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Palabras de Su Majestad el Rey en la clausura del Congreso Anual de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos

Madrid, 21.06.2016

Gracias por vuestra invitación para presidir un año más la clausura del congreso de CEDE, el decimoquinto al que tengo la satisfacción de asistir (Creo al menos podría considerarme directivo o ejecutivo a título honorífico…!).

Aprecio de verdad esta oportunidad que me ofrecéis de acompañaros en los momentos finales de vuestra cita anual, porque me permite, por un lado, cumplir mi deseo de transmitiros mi apoyo, mi ánimo para continuar la senda de excelencia al frente de las empresas y las instituciones en las que os encuadráis como profesionales, lo cual ―dicho sincera y simplemente― es siempre necesario y también bueno para todos; Y por el otro, me permite ―aunque sea poco tiempo― escucharos y conoceros mejor, saber más y directamente sobre vuestras propuestas e iniciativas en esto de la acción directiva; pero también, naturalmente, sobre vuestras preocupaciones.

Así que felicidades por este nuevo ejercicio de reflexión y debate ―de impulso― tan necesario, porque con él contribuís mucho más de lo que quizás seáis conscientes, al desarrollo de nuestra economía, al mayor bienestar de nuestra sociedad y al progreso de España. Como Rey, como Jefe del Estado, os lo quería decir públicamente, porque así lo creo y porque pudiera no ser muy objetivo que lo dijérais vosotros.

A lo largo de vuestra trayectoria habéis tratado distintas cuestiones relacionadas con la acción directiva y ejecutiva ─como la esencial de los “valores del directivo” que abordasteis el año pasado─. Sin embargo, siempre habéis prestado una atención especial a la internacionalización y, desde vuestra perspectiva profesional específica, a la necesidad de proyectar la acción directiva más allá de nuestros mercados locales. En el contexto actual, según he observado ya unos cuantos años ―y aprendido de muchos aquí presentes―, la mejor actitud directiva es la que tiene en cuenta la importancia del binomio innovación-internacionalización y los factores económicos, sociales o geopolíticos que inciden y determinan su evolución.

En este Congreso habéis podido debatir sobre las expectativas tecnológicas más inmediatas y los riesgos y oportunidades que se vislumbran. Habéis podido conocer igualmente los logros alcanzados en materia de internacionalización, incluyendo el hecho de que las nuevas oportunidades deberán buscarse, seguramente, en mercados menos frecuentados que los hoy conocidos. Ello exigirá, sin duda, renovar el modo de liderar las empresas, activar la imaginación a la hora de emprender proyectos, y demostrar creatividad y capacidad de anticipación ante imprevisibles escenarios de futuro.

el esfuerzo, el espíritu emprendedor, un profundo conocimiento de los entornos y de vuestra profesión… serán, junto a la capacidad inteligente de asumir riesgos, vuestras principales herramientas para lograr el éxito. Éxito, que lo será ―insisto― para todos: éxito para un mayor dinamismo económico, para una sociedad mejor ―más preparada y adaptada a los tiempos―, en la que una actividad empresarial potente y responsable, con una labor directiva especializada y solvente, contribuirán a generar riqueza y empleo en beneficio de toda la sociedad

La evolución tan rápida de acontecimientos, modelos y paradigmas  que estamos viviendo se refleja en casi todos los ámbitos, los científicos, tecnológicos, sociales y empresariales; y ello sin duda contribuye a despertar muchas incertidumbres sobre cómo acometer  la transición hacia unas economías casi plenamente “digitalizadas”, y sobre sus consecuencias. Estas incertidumbres son dudas también acerca de la continuidad de los modelos clásicos de negocio, de los gustos y comportamientos de nuevos y futuros consumidores, o de la estabilidad en el empleo y los requerimientos o capacidades necesarios para acceder a él.

Por ello son las nuevas generaciones ―esas que han adquirido conocimientos en un entorno globalizado, inestable y de avances acelerados― la que requieren también nuestra atención, nuestro esfuerzo y nuestra acción responsable. Y el marco que ofrece CEDE, en este congreso, permite a los jóvenes profesionales incrementar sus capacidades, pues cuentan con la colaboración, la experiencia y la transferencia de saberes que pueden aportar generosamente los más veteranos.

Los jóvenes son conscientes también de la presión a la que estarán  sometidos ―lo están ya―para actualizar, potenciar y pulir permanentemente sus conocimientos; lo son también del valor de las experiencias empresariales anteriores y de la importancia de aprender, tanto de los aciertos, como de los errores previos. Saben que para reforzar su empleabilidad habrán de demostrar que son capaces de resolver problemas complejos, de aplicar el pensamiento crítico y creatividad para encontrar soluciones a los problemas, para generar más oportunidades con resultados tangibles.

La senda de la empleabilidad para los futuros directivos no es muy distinta de la que tendréis que transitar ya mismo los actuales ejecutivos para seguir dirigiendo competitiva y competentemente vuestros negocios. Pero todos, en definitiva, habréis de demostrar siempre capacidad de adaptación y de innovar ante el futuro. De manera que el esfuerzo, el espíritu emprendedor, un profundo conocimiento de los entornos y de vuestra profesión… serán, junto a la capacidad inteligente de asumir riesgos, vuestras principales herramientas para lograr el éxito.

Éxito, que lo será ―insisto― para todos: éxito para un mayor dinamismo económico, para una sociedad mejor ―más preparada y adaptada a los tiempos―, en la que una actividad empresarial potente y responsable, con una labor directiva especializada y solvente, contribuirán a generar riqueza y empleo en beneficio de toda la sociedad.

Termino ya. Todo mi reconocimiento a CEDE por la gran labor que desarrolla en el ámbito de la función directiva y ejecutiva, y mis deseos de mucho éxito tanto a los profesionales que participáis en este Congreso, como a todos los los directivos y ejecutivos de España. Tengamos siempre presente que el éxito de nuestras empresas es deudor tanto del trabajo profesional y diligente de sus directivos y de sus trabajadores, como de la excelencia del conjunto de todos ellos.

Con estas palabras, declaro clausurado el Congreso de CEDE 2016 Directivos sin fronteras.

Muchas gracias.

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