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Palabras de S.M. el Rey en la entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2016

Catedral de Cuenca , 13.09.2017

Nos reúne esta mañana en Cuenca la entrega de los Premios Nacionales de Cultura. Sin embargo, permítanme que comience mis palabras haciendo referencia a la situación que estamos viviendo en Cataluña.

Cultura, como sabemos, significa muchas veces: creatividad e imaginación; significa historia y arte; literatura y lenguas; tradiciones e innovación. Pero para poder expresarse plenamente la cultura necesita la libertad. Una libertad que costó mucho a los españoles conseguir −ustedes lo saben bien− y que hizo posible nuestro anhelo común de convivir en democracia. Una convivencia democrática que fue el fruto de un deseo profundo, intenso y sentido por cada uno de los españoles. Y una aspiración alcanzada después de muchos sacrificios y esfuerzos y gracias al compromiso y la generosidad de todos. Un gran triunfo colectivo que es irrenunciable.

Y esa convivencia, en una democracia constitucional como la nuestra, solo es posible si las leyes que la regulan y organizan son atendidas y cumplidas por los ciudadanos y por las instituciones; si los derechos y libertades de los ciudadanos son tutelados y respetados por los poderes públicos.

Por eso, ante quienes se sitúan fuera de la legalidad constitucional y estatutaria y fracturan la sociedad, estoy seguro de que los derechos que pertenecen a todos los españoles serán preservados; de que las libertades de todos los ciudadanos serán garantizadas y protegidas; y de que, como ya he tenido ocasión de afirmar, la Constitución prevalecerá sobre cualquier quiebra de esa convivencia en democracia que es, ha sido y será base de nuestra vida en común en libertad, fundamento de nuestro progreso y pilar esencial de nuestra pertenencia a la Unión Europea.

Señoras y Señores,
Un año más, la Reina y yo, al presidir esta ceremonia y tener el honor −que también es un gran placer− de entregar los Premios Nacionales de Cultura, nos sentimos orgullosos y privilegiados de estar en compañía de tantos hombres y mujeres de talento, de la ilustre representación de la cultura española que se congrega hoy en esta Catedral; que además de templo alzado para la fe cristiana, es también un símbolo de la riqueza de nuestro patrimonio histórico y artístico. Un patrimonio que en la ciudad de Cuenca alcanza las más altas cotas, como lo demuestra el hecho de que fuera declarada, ya hace más de veinte años, Patrimonio de la Humanidad.

Con estos galardones que otorga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, los españoles rendimos tributo al talento, pero también al esfuerzo concreto de un notable conjunto de creadores que canalizáis vuestro arte, vuestra pasión y conocimiento, a través de más de 25 disciplinas. El compendio de sabidurías que aglutina esta gran variedad de manifestaciones artísticas es una buena muestra de la naturaleza diversa y sobresaliente que siempre ha caracterizado a la cultura española.

El legado cultural y artístico de una Nación se vuelve más rico y fecundo cuando, a partir de su diversidad, asoma con fuerza la excelencia creativa. Lo que vemos en vuestras obras es la confirmación y la continuidad de esa singular característica del genio creador del pueblo español; un pueblo que durante siglos ha podido exhibir ante el mundo el talento y la genialidad de sus artistas en materias tan diferentes como la pintura, la literatura, la música, o las artes escénicas. Materias que, siendo muy distintas, coinciden en lo que es esencial en el hecho artístico: la capacidad de convertir la creatividad en expresiones concretas de belleza que deleitan, que inspiran y que enorgullecen a los que las conocen y admiran.

Y a todo ello hay que añadir el hecho de que el valor intangible de vuestro esfuerzo intelectual y creativo constituye al mismo tiempo una fuente de riqueza que es también económica, tangible −no solo artística−, que amplifica las oportunidades de crecimiento y de empleo de nuestro país al promover una industria cultural de vanguardia que es auténtica referencia en todas las latitudes.

