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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de los Premios Nacionales de Innovación y Diseño 2013

Museo de la Ciencia de Valladolid, 01.07.2014

Me alegra mucho que, en los comienzos de mi reinado, nos reunamos en Valladolid para celebrar y promocionar la Innovación y el Diseño en España a través de los Premios Nacionales que acabamos de entregar. Precisamente, hace muy pocos años tuve el honor de entregar el distintivo de Ciudad de la Ciencia y la Innovación a esta querida capital de Castilla y León que hoy nos acoge con tanto cariño. Os agradezco especialmente el recibimiento tan caluroso y entrañable que nos habéis dedicado a la Reina y a mí.

Sin duda estos galardones incentivan el progreso de un modo muy directo, porque su objetivo principal es reconocer la innovación y el diseño como elementos fundamentales para fomentar la competitividad y el crecimiento económico aportando calidad de vida a los ciudadanos. Justamente, en mi reciente mensaje de Proclamación, expresé a todos los españoles mi convicción de que la innovación, la capacidad creativa y la iniciativa emprendedora son actitudes imprescindibles para seguir construyendo la España del siglo XXI que todos deseamos.

Por ello, quiero subrayar que nuestra enhorabuena a los premiados no lo es solo por sus méritos propios —por la excelencia individual o empresarial que imprimen a su iniciativa innovadora o en el ámbito del diseño—, sino también por el servicio que prestan a las personas, al conjunto de la sociedad, y por el ejemplo que representan. Felicidades por estas distinciones que tan merecidamente habéis recibido y gracias por tomar las decisiones adecuadas para orientar vuestra actividad hacia una mayor contribución al bien común y al interés general.

Sin innovación y sin diseño un país no puede progresar, se estanca. La innovación y el diseño han dejado de ser opciones para nuestras sociedades y se han convertido en una necesidad para manejarnos en un mundo cada vez más global. En concreto, son activos esenciales de nuestra economía tanto para el mercado interno/doméstico, como ─aún más─ de cara a nuestra presencia internacional. Por ello, cada vez más y de forma progresiva, forman parte permanente de nuestra cultura empresarial.

Ambos aportan un valor añadido a las actividades productivas, a los bienes y servicios. Y las empresas que apuestan por impulsarlos se benefician, sin duda, de ventajas competitivas y de una mejor posición en el mercado. Diseñar e innovar contribuye, igualmente, a la creación de nuevos modelos de negocio al favorecer la aplicación de mejoras logísticas, comerciales o técnicas.

sin innovación y sin diseño un país no puede progresar, se estanca. La innovación y el diseño han dejado de ser opciones para nuestras sociedades y se han convertido en una necesidad para manejarnos en un mundo cada vez más global. En concreto, son activos esenciales de nuestra economía tanto para el mercado interno/doméstico, como ─aún más─ de cara a nuestra presencia internacional. Por ello, cada vez más y de forma progresiva, forman parte permanente de nuestra cultura empresarial

La innovación ─tal como seguramente la entendemos aquí todos─ responde a un proceso creativo que quiere anticiparse a las necesidades futuras fomentando el desarrollo tecnológico; un proceso que debe contar con el cimiento de la mejor formación y los réditos que siempre ofrece una investigación de calidad. Innovar implica, también, la gestión eficiente de los medios de los que disponemos para convertir nuevas ideas en nuevos productos y servicios mejorados. Por ello, la innovación requiere de la colaboración de todos, del sector público y el sector privado, de la universidad y la empresa; porque la innovación debe ser una prioridad y una responsabilidad compartida por toda la sociedad.

En el ámbito empresarial, es evidente su utilidad para garantizar e impulsar la competitividad y la internacionalización de nuestras compañías, tanto de las grandes empresas como de las pymes y micro-pymes; que son las que, en su conjunto, aportan el mayor número de empleos en nuestro país. La innovación representa, sin duda, un vector clave que contribuye a superar la crisis económica y a crear puestos de trabajo. Y esta es una realidad que debe ser más conocida y valorada por todos.

Por su parte, el diseño es una expresión de creatividad que representa un activo extraordinario para nuestra economía. El diseño español es, de hecho, una marca propia reconocida mundialmente que disfruta de una merecida reputación y con una larga trayectoria de éxito; es un valor que ha contribuido a impulsar el crecimiento económico de nuestro país; y se ha convertido, muy a menudo, en una excelente seña de identidad e imagen de España. Así, en un país como el nuestro que parte de unas bases culturales muy sólidas, es ─además─ una fuerza innovadora de primera magnitud. Y las empresas  galardonadas hoy aquí son un ejemplo internacional de esos valores. Por eso, no resulta extraño que estos galardones nacionales aúnen el prestigio de ambas dimensiones.

Permitidme que, antes de terminar, comparta con todos una última reflexión acerca del factor humano en estos premios que distinguen tanto a personas como a empresas. Es obvio que las personas están, estamos, en la base de toda actividad, y que la innovación, el diseño o la propia empresa lo son. Pero, como se ha dicho en varias ocasiones —últimamente en el Fórum IMPULSA de la Fundación Príncipe de Girona celebrado el Viernes pasado—, a menudo se han entendido “ciencia” e “investigación” como una división del trabajo entre lo académico y la industria.

De este modo, habría una suerte de relación “institucional” o formal entre los dos ámbitos. Pero, al final, lo decisivo es la acción de las personas, de los hombres y mujeres que actúan transversalmente entre un mundo y otro, haciendo realidad la cooperación ─entre lo científico y lo industrial, entre lo académico y lo empresarial─ y convirtiéndola en resultados tangibles.

Esta sensibilidad hacia el elemento personal es otro valor añadido de estos galardones que no he querido dejar de destacar. Por ello y por todo lo que hemos podido escuchar en esta ceremonia, animo al Ministerio de Economía y Competitividad ─y a todos, a la sociedad en su conjunto─ a seguir apoyando e impulsando estas distinciones tan necesarias y los mensajes que proyectan.

No me quiero extender más acerca de unas materias sobre las que hay hoy aquí numerosos especialistas, desde los miembros de los jurados —a quienes expresamos nuestro sincero agradecimiento—, hasta, naturalmente, todos los premiados. A estos quiero, con la Reina, reiterarles la más afectuosa enhorabuena y muchas gracias por vuestro trabajo.

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