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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Junta General del Principado de Asturias

Oviedo, 23.10.1995

A

​l encontrarme en esta Casa, que acoge a la institución que expresa la voluntad y la más honda historia del Principado, al hallarme ante quienes lo representan, quiero que mis primeras palabras sean de agradecimiento por la invitación que se me ha hecho para estar aquí, al tiempo que envío al pueblo asturiano un mensaje de cariño y de compromiso con sus aspiraciones, sus esperanzas y sueños.

Me alegra saber que al trabajo propio del Parlamento asturiano se sumen iniciativas como la del ciclo de conferencias sobre Derecho Parlamentario que vais a iniciar y en el que a un mayor conocimiento de la ciencia jurídica se unirá también un mayor acercamiento de los ciudadanos a esta Junta General.

Un gran asturiano, don José Caveda y Nava, definió a la Junta General del Principado como baluarte de las franquezas y libertades y como monumento histórico de las acciones de nuestros antepasados. La Junta General hunde sus raíces en la tradición de Asturias y de España y, en medio de los avatares y los incesantes cambios que sufre el mundo, viene conservando la personalidad propia del pueblo asturiano, su voluntad de tener una voz singular y unos poderes autónomos dentro de la nación española de la que se considera, con razón, origen y ejemplo de lealtad.

Desde hace varias décadas, el Principado viene atravesando momentos difíciles. Las profundas transformaciones operadas en su economía provocan con frecuencia desánimo, pesimismo y sufrimiento en muchas familias. Sectores industriales que en tiempos no lejanos fueron pujantes han entrado en crisis, mientras que otros que son más dinámicos tienen dificultades para crecer. No se ve una solución fácil para el grave problema del desempleo, siendo, en consecuencia, escasas las oportunidades para las nuevas generaciones.

Ante esta realidad se hacen imprescindibles las más generosas dosis de trabajo, imaginación y esfuerzo solidario. En épocas de crisis el desaliento es la tentación más fuerte y también el mayor peligro. Recuperar la esperanza colectiva, marcar metas comunes y remover los obstáculos que dificultan la solución de los conflictos, son algunas de las más nobles y eficaces tareas que la Junta General del Principado podría, con plena competencia y sentido de la historia, abordar. Yo os invito a que lo hagáis por el bien del pueblo asturiano, con serenidad y prudencia, pero también con valor y decidida energía.

Tengo plena confianza en que Asturias conseguirá superar sus dificultades desde la fuerza creadora y las virtudes que le dan tan singular personalidad dentro de España. A lo largo de los siglos, los habitantes del Principado han sabido integrar positivamente su vigorosa identidad con un espíritu abierto a un  mundo que de manera vertiginosa se está haciendo más complejo e interdependiente. Los revolucionarios avances de la tecnología, las comunicaciones instantáneas, la red de mercados y la facilidad de los desplazamientos, configuran un escenario dinámico y competitivo, en el que Asturias debe jugar, como siempre supo hacer, un papel brillante e innovador.

La recuperación de la economía del Principado necesitará también de la ayuda de los poderes públicos de España y Europa. El impulso primordial deberá brotar del propio pueblo asturiano, pero con toda justicia habrán de llegar apoyos externos a una región que cuando pudo dio mucho al resto del país, incluso con el doloroso sacrificio de las vidas de sus trabajadores, trágico tributo que hasta hoy se viene repitiendo.

Os pido que no decaigáis en vuestro afán de saber lo que realmente ansían los ciudadanos y cuáles son sus más sentidas necesidades. De ese modo podréis ayudarles a alcanzar las metas de progreso y bienestar a las que justamente aspiran.

Pérez de Ayala supo expresar con admirable belleza los mejores deseos para el pueblo asturiano, que yo, para terminar, recuerdo y transmito hoy a sus representantes aquí reunidos: “Haced el bien a los cuatro vientos, vivid para los demás y a la luz del día”.

Muchas gracias.

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