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Palabras de S.M. el Rey en la inauguración del XIX Congreso Nacional de la Empresa Familiar

Palacio de Exposiciones y Congresos de A Coruña , 17.10.2016

Muchas gracias por vuestra bienvenida a Galicia y A Coruña, y por invitarme nuevamente a este encuentro anual al que, como en ocasiones anteriores, me alegra mucho poder acudir porque, además de acompañaros y de continuar apoyando vuestra labor en los congresos y en el propio IEF, de escuchar vuestros análisis, reflexiones y preocupaciones, me permite –nos permite a todos− reunirnos en diferentes lugares de España, acercarnos a la realidad de la EF en ellos y disfrutar de su hospitalidad, como hoy hacemos de la coruñesa y gallega.

Efectivamente después de quince años, tras celebrarse entonces en Santiago de Compostela, vuelve a Galicia, a esta magnífica ciudad de A Coruña. El XIX Congreso que hoy iniciamos tiene como lema “Crecimiento con raíces”; por eso encuentra en esta querida tierra gallega un lugar y un entorno tan idóneos.

Galicia é terra de xentes emprendedoras e traballadoras, orgullosas das súas raíces; xentes que sempre deron exemplo –aquí mesmo, no resto de España e no mundo enteiro– da súa laboriosidade e do seu bo facer.

Pero con casi dos décadas de trabajos y debates, no hay duda de que en ese tiempo trascurrido −y ya desde hace muchas ediciones− el Congreso Nacional de la Economía Familiar ha adquirido una tradición y un prestigio muy relevantes. Son ya diecinueve las ediciones de una iniciativa por la que el Instituto de la Empresa Familiar merece el mayor reconocimiento. Gracias por ese esfuerzo continuado y por la vocación de servir, de ser útiles más allá del interés propio o corporativo. Muchas felicidades a los profesionales, a los empresarios familiares, al IEF, que, con tesón y trabajo, hacen posible esta cita de tan alto interés.

La empresa familiar ha apostado tradicionalmente por un crecimiento estable y sostenible cimentado en la cultura del esfuerzo y el coraje para afrontar los retos y aprovechar bien las oportunidades. Esa estabilidad en el crecimiento, junto a la transmisión generacional han sido sinónimos de permanencia, de duración en el tiempo, como lo demuestra la existencia de numerosas empresas centenarias, muchas de ellas representadas hoy aquí, que encarnan los mejores valores de la empresa familiar.

Al realizar esta justa valoración de la empresa familiar, es fundamental transmitir al conjunto de la sociedad esos principios, de modo que no solo se incentiven el emprendimiento y el trabajo, sino que se subraye asimismo la imagen del empresario como fundamental generador de empleo y de bienestar general.

Claro que para el bien de todos, de nuestra economía y bienestar, es necesario seguir avanzando y aplicando medidas que dinamicen e impulsen el crecimiento de las empresas familiares, con sus especiales características y condicionantes.

Porque la dimensión familiar tiene un impacto positivo y significativo en la competitividad de las compañías que, generalmente, se asocia a su capacidad de internacionalizarse, de innovar, de formar capital humano, de acceder a la financiación y, en suma, de superar con mayor solvencia los periodos de crisis. Las empresas más estables, y más grandes, dan solidez al conjunto de la economía con contribuciones tan esenciales como la creación de empleo más estable, una cultura de mayor vinculación o identificación de los empleados con la empresa y sus directivos o la correspondiente –y necesaria− aportación a las arcas públicas.

Porque la dimensión familiar tiene un impacto positivo y significativo en la competitividad de las compañías que, generalmente, se asocia a su capacidad de internacionalizarse, de innovar, de formar capital humano, de acceder a la financiación y, en suma, de superar con mayor solvencia los periodos de crisis. Las empresas más estables, y más grandes, dan solidez al conjunto de la economía con contribuciones tan esenciales como la creación de empleo más estable, una cultura de mayor vinculación o identificación de los empleados con la empresa y sus directivos o la correspondiente –y necesaria− aportación a las arcas públicas.

