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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de los Premios Carles Ferrer Salat y de las Medallas de Honor de Foment del Treball

Sede de Foment del Treball Nacional. Barcelona, 11.12.2014

Permeteu-me que comenci amb el fet que aquesta nit és la primera ocasió que tinc de venir a Barcelona des de la meva proclamació com a Rei. No a Catalunya, en canvi, perquè vaig estar a Girona pocs dies desprès del dinou de juny. I fa gairebé una setmana a Martorell. Una ciutat, Barcelona, a la qual sempre la Corona, i la Família Reial, s’ha sentit molt unida.

Molt bona nit, es un plaer molt especial tornar sempre a Barcelona.

Foment del Treball ens convoca avui a Barcelona al lliurament dels Premis Carles Ferrer Salat així com a les seves Medalles d’Honor. Uns guardons molt lligats a aquesta terra, que rendeixen homenatge als millors valors empresarials; també a la generositat i a l’esforç; a la voluntat i l’exercici de lideratge; a la capacitat d’innovació.

Lligada a la història de Catalunya, i d’aquesta manera a la de tot el nostre país, Foment és la patronal més antiga d’Espanya, i també ho és d’Europa. Va ser creada fa 240 anys pel rei Carles III, i al llarg d’aquests prop de dos segles i mig ha desenvolupat una tasca molt remarcable, perseverant i eficaç en defensa de l’empresa, de la iniciativa privada i de la vitalitat econòmica. Per això és per a mi un honor especial rebre aquesta Medalla d’Honor que m’heu concedit. És un reconeixement que m’omple d’orgull i que us agraeixo molt sincerament.

Enhorabona també a tots els guardonats: A l’Autoescola Hoy-Voy, a GAES, a Girbau Group i a Áreas Societat Anònima amb els Premis Carles Ferrer Salat; i a Carlos Bonomi i a Mariano Puig amb les Medalles d’Honor. Us felicito i us animo a continuar fomentant les actituds i assolint les fites per les quals us heu fet mereixedors d’aquests guardons.

Senyores i Senyors,

El nom de Carles Ferrer Salat ens evoca avui a una reflexió sobre allò que hem assolit els espanyols, que és moltíssim en els darrers quaranta anys; per no parlar més enllà d’aquest període, de la nostra llarga història. I per tant ens fa recordar cóm era l’Espanya en la qual ell va començar a desenvolupar la seva activitat professional i pública, l’Espanya per la qual va lluitar i la que hem assolit entre tots.

Des del començament de la Transició Democràtica i al llarg de la seva trajectòria vital, Ferrer Salat va projectar amb força, intel.ligència i eficàcia el seu compromís amb Espanya i un sentit d’Estat que només es pot entendre des de la lleialtat a la seva catalanitat més profunda.

En las casi cuatro décadas que han transcurrido desde que Ferrer Salat asumió la presidencia de esta institución, España ha conseguido un progreso económico que debemos y es justo reconocer.

En este sentido, los principales indicadores de nuestro desarrollo económico y social revelan la enorme y profunda  transformación de la economía española en las últimas décadas.

Pese a los efectos de la crisis económica, hoy somos la 5ª mayor economía de la UE y la número 13 del mundo por su volumen. España es el 11º inversor mundial y el 2º en Latinoamérica, sólo por detrás de EEUU. Desde el año 1978 hasta el año 2013, hemos aumentado nuestro PIB en un 112% y en un 68% nuestra renta per cápita. Hoy, el acceso universal a la sanidad y a la educación, son una realidad.

Vosotros, como empresarios, sabéis también cómo se ha producido el proceso de maduración e internacionalización de las empresas españolas en los últimos años. Hoy, muchas de ellas son líderes mundiales en sectores de gran valor añadido y están preparadas para competir al más alto nivel y en cualquier parte del mundo.

Todo ello pone de relieve que, pese a la difícil situación económica, somos un país mucho más sólido, mucho más potente y con mucho más vigor de lo que muchas veces pensamos. Siempre a partir de la exigencia, esto es importante saberlo o recordarlo.

Además, no se puede desligar ese progreso de la plena inserción de España en el ámbito internacional, que es también una obra realizada en los últimos decenios:

-Hoy somos parte esencial y protagonistas activos del gran proyecto que es Europa;

-Compartimos con nuestros socios de la OTAN la defensa de los valores de nuestra civilización y disfrutamos por ello de una seguridad geopolítica indudable;

-Estamos presentes en casi todas las instituciones internacionales, ocupando puestos de la mayor responsabilidad en el concierto y gobernanza de las Naciones, como por ejemplo en el CSNU dentro de pocos días;

-Tenemos una posición privilegiada por historia y cercanía con el Mediterráneo;

-Y compartimos lengua, cultura, afectos e intereses con más de 600 millones de iberoamericanos.

