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Palabras de S.M. el Rey en la entrega de la XI edición del "Premio Europeo Carlos V" a D. Marcelino Oreja Aguirre

Real Monasterio de Yuste. Cuacos de Yuste (Cáceres), 09.05.2017

Hace hoy 67 años, Robert Schuman pronunció en París el histórico discurso que está en los orígenes de este Día de Europa en el que celebramos el logro de un proyecto de paz y unidad por el que han luchado y trabajado muchos hombres y mujeres de nuestro Continente.

Un proyecto que encarna el sueño de, en palabras de Jean Monnet, “unir a las personas” y que para nosotros es una tarea que tenemos muy presente. Pues se trata del objetivo de construir una Europa pacífica, unida, fuerte y próspera, donde los principios y valores como la libertad, la democracia, la igualdad, la justicia, los derechos humanos y el respeto a la diversidad sean los pilares fundamentales sobre los que sostengamos y afiancemos nuestro compromiso, y nuestro proyecto de vida y convivencia. Un proyecto, sin duda, inédito, esperanzador y deslumbrante en su propósito y en su esencia para el devenir de la humanidad sobre la tierra.

Y al mencionar estos principios, no puedo dejar de recordar a Tzvetan Todorov, Premio Príncipe de Asturias y miembro de la Academia Europea de Yuste recientemente fallecido, cuando nos instruía y alertaba sobre el verdadero sentido de ser civilizados, que no es otro que el de ser capaces “de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan criterios, pensamientos y hábitos distintos a los nuestros”.

Señoras y señores,
Es para mí una alegría estar nuevamente, en un día tan señalado, en el Real Monasterio de Yuste, un lugar que ineludiblemente nos lleva a pensar en el gran Rey Emperador Carlos, de quien conmemoramos también este año el V Centenario de su llegada a España para ser coronado Rey, nuestro Carlos I.

Pues aquí nos reunimos, en definitiva, para enaltecer y defender los valores que nos unen y que compartimos más de 500 millones de personas en la Unión Europea. Por eso es un orgullo poder afirmar que España, en la actualidad es uno de los países donde el sentir europeísta se mantiene más firme entre los ciudadanos.

Como saben, este Premio Europeo Carlos V lo convoca la Fundación Academia Europea de Yuste, que este año celebra su 25 Aniversario. Mi felicitación sincera por ello y mi profunda gratitud por su firme compromiso en la promoción y divulgación de las ideas y valores europeístas.

Un compromiso que se renueva permanentemente al otorgar cada año, de manera solemne −y ahora con ocasión del Día de Europa− este galardón tan valorado y prestigioso. Con él, España, ofrece desde esta tierra extremeña −y con todo el apoyo de la Corona−, un alto y singular reconocimiento a las mejores contribuciones en favor del conocimiento y del engrandecimiento de los valores culturales, sociales, científicos e históricos de Europa; también, naturalmente, del moderno proceso de construcción e integración europea.

Señoras y señores,
Para España, Europa fue una aspiración necesaria e ineludible que contribuiría a desarrollar y consolidar la democracia y la libertad que tanto anhelábamos. Europa, en palabras de Ortega y Gasset, era la solución, y hacia ella nos dirigimos nuevamente hace 40 años, a lo largo de un camino que comenzamos solicitando nuestra adhesión a las Comunidades Europeas; una tarea que tuvo el honor de llevar a cabo con enorme diligencia quien entonces era Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de España y a quien hoy rendimos homenaje con el Premio Europeo Carlos V: Don Marcelino Oreja Aguirre, Marqués de Oreja.

Fue él también el encargado de firmar hace 40 años el ingreso de España en el Consejo de Europa, del que llegaría a ser Secretario General. Una institución, como tuve ocasión de recordar y reconocer ante su Asamblea Parlamentaria el pasado 27 de abril, que encarna, representa y defiende nuestros mejores valores como europeos: la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley. Tres pilares fundamentales para todos los europeos y también para los españoles que comenzaron a avanzar en esa dirección tras las primeras elecciones generales de la democracia, cuyo aniversario celebraremos el próximo 15 de junio.

Hoy, cuatro décadas después, podemos afirmar que 1977 fue un año crucial de nuestra historia, en el que decidimos juntos, de manera libre y democrática, el camino que debíamos y queríamos seguir. Ese camino nos llevaba a Europa a través de dos iniciativas como eran la pertenencia al Consejo de Europa y la adhesión a las Comunidades Europeas, hoy Unión Europea.

Somos europeos porque somos españoles. Nuestro deber es apoyar y defender el proceso de integración para que La Unión sea más fuerte y pueda hacer frente a los desafíos globales. Debemos continuar promoviendo en el mundo los valores democráticos y los derechos humanos que compartimos con el objetivo de seguir siendo un modelo de inspiración para todos aquellos que desean libertad, democracia, prosperidad, seguridad, igualdad y, en definitiva, un mundo mejor. Solo unidos podremos lograrlo y conseguir superar los desafíos e incertidumbres que amenazan la paz y la estabilidad tanto en Europa como a nivel mundial

Años después, Marcelino Oreja desarrolló una encomiable labor europeísta como Comisario Europeo y como miembro del Parlamento Europeo desplegando sus grandes e incansables dotes diplomáticas. Su trabajo a favor del proceso de construcción europea ha continuado desde entonces a través de diferentes instituciones e iniciativas. Y toda esta trayectoria y esa gran labor son las que han sido reconocidas por el jurado al concederle este Premio Europeo Carlos V.