Sé que deciros esto es predicar entre convencidos, pero comparto con vosotros ese convencimiento de que es muy importante que impulsemos una mayor concienciación sobre la importancia de la empresa familiar como pilar económico, y sobre la necesidad de profundizar en su estudio y diagnóstico. Este interés, siendo real y creciente, viene limitado, sin embargo, por una cierta carencia de datos estadísticos y por la diversidad de definiciones utilizadas para estudiar la empresa familiar, como he podido señalar en otras ediciones de este Congreso.

En este sentido, me alegra subrayar que gracias a los esfuerzos del IEF y el European Family Businesses al que pertenece, las Instituciones Comunitarias han comenzado a trabajar en el reconocimiento de la empresa familiar, reafirmando su papel como agente económico de gran importancia. Y en España, el Instituto Nacional de Estadística ha comenzado a desarrollar un estudio piloto sobre empresas familiares, el primero en esta materia desde su creación.

Además, quiero destacar la iniciativa del IEF que, con la red de Cátedras de Empresa Familiar, está trabajando en la elaboración de otros importantes estudios que permitirán analizar las características específicas de las empresas familiares y su comportamiento a lo largo de la crisis. Estos documentos suponen un análisis riguroso y exhaustivo que, por su metodología, es pionero en toda Europa. Mi enhorabuena a todos los que están contribuyendo a su elaboración.

Permitidme que me extienda un poco, para mencionar brevemente algunas de sus principales conclusiones. Pueden proporcionarnos una muy buena fotografía de la situación e importancia de la empresa familiar en nuestro país. Son las siguientes:

Por un lado, las empresas familiares son la columna vertebral de la economía española ya que representan, de manera directa, cerca del 90% de las empresas totales, al tiempo que generan el 60% de la producción total y emplean a casi el 70% de los trabajadores privados. Esto sin tener en cuenta a los autónomos, una fuerza fundamental de nuestra economía que merece el mayor elogio y todo el apoyo. Las empresas familiares muestran además un especial compromiso social y territorial, y atienden de manera singular al mantenimiento del empleo incluso a costa de perder competitividad. Pensemos en las pymes, que constituyen el grueso de nuestro tejido productivo y son las más afectadas por la crisis.

En relación con el endeudamiento, es importante destacar igualmente que las empresas familiares presentan ratios de endeudamiento menores que las no familiares. Se puede afirmar que, en general, el empresario familiar tiende a apostar por un crecimiento con recursos propios, optando de manera moderada por la financiación externa y siempre como elemento para incrementar su productividad.

Debe destacarse, asimismo, la mayor antigüedad relativa de las empresas familiares. Su longevidad es especialmente alta, muy por encima del promedio del resto de las empresas españolas. En cuanto a la participación femenina en los órganos de gestión de las compañías familiares, hay que decir también que es mayor que la de las empresas no familiares, tanto en la posición de altos directivos como en los Consejos de Administración.

Y respecto a la competitividad y la internacionalización, la principal conclusión es la importancia del tamaño y el crecimiento empresarial, que está asociado a mejoras en la planificación, la innovación, la internacionalización y las estrategias empresariales.

En definitiva, las conclusiones de estos estudios nos ayudan a ver con mayor exactitud y claridad el inmenso valor de la empresa familiar, algo que no es desconocido pero que siempre es importante cuantificar, concretar y precisar. Con ello −insisto−, es fundamental transmitir bien al conjunto de la sociedad la aportación que estas empresas desarrollan en materia de creación de riqueza y generación de puestos de trabajo; unas empresas que, como sugiere el lema del Congreso, crecen desde esas profundas raíces que les ayudan a llegar más alto.

Declaro inaugurado el XIX Congreso de la Empresa Familiar.

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