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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de la XXXIV edición de los Premios Internacionales de Periodismo "Rey de España" y la XIII edición del Premio "Don Quijote" de Periodismo

Madrid, 27.03.2017

A​hora que, como ya saben, esta Casa conmemora su 25 Aniversario, me alegra que celebremos aquí este año la nueva edición de los Premios Internacionales de Periodismo Rey de España que hoy nos convocan; tanto por ese vínculo tan especial que tienen con el espacio iberoamericano, como porque Casa de América se ha mostrado siempre abierta a todos con el ánimo y el objetivo de ser un punto de encuentro permanente, en España, para todo lo relativo a nuestra relación con nuestros hermanos de América.

Las tres ediciones que he tenido el gusto y el honor de presidir me permiten de sobra apreciar que estos premios, concedidos por primera vez en 1983, marcan un verdadero hito en el periodismo iberoamericano, por su larga trayectoria, por su ámbito y pluralidad, y por la calidad de sus galardonados; lo cual nos da una idea de su solera y, como hemos visto, de su evolución tan positiva a través de las 34 ediciones celebradas hasta el día de hoy.

Por su parte, el Premio Don Quijote de Periodismo, que valora la calidad lingüística de trabajos periodísticos escritos en español y que fue creado con ocasión de la conmemoración del IV Centenario de la primera edición de El Quijote, en 2004, acaba de superar el umbral de otro gran aniversario cervantino: el que corresponde a los 400 años de la muerte de su autor.

En estos 34 años transcurridos desde aquella 1ª edición del “Rey de España”, el periodismo ha evolucionado acompañando, naturalmente, el desarrollo de las sociedades, de sus medios de comunicación y de la demanda informativa de los ciudadanos. Basta echar una mirada a las diferentes categorías −en esta convocatoria son casi una decena− para darnos cuenta de una pluralidad que alude, por un lado, a la propia evolución de los medios de comunicación, con la aparición de nuevos soportes que van surgiendo con el tiempo -de ahí el periodismo digital-, y, por otro, a las nuevas temáticas o contenidos que en cada momento suscitan el interés de las personas a partir de las nuevas sensibilidades sociales.

El primer factor -los nuevos medios de comunicación- nos lleva a entrar en una distinción relevante entre “información” y “comunicación” porque los nuevos canales o herramientas creados gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías han generado realmente un nuevo “espacio comunicacional”.

Un espacio que no tiene fronteras y que, literalmente, conecta a miles de millones de personas en todo el mundo; que amplía el alcance de nuestro interés y capacidad de saber y conocer, pero que también nos expone, como se ha dicho antes, a nuevos riesgos y retos, a nuevas ambiciones e incertidumbres, que de tantas maneras nos ponen nuevamente a prueba ante la historia y ante el futuro, como individuos, como sociedades organizadas y como humanidad, para seguir avanzando en la senda deseada de progreso y bienestar.

Esta realidad extraordinaria y apasionante nacida con la revolución digital es una de las expresiones más palpables de esa globalización que va pasando rápidamente de lo virtual a lo real, a lo tangible. Pero lo cierto es que la interconectividad generalizada, que es un paso de gigantes en la historia de la Humanidad, tiende lógicamente por su propia naturaleza a incursionar o penetrar en todos los ámbitos. Y, por supuesto, el campo de la información no sólo no es una excepción sino, probablemente, uno de los terrenos en los que esta realidad se expande con mayor libertad y rapidez.

Por eso es tan importante tener presente que esas nuevas formas de comunicación y de trasmisión de la información, inciden e influyen sin duda, como antes, en la opinión individual de las personas y en la colectiva de las sociedades, pero ahora –además, de una manera inmediata y sin tiempo apenas de reflexión; porque al tiempo que nos “facilitan” estar más informados, también nos “exigen” una mayor sofisticación y un mejor criterio para seleccionar, filtrar y, efectivamente, estar mejor informados. Y ahí es donde es crucial, nuevamente, el papel del Periodismo, del periodista.

nuevas formas de comunicación y de trasmisión de la información, inciden e influyen sin duda, como antes, en la opinión individual de las personas y en la colectiva de las sociedades, pero ahora –además, de una manera inmediata y sin tiempo apenas de reflexión; porque al tiempo que nos “facilitan” estar más informados, también nos “exigen” una mayor sofisticación y un mejor criterio para seleccionar, filtrar y, efectivamente, estar mejor informados. Y ahí es donde es crucial, nuevamente, el papel del Periodismo, del periodista. Pero el periodismo, para ser tal, necesita regirse además por los firmes valores que representan la veracidad, el rigor, el contraste de la información, la profesionalidad, la imparcialidad y la responsabilidad que son, definitivamente, el fundamento de la libertad de información. Y estos valores o principios ni son nuevos ni deben verse comprometidos nunca por la aceleración o la tecnificación.

