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Palabras de S.M. la Reina con ocasión de la celebración del "Día Meteorológico Mundial 1998"

Palma de Mallorca, 23.03.1998

Al clausurar este solemne acto, quiero expresar mi satisfacción personal por estar presente en la celebración que conmemora la creación de la Organización Meteorológica Mundial, hace hoy justamente cuarenta y ocho años.

El interés de la humanidad por el tiempo atmosférico es tan antiguo como la misma existencia del hombre. La influencia de las condiciones climáticas sobre las formas de vida ha sido desde siempre decisiva, y ha condicionado las actividades humanas a lo largo de la historia.

Por referirnos sólo a nuestro entorno más próximo, podemos decir que gracias al benigno clima mediterráneo de nuestras zonas costeras, España ha llegado a ser un auténtico crisol de razas y culturas diferentes, de lo que es fiel exponente el archipiélago balear, que acoge cada año, gracias a sus favorables condiciones ambientales, a millones de personas deseosas de profundizar en nuestra forma de ser y en nuestras costumbres.

Tiene la meteorología algo sumamente atractivo y unificador, que es su carácter universal.

Los medios de comunicación han popularizado entre nosotros conceptos como "El cambio climático", "El deterioro de la capa de ozono", "El efecto invernadero", y el más reciente de todos, "El fenómeno El Niño". En definitiva, una ciencia que era de dominio exclusivo de los técnicos se ha afianzado en los conocimientos populares, dada su gran importancia y lo mucho que nos afecta en la vida cotidiana.

Tiene la meteorología algo sumamente atractivo y unificador, que es su carácter universal. La atmosfera terrestre, por su propia naturaleza y su dinámica siempre cambiante no reconoce fronteras físicas, y menos aún políticas o administrativas. Es patrimonio de toda la humanidad y constituye un magnífico lazo de unión entre pueblos y países diferentes.

Su complejidad obliga a coordinar los esfuerzos de todos los científicos y técnicos que trabajan en este campo, para así mejorar los análisis y las predicciones de los fenómenos atmosféricos, que pueden afectar a naciones muy diferentes alejadas unas de otras miles de kilómetros. En este sector de la Ciencia se impone, afortunadamente, la solidaridad, expresada en su forma más práctica y utilitaria, como adecuado reflejo del libre intercambio de información entre países.

Con la celebración del Día Meteorológico Mundial queremos recordar, también, a los precursores de una Ciencia apasionante, y rendimos homenaje a sus continuadores y a los profesionales que de ella se valen para prestar un servicio social de gran utilidad.

A cada uno de ellos, en nombre del pueblo español y en el mío propio, les doy las gracias más expresivas y les animo a perseverar en su trabajo, con el deseo de que el progreso científico pueda atender cada vez con mayor efectividad el creciente interés de la sociedad por la meteorología, y sea capaz de ponerla en todo momento al servicio de las necesidades del hombre.

Muchas gracias.

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