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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de Imposición de la Medalla de Oro del Principado de Asturias

Oviedo, 20.09.1986

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​ecojo de vuestras manos, con orgullo y responsabilidad, esta primera Medalla de Oro del Principado, que estará presente a partir de ahora, como lo están Asturias y los asturianos, en mi ánimo y en todos los actos de servicio a España que me corresponde realizar.

Asumo en su plenitud y con toda su exigencia el mensaje que contiene: un mensaje vivo, directo, plural y permanente. Un mensaje que expresa lo que constituye para Asturias la condición más grande y reveladora de su existencia histórica: el amor a España y a su inalterable unidad.

España nos acoge y nos une a todos los españoles. Pero ese abrazo por el que nos sentimos fuertes e impulsados a la abnegación y al sacrificio por el futuro, tiene aquí su núcleo fundamental y desde esta patria chica y universal se proyecta hacia un claro concepto de la patria grande. Asturias es España en la esencia irradiante que nos mantiene para siempre en una misma tarea de creación nacional.

Yo quiero expresaras mi emoción, cómo he estado en Asturias y he sentido su temple y su ternura en inolvidables momentos de mi vida.

En el abierto e inexpugnable espíritu de Covadonga, recibí en 1977, con las inolvidables palabras de mi Padre, el Rey, los símbolos que consagraban mi condición de Heredero de la Corona y el honor de la dedicación absoluta que tal condición lleva consigo. Sentí entonces, en la cercanía de mis Padres, en el afecto leal de los hombres asturianos, en la serenidad de aquél lugar simbólico, donde la mano de Dios rubricó el signo de la victoria, que aceptaba no sólo un conjunto de obligaciones esenciales sino también algo que me da fuerzas para realizar mi destino: el apoyo y la voz del pueblo asturiano que en aquella ocasión, como en tantas otras, estaba aquí, a la vanguardia de España.

Mas tarde, con ocasión de la entrega de los Premios que llevan mi nombre, pude comprender cómo la energía asturiana se real iza y proyecta en planos absolutamente necesarios de solidaridad internacional. Asturias es desde siempre la España que ha volcado al otro lado de los océanos, en las naciones americanas, lo más imaginativo de su creatividad y lo mejor de su esfuerzo.

Pero los sueños de progreso no son válidos si se quedan reducidos a utopías, a sentimientos líricos o a epopeyas nostálgicas. La realidad, que debemos construir todos unidos, exige una labor constante, una entrega sin vacilaciones.

Asturias es un horno donde se enciende y se caldea una laboriosidad sin la que no sería posible que avanzásemos como nación europea y como plataforma y camino para la nueva América.

A lo largo de estos años también, mientras atiendo mi formación, he tenido la suerte de venir a Asturias y estar en vuestras fiestas, en los pueblos que viven al costado del mar, o en los paisajes del interior que son, 'como dijo el poeta, "la verde cuna del Paraíso".

Esos instantes -desgraciadamente breves - fueron, sin embargo, pausas en las que cargué mi mochila de joven español con un imprescindible bagaje de optimismo, decisión y generosidad, que son regalos inapreciables de vuestro pueblo.

Por eso, esta Medalla sintetiza toda mi asturianía y me hace para siempre deudor del Principado.

Os agradezco su entrega porque al llevar esta Medalla conmigo estaré yo en Asturias y ella en mi, en todas las ocasiones.

Muchas gracias.

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