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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la cena que ofrece a los miembros del Patronato de la Fundación del Principado de Asturias

Madrid, 17.04.1989

E

​n esta época de cambios tan rápidos y profundos como consecuencia de la internacionalización de la economía y la cultura, del mercado mundial de las ideas, las técnicas, los bienes, los capitales y la información, hay valores que permanecen inconmovibles porque desde siempre están sólidamente anclados en el corazón de los hombres. Uno de ellos es el de la gratitud, sentimiento en el que he sido educado por mis padres, SS.M M. los Reyes de España. Desde ese sentimiento os he convocado hoy para daros las gracias por vuestro noble y generoso apoyo a la consolidación de la Fundación que tanto quiero y en la que tengo puestas mis mejores esperanzas de futuro.

La Fundación que con tanto honor presido nació hace ocho años en un acto solemne que tuvo lugar en Oviedo bajo la presidencia de SS. MM. los Reyes de España, como culminación de mi primer viaje oficial al principado de Asturias.

Era yo un niño y lógicamente no podía imaginarme entonces la trascendencia de aquél sencillo acto inicial de una hermosa aventura cultural que se proponía robustecer mi vinculación al Principado de Asturias mediante el fomento de las ciencias, las artes, las letras, la tecnología, sirviendo como símbolo de todo ello la concesión anual de los Premios Príncipe de Asturias.

Se ha dicho, en una hermosa frase, que crear es unir. Pues bien: desde su nacimiento, la Fundación no sólo ha unido mi nombre a las más relevantes personalidades e instituciones de España y de fuera de ella a través de los Premios Príncipe de Asturias sino que ha desarrollado una extensa labor de promoción social y cultural.

Es evidente también que los Premios se han convertido en tan corto espacio de tiempo en los más prestigiosos galardones de ámbito iberoamericano y que gozan de una gran audiencia y reconocimiento fuera de ese marco.

Este símbolo de universalidad cultural de Asturias y de España que significan los Premios debe ser mantenido, profundizado y ampliado hasta lograr las más altas metas, para que sean, cada vez más, como h e dicho en una ocasión, I1 Faro universal que ilumine horizontes ", pues es un hecho cierto que existe una conexión entre la prosperidad general y los progresos en el seno de la ciencia y la cultura, que con nuestros galardones se quiere estimular.

Al mismo tiempo, la Fundación debe proseguir las actividades actuales que la mantienen cercana a las necesidades y aspiraciones de los hombres y mujeres de las villas, pueblos y remotas aldeas del Principado e imaginar nuevos proyectos que beneficien al conjunto de los españoles, lo que sé que se está haciendo por los informes que recibo directa y periódicamente del Presidente de la Fundación, Plácido Arango.

Por todo ello concibo a la Fundación como algo profundamente unido a mi destino, en una España impulsada por la seducción del futuro y sus brillantes posibilidades.

Para esas tareas, que me consta son muy ambiciosas, la Fundación necesita la ayuda, el aliento y la solidaridad de cuantos componéis el Patronato Príncipe de Asturias.

Yo también necesitare vuestra ayuda y vuestro consejo no sólo para que la Fundación, atenta a los retos de su tiempo, continúe progresando, sino para mi misma vida de servicio a España, pues bien sé de la certeza de la frase ya clásica que dice que "lo que has heredado de tus padres debes ganarlo de nuevo para ti' mismo o no será tuyo".

Hace 600 años, el primer Príncipe de Asturias solía dirigirse a los hombres y mujeres de Asturias en sus escritos diciendo " a cada uno, salud y gracia ".

Permítanme que termine con estas mismas viejas palabras de mi antecesor en la dignidad que ostento pues encierran a mi entender afecto, respeto y gratitud.

A cada uno, pues, "salud y gracia" desde el fondo de mi corazón.

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