Pero el periodismo, para ser tal, necesita regirse además por los firmes valores que representan la veracidad, el rigor, el contraste de la información, la profesionalidad, la imparcialidad y la responsabilidad que son, definitivamente, el fundamento de la libertad de información. Y estos valores o principios ni son nuevos ni deben verse comprometidos nunca por la aceleración o la tecnificación.

El otro factor de pluralidad de estos Premios que he mencionado es el que se refiere a las nuevas temáticas que despiertan o captan el interés de las personas por su importancia en la actualidad y su incidencia en la vida de hombres y mujeres. Es el caso, por ejemplo, del medio ambiente y el desarrollo sostenible, una cuestión específica que constituye una de las categorías de estas distinciones.

Pero bien podríamos mencionar muchas otras que no figuran como categorías específicas pero que también son objeto de atención del periodismo en español o portugués: la innovación tecnológica, que cada vez afecta más a todo en nuestras vidas; la economía circular; la nutrición y la salud preventiva, las fronteras del conocimiento científico, la cultura trasnacional, las nuevas corrientes migratorias, la seguridad o más concretamente la cyberseguridad, o la geopolítica moderna ante la nueva era tecnológica e hiperconectada en la que ya estamos inmersos...y muchas más.

Todas son de interés creciente o incluso fuente de preocupación, como todas las evoluciones humanas y de nuestro planeta; y, a lo que es pertinente hoy aquí, objeto de creciente dedicación, con profesionalidad y rigor, por parte del periodismo en español y portugués con visión y ambición de influencia globales.

Me he referido también al ámbito geográfico de los Premios que se ha visto claramente reflejado en su evolución. Efectivamente, los Premios Internacionales de Periodismo Rey de España nacieron iberoamericanos y vinculados a algunos países afines pero, tras la modificación de sus bases en la anterior edición, hoy abarcan además la totalidad de los Estados de lenguas española y portuguesa del mundo, sin excepciones. Por lo que podemos decir que son, posiblemente, los primeros galardones que tienen como referencia principal el entero espacio intercontinental de países de lenguas ibéricas.

Un espacio que sienta sus bases en la afinidad y la alta comprensión recíproca entre quienes hablamos una u otra lengua, y que nos permite reconocer la existencia de una gran área lingüística compuesta por una treintena de países de todos los continentes y por más de 750 millones de personas hispanohablantes y lusófonas. Un ámbito que acoge también en su seno manifestaciones e identidades culturales y lingüísticas diferentes, como se refleja igualmente en estos galardones.

La calidad de los galardonados es el otro factor que distingue a nuestros Premios y sobre el que no me quiero extender, porque es evidente que todos los que consiguieron este reconocimiento en anteriores ediciones -y los que hoy han sido premiados- han obtenido la merecida distinción por una obra y una excelencia contrastadas. Felicidades de corazón a todos ellos.

El Premio Don Quijote de Periodismo, como hemos recordado, valora la calidad lingüística de trabajos periodísticos escritos en español y nos permite subrayar la importancia del buen empleo del idioma, que es una exigencia universal para la cultura, la ciencia y los medios de comunicación, y que adquiere hoy una importancia extraordinaria. Enhorabuena también a nuestro premiado “Don Quijote”, Arturo Pérez-Reverte, pues en todo momento debemos cuidar al máximo −como él hace− el principal instrumento para la comunicación y la información, que es el mismo idioma.

En este sentido, no quiero dejar de subrayar la gran labor de la Agencia EFE, como principal agencia de noticias en español del mundo, por el buen hacer de sus profesionales y el ejemplo que aportan como servicio público más allá de fronteras, geográficas e idiomáticas, nacionales y continentales.

Y termino ya estas palabras poniendo el mayor énfasis en la importancia del quehacer periodístico, una tarea que pone de relieve el mérito de los premiados de hoy y del conjunto de la profesión a la que representan.

Muchas gracias.

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