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Palabras de Su Majestad el Rey en el Congreso de la Unión

Palacio de San Lázaro. México D.F., 18.11.2002

S

r. Presidente de la República,Sra. Presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados,Sras. y Sres. Senadores y Diputados,Miembros del Cuerpo Diplomático,Señoras y Señores,

Es para mí un gran honor y satisfacción estar hoy con ustedes en el corazón de la democracia mexicana, en este bello Palacio de San Lázaro.

Venir a México es siempre para la Reina y para mí algo muy entrañable y sumamente especial.

México nos ha prodigado siempre amistad y hospitalidad, que se reflejan nuevamente al celebrar esta sesión solemne, gracias al acuerdo de los distintos grupos políticos de una Legislatura nacida de un momento histórico y, por ello, llamada a abrir una nueva etapa en la vida política de México.

México y España somos pueblos viejos, tributarios de notables civilizaciones. La historia ha labrado nuestra rica identidad imprimiendo para nosotros un rumbo y un destino y nos ha reunido en la familia del mundo occidental donde compartimos valores y principios.

En el mundo occidental el valor político primordial es la democracia, que ustedes, señorías, encarnan, sustentada en el voto libre de los ciudadanos.

Ambos países compartimos la democracia como una bandera irrenunciable, no sólo para nosotros, sino universalmente, y reconocemos en ella la virtud de encauzar pacíficamente la renovación constante de la vida pública y la garantía de nuestra libertad.

Debemos afirmar con nitidez que no existe alternativa alguna para una convivencia en paz que no sea la garantía de los derechos individuales. Es preciso rechazar con toda firmeza a aquellos que, contra toda legitimidad moral y política, intentan arrogarse la defensa de derechos que nadie les ha concedido, simplemente para disfrazar su crueldad y su fanatismo criminal. El terrorismo, el más brutal ataque a la libertad, quiere imponer el silencio, acallar la voz de la razón, del derecho y de la democracia.

Al hilo de esta reflexión, quiero expresar el agradecimiento de España a México por el apoyo y la comprensión que nos ha brindado para enfrentar el fenómeno del terrorismo, hoy de dimensiones globales.

Ello es un fiel reflejo de la importancia que concede este gran país a la defensa de los derechos humanos, el primero de los cuales es el derecho a la vida. Es también fruto de la comprensión de la amenaza que presenta el terrorismo a la convivencia democrática.

Señorías,

En México se ha vivido en estos últimos dos años una alternancia política bajo un clima de civismo y respeto.

Se ha puesto de relieve la voluntad de participación de los mexicanos en los asuntos públicos, y una democracia, Señorías, no se sostiene sin demócratas.

México ha demostrado con naturalidad la madurez de sus instituciones y la responsabilidad y lealtad democrática de su clase política, que son las cualidades indispensables para la prosperidad de nuestras sociedades.

Es encomiable además que esta alternancia política se haya llevado a cabo manteniendo en equilibrio las principales variables económicas, a pesar del cambio de tendencia en la economía mundial, lo que demuestra la fortaleza de la economía mexicana.

Todo ello está permitiendo a México ocupar el lugar que le corresponde entre las grandes naciones.

Señorías,

En este magno esfuerzo por el desarrollo que ocupa hoy a México, se conjugan las aspiraciones de millones de mexicanos.

Admiramos especialmente el compromiso del Gobierno y del Congreso mexicano de afrontar con determinación el desafío de la cohesión nacional y vuestra expresada voluntad de superar las desigualdades existentes entre mexicanos. Valoramos muy especialmente vuestro tenaz apoyo al respeto y la promoción de los derechos humanos.

Me complace recordar en esta sede parlamentaria, en esta casa del consenso, que aquí se aprobó la iniciativa de reformas constitucionales que mediante su posterior desarrollo legislativo, protege los derechos y la cultura de todos los mexicanos sin discriminación alguna.

Deseo expresar nuestro reconocimiento al Presidente de la República por haber sabido encauzar institucionalmente y desde un primer momento, las soluciones a los problemas del sudeste mexicano.

Celebramos que una de las prioridades que os habéis fijado en el ámbito de la integración regional sea la vertebración de los Estados del sur de México con los países del istmo centroamericano.

El Plan Puebla-Panamá, que España apoya firmemente, es una iniciativa admirable. Nunca antes se había puesto sobre la mesa una propuesta tan realista, viable y ambiciosa para la integración de Mesoamérica.

España ha comprometido ya importantes fondos en la interconexión eléctrica de la región y actuará también en la mejora de redes viales y en los programas sanitarios y educativos.

Mi Gobierno es también partidario de hacer avanzar, conjuntamente con el Gobierno de México, un profundo debate sobre la cooperación financiera internacional al desarrollo, con objeto de que ésta refleje más cabalmente las necesidades de los países de renta media.

Este reto lo hemos comenzado a abordar en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Financiación al Desarrollo, que auspició México en Monterrey hace escasos meses y es objeto actualmente de nuestro esfuerzo y dedicación.

Señorías,

En España se vivió una transición pacífica a la democracia.

La clave de aquel proceso, fue la voluntad de todas las fuerzas políticas de levantar un nuevo sistema de convivencia -que cumple ahora veinticinco años- que amparase a todos los españoles por igual.

A mi entender, el empeño de sus protagonistas, principalmente el pueblo español, su representación a través de los partidos políticos, pero también los sindicatos, las fuerzas armadas, los empresarios, la iglesia, para buscar puntos de acuerdo que permitieran responder a la demanda social, constituyó el verdadero factor de éxito de aquella empresa.

