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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del “Centro Internacional para la Investigación, el Desarrollo y la Innovación de la Lectura / Casa del Lector”, Fundación Germán Sánchez Ruipérez

Madrid, 17.10.2012

Estar hoy aquí con todos vosotros, en este nuevo espacio cultural –La Casa del Lector- dedicado a ese mundo maravilloso que de una manera tan noble nos identifica a los humanos y nos permite enriquecernos de verdad, por dentro, el intelecto y el espíritu; un espacio innovador que se abre y se ofrece por completo al público de una manera tan fresca  y generosa; es, pues, algo que nos alegra profunda y verdaderamente a la Princesa y a mí.

Esperábamos con ilusión este día y poder ser testigos de la inauguración –con el honor, además de presidirla- de un centro que contiene y expresa el proyecto que Germán Sánchez Ruipérez impulsó con tenacidad e inteligencia a lo largo de toda su vida. Por eso aprovecho esta ceremonia para expresar el más hondo reconocimiento a su figura y obra, así como a la Fundación que creó, una institución que a lo largo de las últimas tres décadas no ha dejado de afianzar su compromiso con la educación, la cultura y, más en particular, con el mundo del libro. Todos nos podemos felicitar por este gran proyecto que supone la Casa del Lector, el Centro Internacional para la Investigación, el Desarrollo y la Innovación de la Lectura.

La lectura nos permite comprender e interpretar lo transmitido a través de la escritura y nos aporta competencias como la voluntad de conocimiento y el sentido crítico y reflexivo, al tiempo que constituye una herramienta formativa fundamental para el desarrollo personal y profesional. Además, una sociedad que lee –que sabe leer, que puede leer, que quiere leer– será siempre una sociedad más comunicativa, plural y próspera; más sabia también. Y al ejercer el derecho de la lectura, hará que cuantos la integren fortalezcan su pensamiento libre e independiente, creativo e innovador.

La lectura nos permite comprender e interpretar lo transmitido a través de la escritura y nos aporta competencias como la voluntad de conocimiento y el sentido crítico y reflexivo, al tiempo que constituye una herramienta formativa fundamental para el desarrollo personal y profesional. Además, una sociedad que lee –que sabe leer, que puede leer, que quiere leer– será siempre una sociedad más comunicativa, plural y próspera; más sabia también. Y al ejercer el derecho de la lectura, hará que cuantos la integren fortalezcan su pensamiento libre e independiente, creativo e innovador

Por estas razones creo importante resaltar el hecho de que una institución privada, pero de profunda vocación pública, abra las puertas de un centro que se orienta específicamente a la investigación, el desarrollo y la innovación y que sitúa a la lectura en la modernidad y la vanguardia haciendo de los lectores sus verdaderos protagonistas. Y a todos nos debe alegrar esta realidad y las posibilidades que proporciona para el futuro al reforzar uno de los pilares básicos que hace grandes a los pueblos, la cultura; y que también representa un sector económico en alza, la industria cultural, de gran proyección en el mercado mundial e íntimamente ligado al tesoro que representa nuestra lengua española.

Pero esta ceremonia nos da pie, asimismo, para subrayar la importancia del mecenazgo en todos los ámbitos y dimensiones, como manifestación de la responsabilidad social y la generosidad de personas y de instituciones privadas. Hoy es más necesario que nunca poder contar con todos los recursos al alcance para su mejor orientación a la consecución del interés general. Por eso el nombre de Germán Sánchez Ruipérez nos evoca tanto en las actuales circunstancias. Él fue un ejemplo de ese tipo de personalidad desprendida y audaz. Su desbordante generosidad, capaz de dotar y sostener con su patrimonio particular una Fundación al servicio de la ciudadanía en su conjunto, sin exclusión de ningún tipo, movida por la única voluntad del bien común, el bienestar y el progreso de todos, fue realmente encomiable y admirable.

Ahora corresponde animar a quienes continúan su obra con ilusión, profesionalidad e independencia. Y a su viuda Ofelia, muy en particular, hay que agradecerle el apoyo y la inspiración que significó en lo que fue un proyecto de vida que hoy felizmente redunda en beneficio de todos. Gracias de corazón.

Termino ya mis palabras con la seguridad de que la Casa del Lector no sólo cumplirá con creces las expectativas concretas con las que ha sido creada, sino que servirá de ejemplo para otros proyectos de mecenazgo que contribuirán a cohesionar nuestra sociedad y a enriquecer la vida de todos los ciudadanos.

Muchas gracias.

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