Cultura, como sabemos, significa muchas veces: creatividad e imaginación; significa historia y arte; literatura y lenguas; tradiciones e innovación. Pero para poder expresarse plenamente la cultura necesita la libertad. Una libertad que costó mucho a los españoles conseguir −ustedes lo saben bien− y que hizo posible nuestro anhelo común de convivir en democracia. Una convivencia democrática que fue el fruto de un deseo profundo, intenso y sentido por cada uno de los españoles. Y una aspiración alcanzada después de muchos sacrificios y esfuerzos y gracias al compromiso y la generosidad de todos. Un gran triunfo colectivo que es irrenunciable

De algún modo, los artistas sois guardianes de la belleza creativa y punta de lanza de una excelencia singular que contribuye a educar la sensibilidad de los ciudadanos y a forjar los mejores principios. Estos aspectos representan valores que tenemos el derecho, el orgullo y la obligación de conservar y de trasladar a las generaciones venideras. Vuestra obra es igualmente reflejo honesto de unos sentimientos y de un tiempo concreto en la historia de España que contribuyen a conformar la imagen rica y diversa de lo que hoy somos y vivimos, la imagen de nuestra identidad y de nuestro lugar en el mundo.

Y para cumplir con esta responsabilidad ─a la que también contribuye cada ciudadano español desde su esfera particular─, sabemos que no es suficiente la genialidad, innata y también cultivada, sino que es necesario igualmente dedicar enormes esfuerzos para alcanzar la mayor calidad en vuestras obras, como vosotros bien habéis hecho. Con su habitual elocuencia, lo explicaba así uno de nuestros grandes pintores, Pablo Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Vosotros estáis aquí porque cuando os llegó el soplo de inspiración, se encontró con vuestras manos dispuestas a modelar las mejores obras.

También sois por esto un modelo para la sociedad. Disfrutamos al contemplar, escuchar, leer o sentir vuestras obras ─es cierto─, pero también aprendemos de vuestro trabajo. Nos asombramos con vuestro ingenio; pero igualmente, al conocer vuestro sacrificio y sabedores de que el proceso creativo estaría incompleto sin estas dos caras de la moneda del duro oficio artístico, sentimos una profunda admiración y agradecemos vuestro ejemplo.

El resultado de esa constancia ─vuestras obras─ supone una contribución de gran valor para la cohesión y la unidad de nuestra sociedad. Y, en este contexto, no cabe duda de que la cultura, cuando se manifiesta en libertad y con honestidad, actúa como un poderoso aglutinador de nuestra identidad.

Los españoles, pues, nos reconocemos en el patrimonio cultural que poseemos y compartimos, y que con vuestro trabajo estáis ayudando a enriquecer y ampliar. Porque en la cultura, en el arte, en la belleza, en la sabiduría y en el talento debemos reconocer lo que nos une. Todos estos son valores intangibles universales que aportan enormes beneficios a nuestra sociedad, que nos hacen mejores y que nos hacen también ser más felices.

Decía Don Miguel de Unamuno que “Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe. Sólo la cultura da libertad”. Por eso, los méritos por los que hoy os distingue la sociedad española son también los de vuestra capacidad para generar valiosos debates intelectuales, para innovar, para formar espíritus críticos, para contribuir con vuestra fuerza creadora a hacernos más libres.

Así, al enseñarnos a mirar con los ojos de la cultura, nos ayudáis a descubrir un mundo mejor, a ser un país mejor y a tener una vida mejor. Vuestro trabajo contribuye al bienestar íntimo de personas de dentro y de fuera de nuestras fronteras; vuestro genio da luz y color a las vidas de mucha gente que os admira.

Por todo lo anterior, y en nombre de todos, quiero agradeceros la respuesta comprometida que estáis dando a vuestra vocación artística en vuestro empeño por buscar la excelencia. Los pensadores, los escritores, los bailarines, los pintores, los fotógrafos, los diseñadores, los músicos, los toreros, los dibujantes, los actores, y todos y cada uno de vosotros que recibís hoy estos Premios Nacionales, sois una parte esencial del orgullo, la confianza y la fortaleza de España.

Que estos galardones sean también “otro” punto de partida en vuestra dedicación, para que no cejéis nunca en el empeño por llegar aún más lejos; por seguir conquistando los corazones y las mentes de quienes os admiran; por seguir sosteniendo en lo más alto la bandera del patrimonio artístico y cultural que atesoramos y compartimos todos los españoles.

Enhorabuena y muchas gracias.

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