Se buscó en todo momento el consenso entre todas aquellas fuerzas, con la vista puesta en el futuro más que en el pasado, procurando encontrarse en la mitad del camino, evitando la crispación y el enquistamiento de los conflictos, haciendo concesiones; en suma, anteponiendo el interés superior de la nación a todo otro interés.

El consenso no fue siempre fácil, pues las posiciones iniciales podían estar muy distantes en asuntos de gran trascendencia para la sociedad.

Creo que fue fundamental en nuestra transición un sentido de urgencia en la necesidad de recuperar nuestra presencia en el mundo, tras décadas de ensimismamiento, para adaptarnos a las grandes tendencias de nuestro entorno internacional.

La transición española tuvo lugar, además, contra un trasfondo de severo deterioro de la economía. El principio que presidió la transición económica fue el de compartir: compartir las tendencias de nuestro entorno y compartir los sacrificios para adaptarnos a ellas, en el entendimiento de que también la prosperidad sería, en su momento, compartida.

El consenso permitió que justamente en los primeros años de la transición pudiéramos acometer las reformas de mayor calado, principalmente las de liberalización y apertura y modernización de la economía que nos exigía nuestra entrada en la Comunidad Europea.

Una vez desarrollados los pactos políticos que permitieron legislar estas reformas estructurales, se inició con fuerza el crecimiento de nuestra economía. Es indudable que estas reformas han facilitado que en veinte años España haya multiplicado por cuatro su renta per capita y, que de ser un receptor de capitales, haya pasado a ser el sexto exportador de capitales del mundo.

Señorías,

México y España hemos concluido el siglo XX en condiciones muy prometedoras. Nuestros sistemas democráticos se han fortalecido y las relaciones diplomáticas que reanudamos hace ahora veinticinco años han adquirido una excepcional calidad y madurez.

México ha adquirido un extraordinario prestigio en el mundo, al que no son ajenos el dinamismo y el potencial de su economía.

Esta fortaleza creciente le ha permitido disfrutar de unas relaciones de todo punto de vista privilegiadas con los dos grandes polos de la economía occidental: la Unión Europea y los Estados Unidos.

En ambos casos, las posibilidades de cooperación entre México y España son obvias. No sólo por el decidido apoyo de España a la creciente aproximación de México a la Unión Europea, sino por las enormes posibilidades que para la colaboración entre nuestros países ofrece el potencial que representan los más de treinta y cinco millones de estadounidenses que se autocalifican de "hispanos". A su mejor integración e influencia en el gran vecino del norte debemos contribuir juntos y con el apoyo de todos nuestros países hermanos de Iberoamérica.

México ha sido socio fundador, junto a los Estados Unidos y Canadá, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y es así mismo el primer país de Iberoamérica en haber logrado la asociación con la Unión Europea.

A dos años de su entrada en vigor, el Acuerdo de Asociación con Europa ya ha demostrado su potencial para reducir la distancia entre las dos orillas del Atlántico.

Nos congratulamos de que México sea la sede en el año 2004 de la tercera Cumbre entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe, que nos permitirá seguir profundizando en todos los compromisos adquiridos en la Cumbre de Madrid celebrada en mayo de este año.

El dinamismo de México se proyecta también hacia los países del Pacífico, como se evidencia en el peso de México en la Asociación de Países de la Cuenca del Pacífico, que acaba de celebrar en México su Cumbre anual de Jefes de Estado y de Gobierno.

Señorías,

Hace poco más de una década poníamos en macha, en la bella ciudad de Guadalajara, las Cumbre Iberoamericanas.

Sentábamos las bases de nuestra Comunidad Iberoamericana de Naciones con una conferencia diplomática presidida por el principio de igualdad y solidaridad entre todos sus miembros.

Estas Cumbres son un proyecto ejemplar y democrático de vertebración de una multiplicidad de naciones, que juntas componen una comunidad de intereses, unida por lazos históricos, y una visión compartida del mundo.

Avancemos para seguir construyendo, junto al Área de Libre Comercio de las Américas y la Unión Europea, una comunidad compatible con ambos que profundice en nuestra identidad y estreche nuestros vínculos en su interior.

Señorías,

Deseo concluir mi intervención ante esta Cámara dedicando unas palabras al compromiso español por el desarrollo económico de México e Iberoamérica, en un momento en que las perspectivas de crecimiento no son tan favorables como lo fueron.

España es hoy el primer inversor de la Unión Europea en México y el primero en Iberoamérica.

Nuestras empresas han invertido en la región la suma de cien mil millones de euros en una década.

Nuestro compromiso es firme y además es un compromiso colectivo.

Nuestra apuesta por Iberoamérica es estratégica y a largo plazo, por lo que las turbulencias coyunturales no van a desviarnos de la visión que en su día asumimos.

Quiero animar a los empresarios de ambos países a que sigan adelante en el camino emprendido, el único posible, y a sus Gobiernos a perseverar en las reformas necesarias para avivar el proceso de inversión.

Señorías,

Sigamos impulsando juntos nuestros intereses en el mundo, abramos nuevas vistas a nuestra colaboración, profundizando en investigación y desarrollo, creando una genuina comunidad científica que aproveche nuestra biodiversidad.

Pongamos, Señorías, toda nuestra creatividad y nuestra imaginación en la tarea.

Los países iberoamericanos tenemos y tendremos mucho que decir y que aportar a la solución de los problemas globales que nuestras sociedades deberán afrontar desde estos momentos.

Muchas gracias.

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