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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de clausura de Roncesvalles

Roncesvalles, 05.02.1993

T

​engo el honor, como Príncipe de Asturias y de Viana, de clausurar aquí, en Roncesvalles, en este escenario heroico de Bernardo del Carpio y de Rolando, el encuentro de periodistas españoles, franceses y alemanes bajo el lema "Los caminos de Santiago, caminos de Europa".

Me uno así a la conmemoración que, a lo largo de este Año Santo Compostelano, se hará de una de las epopeyas de cultura más ilustres de occidente. Y lo hago en esta convocatoria que forma parte del programa Xacobeo'93 y que ha sido organizada por la Asociación de Periodistas Europeos, de cuya Sección Española ostento la Presidencia de Honor.

Junto a Roma y Jerusalén, Santiago representa el otro Vértice de las peregrinaciones cristianas. La investigación histórica ha podido establecer, a partir de datos sobre pernoctas en algunos hospitales de peregrinos, que su número se cifraba entre doscientos y quinientos mil al año.

Se ha escrito autorizadamente que el tronco principal del Camino de Santiago fue una verdadera ruta internacional por la que transitaron millones de europeos, algunos de los cuales se establecieron junto a ella al amparo de los privilegios otorgados por los reyes.

En la propia capital del Reino de Navarra, la población extranjera llegó en el siglo XII a superar con mucho a la indígena, igual que en Estella o en Sahagún. y Lacarra señala que "el peregrino francés que recorría el trayecto español del Camino en todas partes encontraba villas o burgos donde podía convivir con sus compatriotas y seguir hablando su propia lengua".

Santiago atrajo durante siglos las peregrinaciones que sirvieron de vínculo y enlace de España con el resto de Europa.

El influjo de Santiago irradió hasta muy distantes lugares del continente, desde donde se encaminaban a Compostela los peregrinos. Además de los franceses, están los flamencos, alemanes, ingleses, italianos, portugueses pero también los polacos, escandinavos, griegos o estonios.

Pero lo que hoy nos importa revelar es aquella espontánea unidad de Europa en el camino. Hombres, pueblos, se relacionaban y se unían movidos por una presencia trascendente. En un camino de cultura y de conciencia europea. Es una huella profunda, delicada y perenne cuyos ecos de vida aún nos conmueven. El Camino de Santiago fue una creación del espíritu, como para los griegos el camino hacia Delfos y Olimpia, o el camino hacia la Meca y Medina para los musulmanes. Es el signo del genio occidental.

Así lo ha reconocido el Consejo de Europa al declarar el Camino de Santiago primer "Itinerario cultural europeo". Por eso es también un acierto feliz que la Xunta de Galicia haya querido elevar este año jubiloso, el Xacobeo 93, a gran suceso nacional, convirtiéndolo, por tanto, en gran suceso europeo.

De la idea humanista del espacio como camino, y la estela de vida y cultura que los caminantes fueron dejando en él, pasamos al desarrollo de su significación y de su función. Esa significación y esa función son hoy las de un proyecto existencial común de Europa.

Porque en la idea del progreso hay ciertamente una profecía esperanzada del futuro, pero también una síntesis del pasado. El camino tiene sentido cuando sabemos adónde queremos llegar. Esa es la fuerza indomable del caminante.

La Ruta Jacobea desplegó en la Edad Media, una potencia de relación y conocimiento que seguramente alcanzó el rango de identidad europea, de manera que aquel sentimiento, elaborado en el Camino, adelantaba informalmente una idea de Europa que profetizaba la modernidad.

Pero vayamos al, sepulcro de Santiago y aceptemos frente a los escépticos, como dijo Sánchez Albornoz ,que "la realidad de la presencia del cuerpo de Santiago en Compostela no habría producido resultados de mayor relieve histórico que los provocados por la fe clara, firme, profunda, exaltada que tuvieron los españoles, y los europeos durante muchos siglos, en la milagrosa arribada de los restos apostólicos a tierras de Galicia".

Concluyo con otro europeo insigne, Dante, quien en "La vida nueva" escribe que "no se entiende por peregrino sino aquél que va a la tumba de Santiago, o vuelve". Por eso, al clausurar este encuentro, quiero hacer un llamamiento a los hombres y mujeres de España y de toda Europa para que, en este año singular, recorran este camino de fe y de cultura. Y también quiero expresaras mi deseo de encontrarme con todos vosotros como un peregrino más en Compostela.

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