Tenemos en suma, una dimensión global y somos un actor global.

Todas estas realizaciones no podrían entenderse sin la estabilidad política y la paz social -imprescindibles para la modernización de nuestro país- que nos ha proporcionado  nuestro marco de convivencia constitucional.

Un marco que ha hecho posible también el reconocimiento, la protección y el desarrollo de la diversidad cultural, territorial y política de toda España; y que tiene en el respeto al Estado de Derecho la garantía para nuestra convivencia en libertad. Y garantizar nuestra convivencia en paz y libertad es -como señalé en mi discurso de proclamación el pasado mes de junio- una responsabilidad ineludible de todos los poderes públicos; es la primera responsabilidad de todas las instituciones.

Recordar pues, los logros alcanzados, es necesario para que no caigan en un injusto olvido. Es necesario también valorarlos; tener conciencia de que su extraordinario valor reside en que han sido posibles porque los hemos hecho juntos todos los españoles; de que han sido posibles gracias al espíritu, a la voluntad y al esfuerzo de muchas personas que entendieron que ese, y no otro, era el camino de progreso que debía recorrer la sociedad, y -entendieron también- que el progreso es siempre fruto del esfuerzo, del sacrificio y del compromiso colectivo.

No podemos, sin embargo, caer en la autocomplacencia, sino, por el contrario, reconocer también los problemas, los errores, lo que no se ha hecho bien, e identificar con previsión los nuevos retos que tenemos por delante.

La sociedad demanda que los poderes públicos gestionen ante todo la resolución de la crisis económica; y especialmente que se siga luchando contra el desempleo que lastra el futuro de muchos ciudadanos, de muchos jóvenes y también de muchas familias.

Necesitamos también afianzar un modelo económico sostenible y estable, que afronte con eficacia los ciclos, que dé seguridad a los ciudadanos y que garantice nuestro Estado de bienestar. Precisamos también afrontar las consecuencias de la revolución digital y adaptar nuestra estructura productiva a los rápidos avances de la ciencia y de la técnica. Debemos seguir profundizando en la integración económica y política con nuestros socios europeos.

Estos y otros muchos son algunos de los retos y problemas que afectan a los ciudadanos. Y, como hicimos hace décadas, debemos abordarlos juntos, con el mismo espíritu de colaboración, cooperación y solidaridad.

Hoy más que nunca es necesario unir fuerzas y estrategias. Todos somos necesarios pues es cada vez más evidente que no podemos encontrar respuestas de forma aislada; que son más imprescindibles que nunca las visiones compartidas que permitan respuestas conjuntas a desafíos globales; y que no podemos permitirnos el debilitamiento o la división porque el mundo camina hacia una mayor integración, como consecuencia de la interdependencia que define a nuestras sociedades y a nuestras economías.

Senyores i Senyors,

Fa 200 anys va nèixer a Reus Juan Prim i Prats, un català excepcional que va viure la seva intensa i extraordinària vida guiat per un patriotisme irreductible que va dedicar amb generositat a Espanya sencera. Un home d'Estat amb alçada, amb una visió de grandesa i un esperit de sacrifici que avui ens sorprèn a tots i que va saber combinar amb intel.ligent pragmatisme. Un gran espanyol, lleial a la seva terra i sempre al servei del seu país, del que va arribar a ser President del Consell de Ministres.

Com ara molts altres fills d'aquesta terra, Prim fou expressió viva del seny, que és molt més que sentit común: és una visió de la vida i del comportament que aplega intel.ligència, moderació, grandesa, generositat i realisme; una actitud que, des de la conciència i el compromís individual, es posa al servei dels  demés, al servei de tota la col.lectivitat.

Prim, com molts altres catalans, va entender el paper fonamental que Catalunya sempre ha exercit en l'esdevenir del conjunt d'Espanya pel seu esperit de vanguàrdia, la seva capacitat de lideratge i la seva visió de futur; i va entendre també que els millors moments de Catalunya, aquells en els quals es reconeix millor a si mateixa i més engrandeix als seus homes i dones, coincideixen invariablement amb els millors períodes de tot Espanya.

