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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de inauguración de la VI Cumbre Iberoamericana de presidentes de Cortes Supremas y Tribunales Supremos de Justicia

Santa Cruz de Tenerife, 23.05.2001

P

ermitidme comenzar estas palabras agradeciendo al Presidente del Consejo General del Poder Judicial su amable invitación para presidir esta VI Cumbre Iberoamericana de Presidentes de Cortes Supremas y Tribunales Supremos de Justicia. Me alegro de que esta Cumbre se celebre en Santa Cruz de Tenerife, que estoy seguro os acogerá con la hospitalidad y cordialidad que le caracterizan. Personalmente, también quiero darles la bienvenida con todo afecto a España con la esperanza de que su estancia sea lo mas placentera y provechosa posible.

Al comenzar el siglo XXI, resultan más evidentes quizás los cambios sustantivos que se han producido y se siguen produciendo en todos los órdenes de la vida desde hace algunos años y en particular las profundas transformaciones de las relaciones sociales que han traído consigo. Podemos, pues, asociar a la nueva centuria el advenimiento de formas de convivencia diferentes a las que hasta ahora hemos conocido.

Si hasta hace poco los sociólogos hablaban de sociedad postindustrial y luego de sociedad de la información, hoy utilizan ya la expresión "sociedad red" para denominar la actual y futura estructura de interrelación mundial. Con ella se quieren subrayar los rasgos más llamativos de las relaciones entre las personas en el mundo global en el que nos encontramos.

Sociedad red porque está conectada, unida, por nodos, a través de los que fluye en múltiples direcciones información, decisiones, transacciones, en definitiva la actividad, el pulso, la vida. Y esto sucede sin que la distancia, el tiempo, las fronteras ni cualesquiera otros obstáculos físicos o culturales sean impedimentos para esa circulación, salvo los que tienen su causa en el subdesarrollo económico o en el fenómeno de la llamada "fractura digital". Se trata de una sociedad fundamentalmente descentralizada gracias a las tecnologías de la información y de las comunicaciones que la han hecho posible.

En principio, vemos que no hay ámbitos exentos a este fenómeno; y por supuesto tampoco el de la Justicia. Ya sea entendiéndola como valor, como también, si al usar esa palabra, estemos pensando en la organización estatal que ejerce la función jurisdiccional, la de interpretación de las normas jurídicas al resolver los conflictos que se producen en su aplicación.

En el primer caso, porque esa justicia -que emana del pueblo- no puede ser ajena a las consecuencias de los cambios sociales. Al contrario, será expresión de los fundamentos sobre los que se asientan las nuevas formas de convivencia. Ejemplo de estas es el fenómeno de la clara convergencia que se está produciendo en materia de derechos humanos.

Derechos hace tiempo reconocidos, pero que, por no existir las condiciones que hicieran posible el despliegue de todo el potencial que suponen, no siempre han gozado del respeto que se les debe. Ahora parece que, en su lento avance, empiezan a darse esas condiciones. Sobre todo, la conciencia de cuanto representan, tanto en el ámbito interno como en las relaciones internacionales.

Gracias a ello, se ha puesto en marcha un proceso que tiende a dotarles en la práctica de la universalidad con la que fueron proclamados solemnemente en la Declaración de 1948. Y es que, en realidad, esos derechos, convertidos en ideal común de la humanidad, no son otra cosa que la noción de justicia que se va imponiendo en el mundo. Una concepción común que inspira, que debe inspirar, nuestros ordenamientos particulares.

Por otro lado, la aproximación que se está produciendo entre los sistemas jurídicos ha supuesto un fortalecimiento de los órganos llamados a garantizar su respeto. Así, la figura del juez recto e imparcial, independiente y sometido a la Ley y al Derecho, ha pasado a ser decisiva para la realización efectiva de los derechos, para que impere la justicia que se identifica con ellos.

No es extraño, por tanto, que uno de los rasgos que destaca en la reciente experiencia comparada de las instituciones sea el robustecimiento de las estructuras judiciales. Fortalecimiento en competencias y en medios que, a la vez, se refleja en su presencia activa en la solución de las controversias jurídicas, en el control de la actuación de los gobernantes y, naturalmente, en la protección de los derechos de las personas.

Nuestros países están viviendo estos fenómenos y adoptan las iniciativas necesarias para hacerles frente satisfactoriamente. Pero sabemos que en el mundo complejo en el que nos encontramos, los esfuerzos unilaterales no alcanzan los resultados esperados si no se complementan con una intensa y extensa cooperación.

De ahí la difusión de diferentes formas de integración y cooperación internacionales entre los Estados, en paralelo al dinamismo social que proyecta cada vez más actividades económicas y culturales mediante la asociación de agentes e instituciones de distinta procedencia, que operan en numerosos países en consonancia con esa nueva configuración de la sociedad de la que hablábamos.

En este contexto, esta VI Cumbre Iberoamericana de Presidente de Cortes Supremas y Tribunales Supremos de Justicia, que ahora va a dar comienzo, supone un foro de excepcional importancia para avanzar conjuntamente en la construcción de un Poder Judicial capaz de administrar a nuestros ciudadanos la justicia a la que tienen derecho, pronta y fundada en los ideales que compartimos. Los progresos que se logren en esa dirección han de repercutir favorablemente en los demás planos de nuestras ya estrechas relaciones, ensanchando y profundizando todas nuestras coincidencias y complementariedades para beneficio mutuo.

Los campos de trabajo sobre los que se centrará la labor de los que participáis en esta Cumbre apuntan a aspectos decisivos, a cuestiones de candente actualidad que a todos nosotros preocupan. Y se trata de asuntos de clara significación práctica que pueden ser abordados desde la perspectiva iberoamericana que nos une.

El estatuto del juez, el espacio judicial, la capacitación judicial y los instrumentos para llevarla a cabo, las redes que para la formación y la información judicial se están promoviendo, junto a los demás asuntos que van a ser tratados en estos días, conforman un denso índice de materias fundamentales. Los acuerdos que sobre ellas se alcancen tendrán una incidencia clara en el Poder Judicial de nuestros países y en el presente y futuro de nuestros pueblos.

El rigor con el que ha sido preparado este encuentro, el firme apoyo de todos al proceso en el que se inserta la concurrencia de las delegaciones hoy presentes en Santa Cruz de Tenerife, permiten augurar el éxito de la iniciativa que España se honra en acoger.

Con ese convencimiento, declaro inaugurada la VI Cumbre Iberoamericana de Presidentes de Cortes Supremas y tribunales Supremos de Justicia.

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