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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de homenaje a Jovellanos

Oviedo, 25.11.1994

U

​nos meses antes de morir, Jovellanos ,escribió estas humildes y conmovedoras palabras: "Y aunque es para mí muy dulce la esperanza de que mi nombre no quedará enteramente sepultado en el olvido, no es porque crea que será celebrado con aplauso sino recordado con lástima y ternura".

Desde su muerte en Puerto de Vega, siempre se ha recordado a Jovellanos con profundísima admiración. No podría ser de otra manera por la clarividencia, patriotismo y vitalidad de su obra y de su ejemplo. Una obra y una vida ejemplares que son hoy un vivo mensaje de regeneración y transformación social.

Sufrió Jovellanos en, algunos momentos la incomprensión de sus contemporáneos y persecución política. Soportó estas dificultades valerosamente por lo que nunca interrumpió la continuidad de su trabajo intelectual ni la denuncia de los males del país. Son memorables estas palabras suyas: "Como busco el bien de mi patria con ánimo puro y desinteresado, nada me detendrá en la exposición de mis ideas".

Desde aquellos mismos sentimientos de admiración acudo aquí para clausurar los actos que durante este año se han venido celebrando con motivo del 250 aniversario de su nacimiento y de los bicentenarios de la inauguración del Real Instituto Asturiano y de la presentación del informe sobre la Ley Agraria.

Estas conmemoraciones deben ser, ante todo, un compromiso para mantener vivo su legado y una llamada a la reflexión sobre sus ideas y la valerosa forma con que las defendió. No se trata, por lo tanto, sólo de elogiar al hombre que pensó en soluciones para los problemas de su tiempo, sino también a quien avanzó, desde una posición ética ejemplar, un concepto tan actual del mundo y del hombre que puede servirnos de inspiración para nuestros días y para nuestro caminar hacia el futuro.

En su Ley Agraria propuso Jovellanos la desamortización de las propiedades en manos muertas. Quería que, en la medida de lo posible, rindieran sus mejores frutos a quienes las trabajaban. Propugnó también lo que hoy llamamos una economía de mercado, con un gobierno atento a que los intereses privados no se sobrepusieran nunca a los de la generalidad de los ciudadanos.

Con su iniciativa de crear el Real Instituto, Jovellanos pretendía difundir los conocimientos útiles entre sus conciudadanos para que se perfeccionara la explotación de los recursos naturales de Asturias. Si este proyecto fue importante lo fue aún más el hecho de que estuviera abierto a todos, sin distinción de clases sociales y de personas. Por eso, en su Oración Inaugural, hace un llamamiento a los nobles, señalando que sus blasones ya no se cifrarán más que en su patriotismo y en sus virtudes cívicas, y al pueblo del que dijo "clase no menos recomendable a mis ojos por tus olvidados derechos que por tus inocentes fatigas", le pidió encarecidamente que se instruyese para que recobrase la consideración que se le negaba.

Esta preocupación por los derechos del pueblo está presente de manera constante en su obra: desde reclamar, en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, libertad para que el pueblo elija a sus representantes en las Cortes Generales del Reino, hasta pedir en la misma Ley Agraria la desaparición de las leyes y de las costumbres que coartan la libertad de las gentes trabajadoras a la hora de divertirse.

Es ese pueblo, fundamentalmente agrícola, el que tiene presente en sus Cartas del viaje de Asturias cuando pide para los cultivadores "una subsistencia cómoda y sobre todo segura", porque, añadía, "trabajar mucho, comer poco y vestir mal, es un estado de violencia que no puede durar".

Jovellanos está reconociendo aquí uno de los fundamentales derechos humanos, que, sin embargo, no se recogería como tal hasta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, promulgada en 1948 por las Naciones Unidas.

Al citar a la Organización de las Naciones Unidas tal vez sea oportuno señalar que hace casi doscientos años que Jovellanos la entrevió. Al tener noticia en el mes de agosto de 1795 de que se avecinaba la "santa y suspirada paz" -como él la calificó- entre España y Francia , escribe en su Diario: "¿Se habrán acabado para siempre los horrores de la guerra? Empiezo a columbrar un tiempo de paz y fraternidad universal, un Consejo general para establecerla y conservarla".

Esta nueva y fraternal sociedad era la que proponía Jovellanos a los alumnos de su Instituto en 1800, cuando les aseguraba que, en el momento en que los conocimientos se generalizaran, terminarían tantas sangrientas guerras, tantos horrendos planes de destrucción exterior y de opresión interna como han afligido a la humanidad. Pues creía que la cultura era el camino seguro de la humanidad hacia una época que reuniría a todos sus individuos, como señaló, "en paz y amistad santa".

Era un sueño, y acaso lo sea todavía, pero hoy es un sueño para la mayoría de nosotros. El, que pensaba que la única sociedad posible era una confederación general de las naciones, empezando por las de Europa, estaba adelantando la idea de nuestra Unión Europea, aunque iba más allá.

Quien defendió como Vocal de la Junta Central la convocatoria de las Cortes representativas, quien preparó el proyecto de las primeras elecciones que se han celebrado en España, quien redactó para que ellas los aprobaran un proyecto de libertad de imprenta y otro de educación generalizada y gratuita para todos los españoles, quien consideraba la libertad del hombre como el bien más sublime, fue honrado, y quiero recordarlo aquí con emoción, por mi tatarabuelo el rey Don Alfonso XII en la memorable fecha del 21 de enero de 1880.

Ese día, un trascendental acontecimiento quedó grabado con estas palabras en la escribanía que Jovellanos había utilizado durante su encierro en el, castillo de Bellver: "La historia registrará como el hecho más glorioso del reinado de Alfonso XII la abolición de la esclavitud, y consignará que para la sanción de la ley libertadora se honró la memoria del gran Jovellanos usándose esta escribanía".

Jovellanos creía en el hombre libre a través de la formación integral de cada individuo, y, como consecuencia de esa libertad, en la de la sociedad en que cada uno se integra, que va desde los más pequeños núcleos hasta la comunidad internacional.

Esta inmensa, sugestiva y siempre actual obra de Jovellanos, debe inspirarnos y alentarnos.

Esta obra, como es sabido, está siendo editada con el patrocinio del Ayuntamiento de Gijón, bajo la dirección del excelentísimo señor Don José Miguel Caso González. Una grandiosa tarea que merece el reconocimiento de todos pues en ella encontraremos la voz clara con la que Jovellanos nos seguirá alentando a caminar hacia un mundo cada vez mejor en lo material y en lo espiritual.

Muchas gracias.

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