Recordar los logros alcanzados es necesario para que no caigan en un injusto olvido. Es necesario también valorarlos; tener conciencia de que su extraordinario valor reside en que han sido posibles porque los hemos hecho juntos todos los españoles; de que han sido posibles gracias al espíritu, a la voluntad y al esfuerzo de muchas personas que entendieron que ese, y no otro, era el camino de progreso que debía recorrer la sociedad, y -entendieron también- que el progreso es siempre fruto del esfuerzo, del sacrificio y del compromiso colectivo

Des d'aquestes premisses han estat escrites algunes de les millors pàgines de la nostra  història. Aquestes  premisses són les mateixes que, des del millor esperit de concòrdia fraternal, han de seguir guiant i guiaran els passos  del nostre país.

Moltes gràcies.

[Traducción a castellano]

Permitidme que comience con el hecho de que esta noche es la primera ocasión que tengo de venir a Barcelona desde mi proclamación como Rey. No en Cataluña, porque estuve en Girona pocos días después del diecinueve de junio. Y hace casi una semana en Martorell. Una ciudad, Barcelona, a la que siempre la Corona, y la Familia Real, se ha sentido muy unida.

Muy buena noche, es un placer muy especial volver siempre a Barcelona.

Foment del Treball nos convoca hoy en Barcelona a la entrega de los Premios Carles Ferrer Salat así como a sus Medallas de Honor. Unos galardones muy ligados a esta tierra que rinden homenaje a los mejores valores empresariales; también a la generosidad en el esfuerzo; a la voluntad y el ejercicio del liderazgo; a la capacidad de innovación.

Ligada a la historia de Cataluña y, de este modo, a la de todo nuestro país, Foment es la patronal más antigua de España, y también lo es de Europa. Fue creada hace 240 años por el Rey Carlos III, y durante estos casi dos siglos y medio ha desarrollado una labor muy encomiable, perseverante y eficaz en defensa de la empresa, de la iniciativa privada y de la vitalidad económica. Por ello supone para mí un honor especial recibir esta Medalla de Oro que me habéis concedido. Es un reconocimiento que me llena de orgullo y que os agradezco muy sinceramente.

Enhorabuena también a todos los galardonados: a la Autoescuela Hoy-Voy, a GAES, a Girbau Group y a Áreas S.A. con los Premios Carlos Ferrer Salat; y a Carlos Bonomi y a Mariano Puig con las Medallas de Honor. Os felicito y os animo a que sigáis cultivando las actitudes y alcanzando los logros por los que os habéis hecho merecedores de estas distinciones. 

Señoras y Señores,

El nombre de Carlos Ferrer Salat nos evoca hoy a una  reflexión sobre lo que juntos hemos conseguido los españoles, que es muchísimo, en los últimos cuarenta años; por no hablar de más allá de ese periodo, de nuestra larga historia. Y por tanto nos hace recordar cómo era la España en la que él comenzó a desarrollar su actividad profesional y pública, la España por la que luchó y la que hemos logrado entre todos.

Desde el inicio de la Transición Democrática y durante toda su trayectoria vital, Ferrer Salat proyectó con fuerza, inteligencia y eficacia su compromiso con España y un sentido de Estado que solo puede entenderse desde la lealtad a su catalanidad más profunda.

En las casi cuatro décadas que han transcurrido desde que Ferrer Salat asumió la presidencia de esta institución, España ha conseguido un progreso económico que debemos y es justo reconocer.

En este sentido, los principales indicadores de nuestro desarrollo económico y social revelan la enorme y profunda  transformación de la economía española en las últimas décadas.

Pese a los efectos de la crisis económica, hoy somos la 5ª mayor economía de la UE y la número 13 del mundo por su volumen. España es el 11º inversor mundial y el 2º en Latinoamérica, sólo por detrás de EEUU. Desde el año 1978 hasta el año 2013, hemos aumentado nuestro PIB en un 112% y en un 68% nuestra renta per cápita. Hoy, el acceso universal a la sanidad y a la educación, son una realidad.

Vosotros, como empresarios, sabéis también cómo se ha producido el proceso de maduración e internacionalización de las empresas españolas en los últimos años. Hoy, muchas de ellas son líderes mundiales en sectores de gran valor añadido y están preparadas para competir al más alto nivel y en cualquier parte del mundo. 

Todo ello pone de relieve que, pese a la difícil situación económica, somos un país mucho más sólido, mucho más potente y con mucho más vigor de lo que muchas veces pensamos. Siempre a partir de la exigencia, esto es importante saberlo o recordarlo.

Además, no se puede desligar ese progreso de la plena inserción de España en el ámbito internacional, que es también una obra realizada en los últimos decenios:

-Hoy somos parte esencial y protagonistas activos del gran proyecto que es Europa;

-Compartimos con nuestros socios de la OTAN la defensa de los valores de nuestra civilización y disfrutamos por ello de una seguridad geopolítica indudable;

-Estamos presentes en casi todas las instituciones internacionales, ocupando puestos de la mayor responsabilidad en el concierto y gobernanza de las Naciones, como por ejemplo en el CSNU dentro de pocos días;

-Tenemos una posición privilegiada por historia y cercanía con el Mediterráneo;

-Y compartimos lengua, cultura, afectos e intereses con más de 600 millones de iberoamericanos.

