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Palabras de Su Majestad el Rey en la ceremonia de clausura de la XIV Cumbre Iberoamericana

San José de Costa Rica -Costa Rica-, 20.11.2004

S

eñor Presidente de la República de Costa Rica, Señores Jefes de Estado y de Gobierno, Señoras y Señores,

Con esta Ceremonia de Clausura ponemos fin a los trabajos de la Décimocuarta Cumbre Iberoamericana, que nos ha congregado en San José.

Una vez más, quiero agradecer al Presidente Pacheco, al Gobierno y al pueblo de la querida República de Costa Rica, su generosa acogida y calurosa hospitalidad.

Cada Cumbre Iberoamericana construye sobre la del año anterior y es, al mismo tiempo, un punto de referencia obligado para la Cumbre del año siguiente que, en este caso, se celebrará precisamente en España.

Quiero decir al Presidente Pacheco que esta Cumbre de San José será difícil de igualar en cordialidad, organización y desarrollo.

La reunión que ahora concluye ha sido, en efecto, excelente. Hemos podido escuchar y discutir propuestas y planteamientos de gran interés, que nos corresponde a todos intentar convertir en proyectos concretos para su eventual aprobación en nuestra próxima cita del año 2005 en Salamanca.

Contaremos entonces con la ayuda inestimable de un Secretario General y de una Secretaría General Iberoamericana. Acabamos de dar un paso decisivo hacia su constitución definitiva con la aprobación del Estatuto que regula su funcionamiento y que fortalece nuestras capacidades.

Señoras y señores,

De nuestras conversaciones de hoy deben nacer nuestras acciones de mañana.

Bajo el lema de esta Cumbre, "Educar para prosperar", hemos considerado iniciativas conjuntas en el campo fundamental de la educación, que pronto nos gustaría ver realizadas.

Debemos esforzarnos para que, en el marco de la Cooperación Iberoamericana, lo deseable triunfe en su eterno y desigual combate con lo posible.

Una Cooperación, que venimos impulsando desde la Cumbre de Bariloche de 1995, y que se basa en la voluntad común de vertebrar un gran espacio, en el que la solidaridad inspire proyectos de cooperación capaces de compensar carencias y de atender necesidades.

Muchos son los miles de iberoamericanos que se han beneficiado y se benefician de estos proyectos. Pero también son miles los ciudadanos que esperan de nosotros la adopción y ejecución de nuevos programas. De ahí, nuestra obligación de seguir avanzando para responder a dichas expectativas.

Junto al desarrollo de áreas como la educación, la promoción de la Cultura Iberoamericana está íntimamente ligada con la afirmación de nuestra propia identidad y capacidad creativa.

En esta era de la globalización, nuestros países pueden y deben aunar esfuerzos para acometer la hermosa tarea de promover juntos, como algo propio, ese cúmulo de expresiones culturales y artísticas, tan ricas y diversas, que nacen y crecen en Iberoamérica marcadas por esos profundos rasgos comunes que compartimos.

Señoras y señores,

Nuestro diálogo en San José también se ha centrado en los temas de la agenda internacional que nos preocupan.

Ninguno de los graves problemas que afectan al mundo puede resultar ajeno a nuestros ciudadanos, a nuestros países y a la propia Comunidad que todos juntos conformamos.

Como Jefes de Estado y de Gobierno, debemos tomar mayor conciencia de que nuestra capacidad de contribuir a la lucha contra los grandes azotes de la Humanidad se multiplica siempre que actuamos conjuntamente.

El hambre y la pobreza, la injusticia, la corrupción, las violaciones de los derechos humanos, o el terrorismo y el crimen organizado, son algunas de las cuestiones cruciales que sólo pueden ser abordadas desde una perspectiva y acción multilateral.

En este contexto, los Estados iberoamericanos hemos decidido avanzar en el diálogo y en la concertación política.

En definitiva, hemos identificado muchos campos en los que la cooperación y el lanzamiento de proyectos comunes pueden generar grandes beneficios para nuestros pueblos. Su mayor prosperidad y bienestar es, en suma, la razón última de nuestro empeño por reforzar y potenciar esta Comunidad Iberoamericana.

Señoras y señores,

En sus catorce años de existencia, el impulso político de las Cumbres ha hecho germinar en nuestras sociedades la semilla de lo iberoamericano.

Todo ello ha sucedido de forma natural, conformando, lo que podríamos llamar, una "rutina cotidiana de lo iberoamericano", que hoy es una fecunda realidad.

Son innumerables las reuniones de Instituciones públicas y privadas, de Organismos, Asociaciones, Congresos, Conferencias, Foros y Seminarios, que llevan el sello o calificativo de iberoamericano y que no existían hace apenas un decenio.

Son también muy numerosos los encuentros anuales, a muy distinto nivel, de nuestros Gobiernos y Autoridades.

Otra gran tarea que debe concentrar nuestra atención, consiste en explicar a nuestras sociedades los objetivos de las Cumbres y de nuestra Comunidad Iberoamericana, y en conseguir su complicidad. Una labor que debe concentrase en tratar de llegar con mayor intensidad a nuestros jóvenes, a los Centros de formación, a las Universidades y a los medios de comunicación.

Estoy convencido de que será muy apreciable el apoyo que el Secretario General Iberoamericano nos pueda brindar en esta importante tarea.

Coincidimos plenamente en nuestro deseo de traducir nuestra cooperación en resultados cada día más concretos, amplios y palpables para todos. Para ello debemos redoblar nuestra voluntad política, nuestro esfuerzo y dedicación.

Señoras y Señores,

No he pretendido hacer un repaso exhaustivo de nuestras actividades y aspiraciones. Tan sólo he querido reseñar, de forma somera, algunos de los temas que han estado presentes en San José, y hacer un apunte del compromiso que tenemos asumido con este proyecto común. Un proyecto en el que he tenido el privilegio de poder participar desde su gestación.

España trabajará, desde hoy mismo, con el mayor esmero, para que la próxima Cumbre facilite la concreción de nuestros planteamientos y promueva la presentación, discusión y aprobación de nuevas iniciativas.

Sólo me resta ahora por invitarles a todos Ustedes a participar en la Decimoquinta Cumbre Iberoamericana de octubre de 2005 en Salamanca, lo que hago con una satisfacción muy especial y de todo corazón en un año que coincidirá, además, con el Trigésimo Aniversario de mi proclamación como Rey.

Bien saben que España les recibirá con los brazos abiertos.

Espero que la celebración de nuestra reunión en Salamanca nos permita seguir trabajando con ilusión y acierto en este gran proyecto que llevamos catorce años construyendo, entre todos, al servicio del conjunto de nuestros países y ciudadanos.

Estoy convencido de que Salamanca, ciudad "íntimamente alegre" y de la "mayor tolerancia y amplitud de espíritu", como la definió Miguel de Unamuno, sabrá inspirarnos en nuestro común empeño Iberoamericano.

Muchas gracias.

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