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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Universidad de Chile

Chile, 06.10.1992

H

​ace dos años el Rey mi padre expresó en esta misma Aula Magna su profundo agradecimiento al ser investido Doctor Honoris Causa por esta Casa de Estudios. En mi primera visita a Chile también yo he querido visitar esta Universidad, la más antigua de Chile y una de las más antiguas del mundo.

Coincide en este año singular de 1992 una serie de aniversarios que millones de seres estamos conmemorando. Dentro de unos días se cumplirán cinco siglos del grito de Rodrigo de Triana que cambió no solamente el sentido de la geografía sino también de la Historia.

Pero en esta fértil nación se conmemoran igualmente los 370 años de la fundación de su primera Universidad, que, en un principio, fue eclesiástica, después fue del Patronato Real y que quiso llamarse así: "Universidad de Chile".

La misma que ha sido modelo para Hispanoamérica, ha sido pilar fundamental de la República y que ha irradiado desde sus aulas la excelencia académica a todos los estamentos de la nación: La que siempre se mantuvo fiel a los ideales de sus fundadores y la que ha sabido, no solamente preservar, sino también definir y conformar, con una extraordinaria vocación de servicio, la identidad nacional de Chile.

También en 1992 celebramos los 500 años de la publicación de la primera gramática española, obra de Antonio de Nebrija, que ordenó por primera vez este idioma que Carlos Quinto definió "como hecho para hablar con Dios" y que hoy permite que más de 350 millones de seres nos entendamos en la misma lengua.

Siglos más tarde, el primer rector de esta magnífica Universidad, publicó en 1847 su gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos.

Aquel "ciudadano legal" que fue Andrés Bello decía que no bastaba con formar hombres hábiles en las altas profesiones, sino que había que formar ciudadanos útiles que mejoraran la sociedad. Elevar, en suma, el nivel moral del hombre ya que la educación del pueblo debe ser la base de todo sólido progreso.

150 años después, con dignidad y orgullo esta Casa ha sabido mantenerse fiel a ese mandato por encima de avatares y de inclemencias. Siempre al servicio del país.

Estoy aquí ante ustedes no sólo en visita oficial y de cortesía sino también como alumno. Vengo a aprender de la riqueza cultural chilena y a respirar en esta antigua Casa del saber el espíritu de centenares de hombres ilustres que hicieron de Chile una gran nación.

y estoy también lleno de agradecimiento por la distinción de que acabo de ser objeto al recibir de manos del Señor Rector Subrogante la Medalla Rectoral de la Universidad de Chile.

Señor Rector Subrogante,

Autoridades Académicas,

Estamos asistiendo a la materialización de un proyecto que tiene apenas dos años de vida formal pero centenares de años de vida espiritual: la construcción de una comunidad iberoamericana de naciones. Se está gestando una entidad cuya savia es ese riquísimo pasado compartido y está felizmente destinada a seguir unida para poder alcanzar con títulos legítimos el lugar que le corresponde y merece en este fin de milenio. Hombres y mujeres de mi generación continuamos ya esa tarea para construir con esfuerzo y generosidad, una comunidad más desarrollada, más justa y más unida, sobre los cimientos de la democracia y del respeto a los derechos humanos.

Más allá de los intereses económicos, y más allá de las conveniencias de la política, siempre habrá un lenguaje que nosotros, los miembros de esa comunidad, entenderemos sin barreras: el lenguaje de la cultura, el del conocimiento, el de la excelencia académica.

Seremos incapaces de construir esa comunidad a la que todos aspiramos, sin la activa participación de las universidades y de los hombres surgidos de sus aulas y, en este sentido, tengo la seguridad de que la Universidad de Chile seguirá asumiendo con su tradicional espíritu de sacrificio y altura de miras la responsabilidad que siempre le incumbió: la formación de ciudadanos capaces de transformar en realidad el sueño de sus padres: un Chile mejor en una gran Iberoamérica.

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