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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el homenaje de la lengua española a Antonio de Nebrija

Alcalá de Henares, 29.10.1992

A

​ntonio Nebrija fue ejemplo de hombre del Renacimiento. Dominaba el latín, enseñaba retórica, exploraba la teología, escribía de matemáticas, discutía de medicina. Se adentró en los diversos ámbitos del saber, como resultado de su afán por conocer más del universo en el que se desenvolvía. Hombre de su tiempo y, al mismo tiempo, adelantado a él. Como tantos precursores, fue incomprendido. Sus contemporáneos le criticaron y su Gramática tardó en reeditarse. Es cierto, pero visto desde ahora, quinientos años después, nos damos cuenta de que su influencia fue inmensa.

Codificar por primera vez un idioma como él lo hizo significa no sólo ganarse un puesto en la historia de la Lingüística universal, sino también ser el pionero de una nueva forma de pensar que llega hasta hoy; de forma que las lenguas, sean las que sean, alcanzan la dignidad que se merecen, equiparadas al latín o al griego clásicos. Y así, los idiomas de las viejas naciones de Europa y de los nuevos territorios de los demás continentes vieron cómo surgían estudiosos que las desmenuzaban para la posteridad.

Después de la gramática castellana de Nebrija, fueron apareciendo las del italiano, el portugués y el francés; posteriormente, del tarasco, el quechua y el náhuatl; más adelante, del alemán y el inglés, del tagalo y el japonés.

Nebrija fue un preclaro humanista, inmerso en un marco cultural renacentista que dio como fruto maduro la Edad de Oro de la cultura española en los Siglos XVI y XVII. Conoció la Italia del "Quattrocento" y vivió en la España nueva formada por los Reyes Católicos, con un ambiente cultural y científico en constante crecimiento, en el que destacaron también personalidades tan conocidas como el cardenal Francisco Cisneros, la latinista Beatriz Galindo, el dramaturgo Fernando de Rojas -autor de "La Celestina"-, el matemático Pedro Ciruelo -el proverbial maestro Ciruelo-, los poetas Juan Boscán y Garcilaso de la vega, el médico Miguel Servet, los filósofos Alfonso de Valdés, Juan de Valdés y Juan Luís Vives, o el cartógrafo Juan de la Cosa.

Y antes de morir, en el año 1522, Nebrija pudo ver el nacimiento de una nueva generación de religiosos españoles de renombre universal: San Pedro de Alcántara, Santo Tomás de Villanueva, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Borja, San Francisco Javier.

¡Tal era el ambiente cultural de finales del siglo XV y principios del XVI!

En este año de 1992, lleno de conmemoraciones históricas, resulta imposible separar el Quinto Centenario de la Primera Gramática Española y los otros quintos Centenarios, porque tuvieron repercusiones lingüísticas todos aquellos hechos que ahora recordamos. Ese mismo año de 1492, la lengua castellana se asentó definitivamente en el Reino de Granada; se extendió por el mar Mediterráneo, gracias a los judíos sefardíes, que han mostrado una lealtad lingüística admirable; y comenzó su difusión más allá de los mares y océanos.

La Gramática de Nebrija se imprimió el 18 de Agosto de 1492, es decir, dos semanas después de que zarparan las tres naves al mando del Almirante de Castilla, Cristóbal Colón, iniciador de la gran hazaña americana.

Nebrija, por tanto, fue contemporáneo también de Ponce de León, Núñez de Balboa, Pedrarias Dávila, Hernán Cortés o Francisco Pizarro y pudo conocer las crónicas que describían ese Nuevo Mundo tan asombroso a los ojos de los europeos. Vivió plenamente la expansión política y, tras ella, la expansión lingüística, si bien una y otra no tienen por qué coincidir, como lo demuestran numerosos ejemplos históricos.

En vida de Nebrija, el mundo entero dio un giro impresionante, gracias a los hombres de España. Si- Colón pasó a la Historia por descubrir la ruta que unía Europa con América, fue aún más trascendental si cabe la primera vuelta al mundo lograda entre 1519 y 1522 por Juan Sebastián Elcano -continuador de Magallanes-, de manera que quedó demostrada la esfericidad de la Tierra, con todas las implicaciones prácticas y filosóficas que ello representa. He aquí otra aportación genial del Renacimiento español, al cual hoy, en cierto modo, rendimos también homenaje de forma global, encarnándolo en la figura del gran gramático andaluz.

Junto a los descubrimientos geográficos, los hombres comenzaron una gran carrera para seguir descubriendo el mundo que nos rodea. Las lenguas fueron objeto de análisis, sin importar el lugar en que se hablaran ni las formas de tradición cultural previa. Todas podían ser estudiadas de la misma manera, dándoles un valor en sí mismas, con independencia del que tienen objetivamente como vehículos de comunicación de una comunidad de hablantes.

Nebrija dio dignidad no sólo a la lengua española, poniéndola a la altura de Grecia y Roma. Dio dignidad a todas las lenguas del mundo. Y en él se basaron quienes escribieron las primeras gramáticas de náhuatl, quechua, chibcha, totonaco, araucano e incluso japonés. Sin Nebrija, sin sus seguidores españoles, las lenguas de la América de entonces no hubieran llegado hasta nosotros. No podemos, por tanto, ignorar que buena parte de las ideas que hoy tenemos en torno a las lenguas proceden directamente del siglo XV, por más que algunos quieran ver como novedades actuales lo que fue realmente una revolución del pensamiento hace cinco siglos.

Con su Gramática, sus diccionarios y sus obras latinas, Nebrija proporcionó todo el instrumental necesario para penetrar en el apasionante mundo del conocimiento lingüístico.

Quinientos años después, nuestra condición de hispanohablantes se estremece. Nuestro idioma dejó de ser el habla de una región llamada Castilla para ser la lengua española, la que los españoles de todas las regiones llevaron, para enriquecerla, al otro lado del mar y que ha arraigado –de una u otra manera- en los cinco continentes, formando una comunidad de 330 millones de personas.

En este marco de la Universidad de Alcalá de Henares (donde Lebrija enseñó y murió) deseo todo tipo de éxitos a los participantes en las diversas reuniones y congresos que se han estado celebrando a lo largo del año y que aquí están representados por personalidades procedentes de diversos países.

Felicito por sus trabajos a todos cuantos han participado en el grupo de trabajo "Nebrija 92" y en sus actos conmemorativos. En particular, envío mi felicitación a los académicos que han intervenido en la Reunión Internacional de Académicos de la Lengua Española, invitados por la Fundación Duques de Soria, entidad que ha promovido no sólo este Homenaje a Antonio de Nebrija, sino también gran parte de la conmemoración "Nebrija 92", gracias al impulso de Su Alteza Real la Infanta Doña Margarita y el Excmo. Sr. D. Carlos Zurita, Duques de Soria.

Invito a todos a continuar la tradición nebrisense de respetar y dignificar las lenguas, porque forman parte de nuestro patrimonio cultural, sin introducir elementos de injusta discriminación de las personas por este motivo.

Y al mismo tiempo invito también a profundizar en el conocimiento, cultivo y cuidado de nuestro propio idioma, así como en el aprendizaje de otras lenguas, clásicas o modernas, siguiendo la labor que comenzó hace quinientos años Antonio Martínez de Cala, conocido como Elio Antonio de Nebrija, a quien hoy el mundo hispanohablante reconoce su mérito, su trabajo y su visión de futuro.

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