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Palabras de Su Majestad el Rey en la Apertura del Curso Académico Universitario 2002-2003

Navarra(Universidad Pública de Navarra. Pamplona), 14.10.2002

C

ada año, el inicio de las actividades académicas en la Universidad española es una excelente ocasión para encontrarnos con todos sus miembros: Rector, Consejo Social, Profesores, Alumnos y Personal de Administración y Servicios; y para compartir sus afanes y renovadas ilusiones ante un nuevo curso.

Hoy es esta Universidad Pública de Navarra la que representa a todos vuestros colegas y compañeros de trabajo, a lo largo y ancho de nuestro país. A quienes se dedican a la docencia y a la investigación, a los que llegan en busca de una capacitación profesional y una formación humana y ciudadana, y a cuantos gestionan los recursos y servicios de esta institución.

A esta comunidad, que llamamos universidad por la amplísima diversidad de orígenes, intelectuales y geográficos, de quienes la componéis, hacemos llegar nuestro aliento y nuestro estímulo, en una tarea que es esencial para España y, para su papel en Europa y en el mundo.

Pues consiste nada menos que en la perenne construcción de una Universidad, la española en su conjunto, que cada vez quiere estar más presente, con mayor fuerza y prestigio, en la tarea de prestar a la sociedad los servicios que requiere, y contribuir a su madurez y a su continua evolución.

Para esto nació esta joven Universidad Pública de Navarra, levantada por decisión de las Instituciones Forales, como signo de los nuevos tiempos, y como emblema de un futuro de cultura, de progreso y de prosperidad.

Para cumplir unos objetivos tan ambiciosos, la comunidad universitaria ha de implicarse en una dinámica distinta, adaptarse a nuevas exigencias, convertirse en motor de un proceso que va a exigir un esfuerzo adicional a la disponibilidad de sus profesores, al espíritu crítico y constructivo de sus investigadores, y a la vitalidad y dedicación de sus alumnos.

Un esfuerzo que se materializa ya en su primera función, que es la formación de excelentes profesionales, desde luego con un elevado nivel de conocimientos académicos, y además con una atención bien despierta y una aguda sensibilidad hacia un horizonte colectivo que genera nuevas demandas, y exige respuestas claras y eficaces.

El de un tiempo que se transforma vertiginosamente, que vive la implantación generalizada de las nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, ve cómo se globaliza la economía, cómo se modifican día a día los sectores productivos, y, en consecuencia, el perfil de quienes van a dirigirlos y gestionarlos.

Asumir exigencias tan diversas, y proyectarlas en el quehacer universitario, es hoy día un requisito indispensable para seguir avanzando como nación, y alcanzar mayores grados de bienestar y calidad de vida colectivos.

España ha apostado decididamente por este futuro, por una sociedad mejor y más avanzada en todos los órdenes, el técnico y el científico, el económico y el social.

Y para eso precisa de la Universidad, pues a ella corresponde muy principalmente forjar personas capaces de dirigir e impulsar la España del mañana, desde cualquier puesto y lugar.

Personas cultas y cívicas, responsables y comprometidas con el conjunto de la sociedad, que crean y defiendan los valores democráticos, la igualdad, la integración social y la solidaridad con todos los pueblos.

La Universidad es un foro inigualable para transmitir estos valores, que no se reflejan en ningún expediente académico, pero que llegan a ser más profundos, y humanamente más útiles, que los conocimientos puramente técnicos.

Porque la Universidad es también, por encima de cualquier otra consideración, una institución al servicio de la comunidad. Que trabaja, y debe seguir trabajando, para dotar a nuestros jóvenes, a nuestras empresas, a nuestras entidades, de los conocimientos y los medios más oportunos para mejorar e innovar cada día.

Nunca como hoy la Universidad ha tenido una oportunidad tan clara de intercambiar datos, proyectos y resultados. La comunidad científica supera así barreras nacionales, en beneficio del conocimiento compartido a escala mundial.

Es ésta la gran oportunidad para abrir un nuevo capítulo de la aventura del saber, que levanta el vuelo más allá de los escenarios cotidianos. La colaboración entre Universidades es el instrumento crucial para alumbrar una generación de ciudadanos del mundo, actores y protagonistas de un horizonte académico sin fronteras.

Con estos supuestos, el buen funcionamiento de la institución universitaria es la mejor garantía de que España siga prosperando decididamente, y mantenga su destacada posición de país reconocido e influyente en el concierto internacional.

Este acto tradicional y solemne de apertura del curso en las Universidades españolas, es la señal de salida de una carrera entendida como la expresión colectiva de un compromiso que profesores, alumnos, y todos los componentes de la comunidad universitaria, deben afrontar responsablemente, cumpliendo los objetivos trazados en los programas académicos, de investigación o de cooperación.

Os animo a todos a comenzar con entusiasmo este nuevo año, a trabajar con ilusión y perseverancia, y alcanzar los mayores éxitos académicos y personales.

Con la convicción de que sabréis cumplir vuestra tarea y responder a la confianza que en vosotros depositamos, declaro inaugurado el curso académico universitario 2002-2003.

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