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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la ofrenda del Apostol Santiago

Santiago de Compostela, 25.07.1991

S

​eñor Santiago, Evangelizador y Patrono de los Pueblos de España.

Nuestra participación en este rito que hoy nos reúne es prueba de que deseamos permanecer fieles a esta hermosa tradición que nos convoca en el día de Tu Festividad, a venir a la Catedral compostelana a rendirte homenaje y ofrenda, en acción de gracias por tu protección secular sobre nosotros.

Haber recibido del Rey, Mi Padre, el honroso encargo de representar le nuevamente en este día, es para mí una especial satisfacción.

Terminadas ya mis obligaciones del año universitario y las principales actividades de diversa índole que durante el mismo contribuyen a la preparación personal que de mi se espera, presentarme ante ti, Venerado Apóstol, en Tu Festividad, representando a España, es privilegiada ocasión que, de algún modo, me obliga a reflexionar, en cuanto a joven creyente y en cuanto a miembro de la Comunidad Española, sobre la calidad e intensidad de mi entrega al cumplimiento de mis deberes, por designio de la Historia y voluntad de nuestro pueblo.

Queremos en este día, una vez más, dar gracias a Dios, por el hecho de la evangelización que Tú iniciaste en nuestras tierras y que, desde sus albores, ha sido semilla y levadura viva que han impregnado nuestra Historia, la cual, en medio de vicisitudes y, a veces, de claroscuros y errores, ha podido alcanzar cimas espléndidas con figuras como las de Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola, cuyos centenarios estamos celebrando y que son honra de la Iglesia y de los Pueblos de España.

La riqueza del cristianismo español, como nos recordaba el Papa Juan Pablo 11 en su visita de 1982, no ha podido quedar exhausta, árbol que ha producido frutos tan fecundos no ha podido hacerse estéril.

Somos muchos los jóvenes de España que, conociendo y amando este pasado, anhelamos que esa historia cristiana continúe siendo también, sustancialmente, historia de estos pueblos, aportando a la vida social y cultural de los mismos testimonio de diálogo, de paz y de generoso servicio.

En todas las épocas de la Historia, los verdaderos discípulos de Jesucristo han sabido perseverar a pesar de las dificultades.

Perseverar, Señor Santiago, en los valores más esenciales de las enseñanzas de Jesucristo, será insoslayablemente fuente de renovación interior y de creatividad espiritual, a fin de que los católicos españoles continúen su peregrinación en la Historia, sintiéndose solidarios, cada día más fuertemente, de las necesidades y esperanzas de la Humanidad entera.

Existe un mundo de valores del Espíritu que no podemos ni queremos olvidar: Estos son indispensables en contrapunto a un desarrollo técnico que es necesario a nuestra sociedad como medio para perfeccionar la vida individual y colectiva, pero que nunca debemos permitir que se convierta en elemento promotor de marginación, asfixia y destrucción de la vida de hombres y pueblos.

Prosigue, Apóstol de España, tu patrocinio sobre estas tierras, en las que, por mandato de Jesús, sembraste unas enseñanzas que son cimiento de un reino de verdad, de vida, de justicia y de paz.

Ayuda particularmente a España, en la cual permanecen los ideales por tí propuestos.

Ayuda a estos pueblos que Tú edificaste para que permanezcan fieles a sus orígenes apostólicos mientras dan prueba de humildad serena y de grandeza de ánimo.

Este es, el tipo de testimonio que esperan los auténticos discípulos de Jesús; y que atrae, principalmente, a las nuevas generaciones.

Protege a los pueblos de España, y recordemos todos que en Galicia, durante el presente año, se está haciendo, en el vecino Monasterio de San Martín Pinario, memoria de sus raíces, camino y esplendor, redescubriendo impresionantemente las señas de su identidad espiritual y material.

Santiago Apóstol, "Patrón de las Españas y Discípulo del Señor", intercede por todos nosotros ante el Dios providente que inspira nuestros corazones y respeta nuestra libertad.

Haz que, desde este cenáculo de la Historia de España que es Tu templo compostelano, surjan abundantes manantiales de agua viva donde apaguen su sed de renovación interior tantos creyentes y tantos conciudadanos nuestros que miran con esperanzado realismo el futuro.

Amén.

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