Enhorabuena, Marcelino, y muchas gracias por tu gran aportación y dedicación al proyecto europeo; al que sigues dedicando –me consta− mucho tiempo, con tus reflexiones y tu pasión intelectual.

Señoras y señores,
Este año conmemoramos, además, otras efemérides ligadas al proyecto europeo que sería inexcusable omitir en el día de hoy:

− El 25 de marzo de 1957, hace 60 años, se firmaron los Tratados de Roma, que significaron el inicio oficial de un compromiso compartido a favor de la paz. Nació como un proyecto económico, es cierto, pero los europeos, conscientes de la importancia del mismo, decidieron dar un paso adelante y convertirlo en un proyecto político de y para los ciudadanos, lo que se materializó en el Tratado de Maastricht firmado hace 25 años. A lo largo de estas seis décadas se han adherido nuevos países que supieron ver y reconocer los beneficios de trabajar y convivir juntos en pro del interés común. Enseguida se demostró que los logros alcanzados por el conjunto de los socios eran mayores que la suma de los resultados conseguidos individualmente por las partes.

− Se cumplen también 30 años del lanzamiento del Programa Erasmus, que ya conmemoramos el año pasado cuando le fue concedido el Premio Europeo Carlos V a su impulsora, Sofía Corradi. El Erasmus sigue avanzando y a él se suman muchos otros programas educativos promovidos por las Instituciones Europeas de los que se han beneficiado jóvenes estudiantes como los 16 que hoy están aquí presentes con sus profesores. O como el programa de becas de investigación y movilidad en estudios europeos, ligado al Premio Europeo Carlos V, al que hemos podido acercarnos a través del testimonio que anteriormente hemos escuchado de una de sus beneficiarias, Delia Manzanero. Todos estos programas nos demuestran la importancia de apostar por la educación y por la movilidad.

Señoras y señores,
Por otra parte, nuestra historia y nuestra cultura compartidas con los países iberoamericanos otorgan a España –junto a Portugal− una responsabilidad adicional: la de facilitar, apoyar y fomentar las relaciones entre la Unión Europea e Iberoamérica, tan dignamente representadas hoy aquí por el Sr. Presidente del Parlamento Europeo, Don Antonio Tajani, y por la Sra. Secretaria General Iberoamericana, Doña Rebeca Grynspan.

Es esta una labor en la que contamos muy especialmente con Extremadura, por su compromiso europeo y por su vocación iberoamericana demostrada a lo largo de toda su historia. Por ello, y por iniciativa de la Junta de Extremadura, la Fundación Academia Europea de Yuste pasará a ser la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, que tendrá como misión adicional  la de convertirse en un punto de conexión que refuerce las ideas y los proyectos de acercamiento entre Europa e Iberoamérica, iluminado por los valores de lealtad, de respeto por las respectivas identidades, de beneficio mutuo y de solidaridad. Y tendrá como objetivos los de contribuir a la promoción de la democracia y el respeto a los derechos humanos, y al fomento de la paz y la concordia internacional.

Enhorabuena por este salto cualitativo que, además, engarza tan acertada y simbólicamente con la figura de Carlos V, el Monarca que ligó a través de España los más amplios territorios del Viejo y del Nuevo Mundo, y que eligió este lugar extremeño, en el vergel cacereño de La Vera, como retiro y donde guardar en paz sus últimos días en este Monasterio de Yuste.

Autoridades, estudiantes, señoras y señores,
La Unión Europea ha sabido luchar y superar numerosos desafíos de los que siempre ha salido fortalecida. No obstante, es evidente que no podemos confiarnos, conformarnos y esperar a que los problemas se resuelvan por si solos. Se requiere un mayor impulso político por parte de todos y un esfuerzo equiparable a las circunstancias y retos que tenemos por delante, como ya se ponía de manifiesto en la Declaración Schumann.

Ante el Parlamento Europeo pude subrayar el hecho de que somos europeos porque somos españoles. Nuestro deber es apoyar y defender el proceso de integración para que La Unión sea más fuerte y pueda hacer frente a los desafíos globales. Debemos continuar promoviendo en el mundo los valores democráticos y los derechos humanos que compartimos con el objetivo de seguir siendo un modelo de inspiración para todos aquellos que desean libertad, democracia, prosperidad, seguridad, igualdad y, en definitiva, un mundo mejor. Solo si permanecemos unidos podremos lograrlo y superar los desafíos e incertidumbres que amenazan la paz y la estabilidad tanto en Europa como a nivel mundial.

Los beneficios para la sociedad española de nuestra pertenencia a la Unión Europea son obvios e indiscutibles, al igual que es firme nuestro compromiso con ella. La Unión es un referente de libertad y progreso al tiempo que parte de nuestro mismo proyecto nacional. Y para fortalecerla insisto debemos trabajar todos unidos: instituciones, organizaciones, empresas, universidades, países, regiones, municipios, asociaciones, fundaciones y ciudadanos.

Y tenemos el deber de ser realistas, el deber de pensar en el bien común y el interés general. Por ello, hemos de reforzar nuestra confianza en el proyecto europeo, mejorándolo, renovándolo inteligentemente, potenciando nuestra creatividad y participando de manera activa y constructiva sobre la base de nuestros valores comunes y compartidos. De esta manera, continuaremos desarrollando nuestro espíritu europeo en torno a nuestra identidad común, y Europa tendrá el alma a la que aludía Jaques Delors. Juntos si lo lograremos.

Muchas gracias.

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