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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias ante el Seminario Empresarial Hispano-Mexicano

México, 22.11.1991

D

​eseo en primer lugar al dejar claro testimonio de la gran satisfacción que siento al encontrarme, aquí en México, expresar mi profundo agradecimiento a las autoridades y pueblo mexicanos por la acogida y las facilidades ofrecidas para la celebración de esta Exposición.

El gran acontecimiento que hoy inauguramos me permite visitar por primera vez vuestro país; al hacerla os traigo el cariñoso saludo y el recuerdo agradecido de mis padres los Reyes. Sus comentarios sobre los distintos viajes que han realizado a México y mis lecturas de hace años junto con el eco que todo lo mexicano encuentran en España me han despertado siempre el anhelo de conocer estas tierras, de profundizar en su historia y de hablar con sus gentes.

A los organizadores de este encuentro mis felicitaciones por haber reunido en torno a EXPOTECNIA a una representación tan destacada del sector empresarial de nuestros dos países.

Estoy convencido que encuentros como este, en los que se intercambian libremente ideas y proyectos, redundan de forma extraordinariamente eficaz en las relaciones bilaterales, y contribuyen a reforzar una red de contactos ya de por si muy sólida y vigorosa que ustedes vienen desarrollando desde hace ya tiempo.

Este acto, y EXPOTECNIA 91, no son un fin en sí mismos, ni hechos aislados. Constituyen una etapa más en el desarrollo del Tratado de Amistad y Cooperación Hispano-Mexicano firmado en esta ciudad, en enero de 1990.

EXPOTECNIA reafirma la filosofía del Tratado, la voluntad política de los dos Estados de establecer unas relaciones bilaterales estables, dinámicas y de respeto mutuo. El tratado hace un llamamiento a los agentes económicos para que contribuyan con su saber hacer a ese objetivo. La respuesta esta ya aquí. España, confiada en la capacidad creadora de riqueza y de empleo de nuestros empresarios, ha querido que sea México la sede de EXPOTECNIA 91 para mostrar precisamente que el Tratado de Amistad debe recibir impulsos renovados y porque la coyuntura económica mexicana así lo merece.

México y España afrontan, sin embargo, el reto del ya tan próximo siglo XXI. Es, sin duda, un tópico, pero contiene referencias a la necesidad inexorable de acometer las reformas que vienen impuesta por los tiempos que vivimos.

En este sentido, permítanme que aproveche este foro para expresar mi admiración por las valientes reformas recientemente emprendidas por el Gobierno mexicano para sentar las bases de un crecimiento sano y sostenido.

Pero nuestro futuro no sólo dependerá de que sepamos dar cumplida respuesta a los problemas económicos tradicionales aún pendientes. También dependerá del modo como orientemos nuestra investigación científica y tecnológica. Es decir, en esencia, a la respuesta que nuestros sistemas educativos sepan dar a las. necesidades del futuro.

En este campo, como en muchos otros, parece imprescindible recurrir al principio de solidaridad entre las naciones, con frecuencia tan pobremente aplicado en la historia de las relaciones internacionales.

Vivimos tiempos de cooperación, donde el pensamiento y los resultados de las investigaciones deben circular con mayor libertad entre nuestros pueblos, en el marco de una comunidad científica que no tiene por qué coincidir con las fronteras de los Estado.

Me complace, por eso, comprobar que no hemos descuidado este importante aspecto en nuestras relaciones. Se que el Plan de Cooperación para el periodo 1990-1992, aprobado tras la firma del Tratado General Hispano-Mexicano, incluye varios proyectos de investigación y desarrollo tecnológico conjuntos, tanto bilaterales como en el marco del programa multilateral Ciencia y Tecnología, en el que México se ha mostrado tan activo.

Nos queda mucho camino por recorrer y es mucho lo que mexicanos y españoles podemos realizar juntos, así como lo que cada uno de nosotros puede hacer con los países de nuestros entornos respectivos.

Pero pienso en la etapa iniciada en la Primera Cumbre Iberoamericana de Guadalajara, en su trascendencia como toma de conciencia frente a los problemas que nos rodean, y veo con optimismo la fuerza de una comunidad unida por la historia y la cultura compartidas.

Creo también que debemos aprovechar esta circunstancia para intentar entender nuestro pasado común en su justa perspectiva.

Contamos para ello con un capital inapreciable que se nutre de múltiples factores y que tiene como mayor activo la comunidad de lengua. El Español es nuestra fuerza y el más indiscutible de nuestros vínculos.

La Segunda Reunión de la Conferencia Iberoamericana que tendrá lugar en Julio del año próximo será el foro adecuado para profundizar en las ideas y para concretar nuestros proyectos desde la perspectiva mencionada. Madrid es un nuevo reto y también una reafirmación de la confianza en Iberoamérica.

Estoy convencido que el éxito de estas jornadas empresariales está garantizado por el espíritu con que se inician, y el entorno en el que se desarrollan. El entendimiento entre los participantes y el marco industrial permitirán ayudar a una modernización de la industria mexicana en cuyo proceso los sectores correspondientes de mi país desean estar presentes y contribuir con lo más avanzado de nuestra producción de bienes de capital.

En esta conjunción de intereses, y en la armonía de las relaciones hispano-mexicanas, hago votos por el futuro de nuestros dos países. Es responsabilidad de todos no dejar pasar el tren de esta oportunidad que los nuevos tiempos nos brindan.

Muchas gracias.

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