo el mundo, que alcanzan desde la atención a los heridos en conflictos bélicos, a la asistencia a los damnificados por crisis naturales de graves proporciones o a la lucha contra las epidemias y enfermedades endémicas.

Esta reconocida Organización universal, manifiesta una enorme determinación por tener un riguroso conocimiento de los problemas y por estar próxima a quienes los padecen, que es la auténtica clave para progresar en la corrección de las grandes desigualdades a escala planetaria. Por ello hoy vuelve a reiterar, una vez más, en el lema de este Día Mundial su propósito de estar ?cada vez más cerca de las personas?.

Asume valores, principios, y objetivos permanentes, que no sólo fundamentan su necesaria y benéfica labor, sino que atraen a millones de voluntarios, de todas las razas y condiciones. De ahí la importancia de poder sumar el tesón de todos cuantos perseveran en proteger la vida y la dignidad de hombres y mujeres, en un mundo en el que la paz y el progreso deben ser objetivos compartidos.

Sin duda, en esta tarea de enorme envergadura los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja contribuyen, de manera muy eficaz, a superar los desequilibrios que ocasionan los conflictos armados, los efectos de las catástrofes y la extensión de algunas enfermedades, en particular para quienes se hayan sumidos en la pobreza.

España trabaja con la Cruz Roja desde su fundación. Ya en 1863, una representación española asistió a la Primera Conferencia Internacional de la Organización.

Se iniciaba así una trayectoria en la que, durante estos ciento cuarenta y cuatro años, se ha ganado el merecido prestigio con que cuenta en nuestro país, gracias a su labor en ámbitos tan diversos como el sanitario, la intervención social a favor de los colectivos más vulnerables, la cooperación con los países en vías de desarrollo o el no menos importante del socorro en carretera y en el mar.

Nuestra sociedad reconoce el mérito de la labor y la asistencia que Cruz Roja Española realiza, sin discriminación por razones de raza, religión, condición, sexo u opinión.

Valora, además, en sus hombres y mujeres el calor de su humanidad, la generosidad de su esfuerzo y el tesón de su trabajo.

Precisamente, esa cercanía a las personas constituye la principal fuente de experiencia de tantas organizaciones que, como la Cruz Roja, se implican en transformar la realidad, en aras de la equidad.

Hoy, en nuestro mundo globalizado, son muchos los españoles que han asumido desde la Cruz Roja, la responsabilidad de construir esa alianza mundial para el desarrollo, propuesta por la Organización de las Naciones Unidas, para alcanzar los objetivos del milenio, en torno a la salud, la educación y el medio ambiente.

Una meta que a todos nos atañe, cualquiera que sea nuestra situación o nuestra dedicación.

En este 8 de mayo, reitero mi enhorabuena a todos los galardonados. Son paradigma de ese compromiso ético activo, que hace sitio a la esperanza en un futuro compartido de paz y prosperidad. Reciban nuestra gratitud por su ejemplo.

Animo también a todos, a compartir con su voluntariado, valores y principios de humanidad, tolerancia y concordia.

Muchas gracias.

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