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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el almuerzo en Canada Place

Vancouver, 28.07.1986

H

​e vuelto a Canadá con motivo de esta exposición internacional sobre transportes y comunicaciones, en la que España está presente con un pabellón. Quiero expresar de nuevo mi satisfacción por que la exposición tenga lugar en un país al que me unen tantos y tan gratos recuerdos. A ellos añadiré los de estos días, en los que además de visitar amigos y lugares donde he pasado parte de mi reciente vida académica,  he tenido la oportunidad de conocer las costas canadienses del Pacífico.

Por dos razones de signo distinto tiene esta exposición un especial interés para los españoles. La primera es que el español siempre ha sido un pueblo viajero, dispuesto a investigar nuevos horizontes y paisajes.

España, en los siglos XV y XVI, hizo lo que podría equipararse a las proezas espaciales de este final de siglo. Una flota española, al mando de Elcano, circunnavegó el mundo en 1522. Antes, en 1513, Balboa había llegado al Pacífico, descubriendo también para las civilizaciones europeas, que existía un segundo Océano después del Atlántico y antes de las tierras asiáticas.

En 1774 los españoles se embarcan en una serie de viajes que tienen aquí y hoy un especial significado. Recorren hacia el norte el litoral del Pacífico, navegan por primera vez las aguas de Vancouver y llegan hasta las costas de lo que hoy es Alaska.

La segunda razón por la que esta exposición de Vancouver tiene un atractivo muy particular para los españoles, reside en la natural disposición de los canadienses para ser buenos anfitriones. España ha sido tradicionalmente también un país al que han dirigido sus pasos viajeros de todo el mundo. Son innumerables los relatos de visitantes europeos que en estos últimos siglos dan cuenta de sus recorridos por la Península Ibérica.

El caso es que hoy España recibe más de cuarenta millones de ciudadanos de todo el mundo, viajeros curiosos o turistas de descanso. España prolonga así también una actitud de hospitalidad que viene de antiguo.

En Vancouver, en este período en que vais a dar la bienvenida a hombres y mujeres de todo el mundo, las autoridades españolas que han desarrollado una tecnología propia de buena ordenación del turismo podrán indudablemente recoger más de una experiencia útil. y quizás transmitir a vuestros visitantes el mensaje de una España acogedora y atractiva, que les haga asociar vuestro amable encanto, con la intención de conocer también España.

Es también Vancouver el lugar de una primera salida de España al extranjero en una exposición internacional en compañía de sus socios de la Comunidad Europea. El pabellón español, instalado en la Plaza de Europa, se incorpora así a una nueva actividad conjunta, con la intención de prolongar en este terreno nuestra provechosa coordinación con nuestros vecinos.

Hay un aspecto adicional en el que quiero insistir. Se trata de la exposición universal de Sevilla. Debemos estar agradecidos a los precedentes establecidos por Canadá. Tanto la exposición universal de Montreal como esta magnífica exposición especializada de Vancouver, son ya lecciones clásicas. Estoy seguro de que los españoles sabremos aprovecharlas.

Creo que puedo concluir diciendo que la España moderna está aquí para multiplicar sus lazos con Canadá, asomándose al Pacífico; para compartir su presencia en una exposición internacional con sus socios de la Comunidad Europea; para mostrar su imagen de país que renueva una tradición innovadora en la técnica y la ciencia; y para aprender las enseñanzas que ofrece la impecable organización de esta Exposición de Vancouver-86.

Muchas gracias.

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