Tenemos en suma, una dimensión global y somos un actor global.

Todas estas realizaciones no podrían entenderse sin la estabilidad política y la paz social -imprescindibles para la modernización de nuestro país- que nos ha proporcionado  nuestro marco de convivencia constitucional. Un marco que ha hecho posible también el reconocimiento, la protección y el desarrollo de la diversidad cultural, territorial y política de toda España. Y que tiene en el respeto al Estado de Derecho la garantía para nuestra convivencia en libertad. Y garantizar nuestra convivencia en paz y libertad es, como señalé en mi discurso de proclamación el pasado mes de junio, una responsabilidad ineludible de todos los poderes públicos. Es la primera responsabilidad de todas las instituciones.

Recordar los logros alcanzados es necesario para que no caigan en un injusto olvido. Es necesario también valorarlos; tener conciencia de que su extraordinario valor reside en que han sido posibles porque los hemos hecho juntos todos los españoles; de que han sido posibles gracias al espíritu, a la voluntad y al esfuerzo de muchas personas que entendieron que ese, y no otro, era el camino de progreso que debía recorrer la sociedad, y -entendieron también- que el progreso es siempre fruto del esfuerzo, del sacrificio y del compromiso colectivo.

No podemos, sin embargo, caer en la autocomplacencia, sino, por el contrario, reconocer también los problemas, los errores, lo que no se ha hecho bien, e identificar con previsión los nuevos retos que tenemos por delante.

La sociedad demanda que los poderes públicos gestionen ante todo la resolución de la crisis económica. Y especialmente que se siga luchando contra el desempleo que lastra el futuro de muchos ciudadanos, de muchos jóvenes y también muchas familias. Necesitamos también afianzar un modelo económico sostenible y estable, que afronte con eficacia los ciclos, que dé seguridad a los ciudadanos y que garantice nuestro Estado de bienestar. Precisamos también afrontar las consecuencias de la revolución digital y adaptar nuestra estructura productiva a los rápidos avances de la ciencia y de la técnica. Debemos seguir profundizando en la integración económica y política con nuestros socios europeos.

Estos y otros muchos son algunos de los retos y problemas que afectan a los ciudadanos. Y, como hicimos hace décadas, debemos abordarlos juntos, con el mismo espíritu de colaboración, cooperación y solidaridad. Hoy más que nunca es necesario unir fuerzas y estrategias. Todos somos necesarios pues es cada vez más evidente que no podemos encontrar respuestas de forma aislada; que son más imprescindibles que nunca las visiones compartidas que permitan respuestas conjuntas a desafíos globales. Que no podemos permitirnos el debilitamiento o la división porque el mundo camina hacia una mayor integración; que es consecuencia de la interdependencia que define a nuestras sociedades y a nuestras economías.

Señoras y señores,

Hace 200 años nació en Reus Juan Prim y Prats, un catalán excepcional que vivió su intensa y extraordinaria vida guiado por un patriotismo irreductible que dedicó con generosidad a España entera. Un hombre de Estado con altura, con una visión de grandeza y un espíritu de sacrificio que hoy nos asombran a todos y que supo combinar con inteligente pragmatismo. Un gran español, leal a su tierra y siempre al servicio de su país, del que llegó a ser Presidente del Consejo de Ministros.

Como muchos otros hijos de esta tierra, Prim fue viva expresión del seny, que es mucho más que sentido común: es una visión de la vida y del comportamiento que aúna inteligencia, moderación, grandeza, generosidad y realismo; una actitud que, desde la conciencia y el compromiso individual, se pone al servicio de los demás, al servicio de toda la colectividad.

Prim, como otros muchos catalanes, entendió el papel fundamental que Cataluña siempre ha desempeñado en el devenir del conjunto de España por su espíritu de vanguardia, su capacidad de liderazgo y su visión de futuro; y entendió también que los mejores momentos de Cataluña, aquellos en los que mejor se reconoce a sí misma y más engrandece a sus hombres y mujeres, coinciden invariablemente con los mejores periodos de toda España.

Desde estas premisas se han escrito algunas de las mejores páginas de nuestra historia. Estas premisas son las mismas que, desde el mejor espíritu de concordia fraternal, deben seguir guiando y guiarán los pasos de nuestro país.

Muchas gracias.

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