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Palabras de Su Majestad el Rey la entrega de los premios "Mariano de Cavia", "Luca de Tena" y "Mingote".

Madrid, 02.06.2003

S

i la entrega de estos Premios es siempre un acontecimiento, más señalado cuanto más consolidado, la coincidencia de esta edición con el Centenario de ABC subraya doblemente la calidad y el mérito de esta ilustre convocatoria.

Tradición y novedad de ABC, y de sus Premios Mariano de Cavia, Luca de Tena y Mingote, son los dos polos por los que circula la energía de una trayectoria singular y bien lograda.

Cumplir cien años es una efeméride relevante, sobre todo cuando éstos tienen la enjundia de los transcurridos desde 1903. Transitar por ellos con éxito y con provecho acredita a quien los cumple como una referencia.

El centenario de ABC ha tenido muchos y excelentes glosadores, que han desmenuzado las mil y una facetas de su trayectoria. Su fidelidad a los principios fundacionales, su compromiso con la cultura, la lengua y el pensamiento. La huella de sus directores, la nómina ilustre de sus colaboradores, su papel como escuela de periodistas y de periodismo. Su visión empresarial, su inicial identificación con lo que hoy llamamos nuevas tecnologías, y sus tempranas y acertadas iniciativas sociales y asistenciales.

Quiero destacar aquí lo que en esencia encierra esta fecha: el ejemplo y testimonio de una vocación periodística largamente acreditada, madurada en muchas lides, segura de sus convicciones, y ágil para renovarse sin perder su imagen y su talante.

Que sabe evolucionar al compás de cada tiempo, ir decantando criterios y estilos, y extraer de las vicisitudes de cada día lo que es esencial, para articular, mediante el diálogo con sus lectores, una opinión adulta y consciente.

Lo que este año festejamos no es sólo un haz de remembranzas, aunque su entidad lo justifique, ni un balance, por positivo que sea, sino un hito de un proceso que continúa, el quicio que abre una etapa nueva, con el brío y la ambición de hacerla también memorable.

El derecho y el deber de comunicar tienen en el siglo XXI perfiles muy acusados. Globalización, tecnología y competencia, en su doble sentido empresarial y profesional, tejen una trama en la que la vocación periodística tiene un acento distinto, se acredita con modos y medios diferentes.

No parece sino que ABC hubiera querido acogerse a estas realidades, y sorprendernos agradablemente con la nómina de sus galardonados de este año: un escritor consagrado, que es el miembro más joven de la Real Academia; el más joven de los veteranos, de quien se ha dicho que escribe editoriales con sus agudas viñetas; y un destacado representante de la prensa regional y de su importancia en nuestro panorama informativo.

Capacidad de observación, dominio del lenguaje, y profundidad en la imagen, son los jalones de la obra y el estilo de Antonio Muñoz Molina. De su estilo como escritor dan testimonio los muchos premios que ha recibido. De su valor humano, da prueba su visión del periodismo como escuela y disciplina de la realidad, que nos invita a indagar y a juzgar con ojos propios, en una lección de libertad, que crece cuando más se comparte.

De Antonio Mingote se ha dicho tanto sobre la hondura de su talento y su ancho corazón, y, sin embargo, cada día nos sorprende con una maestría que parece recién inventada, con el valor incalculable de su amistad y compañía, de sus lecciones sin acritud, y por eso más convincentes y admirables.

Lo más asombroso de Francisco Periago, Xim, es la facilidad con que se mueve desde su profesión de químico a sus apariciones en las páginas de "La Verdad" y de los periódicos en que publica. Hombre de varios saberes, sobresale especialmente en el que hoy se le reconoce, por su profesionalidad en el empleo de una ironía sabia, con unos personajes tan cercanos que parecerían triviales si no fuera por sus mensajes.

Me alegro mucho de felicitar a estas ilustres personalidades, que hoy reciben su homenaje, largamente merecido.

Si buscásemos en ellos y en su obra un denominador común, lo encontraríamos en que hablan de gente corriente, que es la más importante, la que con sus incidencias y esfuerzos cotidianos construyen a diario la vida colectiva. Aquellos en quienes debemos siempre pensar, y por los que merece la pena trabajar.

Son también los lectores de los periódicos. Los sujetos y los destinatarios del sistema informativo y sus instrumentos cada vez más sofisticados. También, a veces, sus protagonistas, que aparecen con su rostro y con su nombre para darnos con sencillez lecciones y ejemplos aun sin proponérselo.

En estos tiempos llenos de nuevos retos, conforta encontrar en los premiados este año estos testimonios de lo esencial, y el estímulo de quienes saben enseñarlo e interpretarlo con calidad intelectual y energía moral.

Mi más cordial enhorabuena a todos ellos, y al jurado que los ha elegido. Y, finalmente, mi sincero homenaje, que la ocasión del Centenario reclama, al fundador de ABC, Torcuato Luca de Tena, que supo imprimir a su empresa el carácter que le ha permitido alcanzar la cifra redonda de estos cien años, y sembrar el suelo en el que han nacido los Premios que hoy celebramos.

Que esta obra, continúe, crezca, y siga dando largos y generosos frutos.

Muchas gracias.

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