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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración XXVII Asamblea General de la Asociación Iberoamericana de Cámaras de Comercio y la XX Conferencia Interamericana de Arbitraje

Madrid, 09.10.2000

U

na vez más nos reunimos los iberoamericanos, para tratar juntos temas de interés común. Sean, pues, mis primeras palabras de saludo y bienvenida a cuantos van a participar en la Asamblea y Conferencia que hoy inauguramos. Estoy seguro de que todos queremos que ambas expresen e impulsen la fructífera realidad de nuestra mutua cooperación.

Cooperar es convivir y compartir, no simplemente coexistir. Y es mucho lo que compartimos. Ante todo, la lengua y nuestras tradiciones culturales, con las que materializamos un conjunto de criterios y valores comunes, como el respeto que nos merece la dignidad de la persona y el sentido de la justicia (entre otros).

Con ellas buscamos definir hoy nuevas metas y proponernos nuevos objetivos. Y para conseguirlos debemos actualizar esta sustancia, verdaderamente medular, de nuestro modo de ser, de pensar y de sentir, para revalorizar su contenido y sus enormes posibilidades, formulándola en términos acordes con la racionalidad económica y el progreso social, acordes también con nuestras ambiciones como representantes o miembros de ?una comunidad? que debe pesar más, influir más en como evoluciona esta sociedad globalizada de la que tanto hablamos. Tenemos mucho que aportar al Mundo y debemos ser más eficaces en hacernos oír.

¿Cuál es, entonces, el sentido que debemos dar a nuestra cooperación empresarial? Es evidente que no podemos reducirla al nivel puramente material y de negocio, evidentemente necesario. Debe ir más allá, y vincularse al desarrollo de nuestras estructuras, en este caso comerciales, de nuestra competitividad y capacidad exportadora en mercados distintos y mas amplios. Y en definitiva el desarrollo integral de nuestras sociedades

Cada uno con su nombre y personalidad propias, con visiones y matices distintos, y a la vez complementarios, en los que podemos reconocer los lazos que nos unen como miembros de la comunidad iberoamericana de naciones, en la que todos tenemos un puesto y nadie puede sentirse ajeno.

Esta perspectiva incluye, tiene que incluir, una clara conciencia de que el camino al porvenir circula por las coordenadas de la internacionalización, la investigación y desarrollo, y por el manejo adecuado de las nuevas tecnologías. Tenemos que explorar, con decisión y realismo, las oportunidades concretas que se nos presentan en estos campos, colmar lagunas y retrasos, aprender de la experiencia de quienes nos han precedido en este camino, y concretar objetivos próximos y rentables.

Los grandes propósitos empiezan por pasos pequeños y requieren un trabajo incesante. Afianzar lo que ya hemos logrado e iniciar una nueva etapa es en este momento nuestra tarea, en la que merece la pena empeñarse, pues se trata, nada menos, de que el continente latinoamericano siga avanzando en el itinerario de la modernización, y no quede encorsetado en el ámbito sin salida de la dependencia.

España, Señoras y Señores, quiere seguir siendo y actuando como interlocutor privilegiado de este encuentro necesario.

Ningún camino es tan adecuado para abordarlo como el del comercio, estrechamente vinculado desde antiguo al desarrollo de la civilización, y al establecimiento de relaciones provechosas, por flexibles, entre áreas y pueblos diferentes de nuestro planeta.

La Asociación de Cámaras de Comercio Iberoamericanas tiene, por derecho propio, un papel relevante en los procesos que acabo de reseñar. Tanto por su antigüedad y el número y calidad de sus miembros, como cuanto por su experiencia en diversos campos de la economía y como espacio que refrenda antiguas vocaciones empresariales y madura las nuevas.

Le corresponde, por tanto, protagonizar, y modular conforme a las actuales circunstancias, la realización de los objetivos para los que se fundó: el estudio y fomento del libre comercio y el progreso de las empresas y de sus organismos y actividades camerales.

Ejemplo, y aun anticipación, de este talante es la importancia que sus miembros otorgan al arbitraje como vía de resolución de conflictos comerciales. Un medio singularmente apropiado a la fisonomía e incidencias del tráfico de mercancías y servicios, y que visualiza además una apuesta por la siempre deseable conciliación de intereses y posiciones divergentes.

Durante las sesiones que ahora comienzan van ustedes a analizar cuál es nuestra situación en un horizonte de cambios, y a dialogar sobre las aportaciones que contribuyan a enriquecer y garantizar el tejido de nuestra colaboración y la influencia que en la misma ejercen sus actores principales, tanto públicos como privados.

Felicito a los organizadores de estos encuentros, y animo a cuantos van a participar en ellos a abrir nuevas y más amplias vías a nuestras mutuas y cordiales relaciones.

Nada más, Señoras y Señores. Y ahora me cabe el alto honor de declarar inauguradas la vigésimo séptima Asamblea de la Asociación Iberoamericana de Cámaras de Comercio y la vigésima Conferencia Interamericana de Arbitraje Comercial.

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