Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
ACTIVITATS I AGENDA
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas

México(Monterrey), 19.07.2004

A

la Princesa de Asturias y a mí nos llena de alegría venir juntos a México por primera vez. Y celebramos que nuestra presidencia de este Decimoquinto Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas que hoy inauguramos nos traiga a Monterrey, y a su afamado Instituto Tecnológico. Vaya nuestro reconocimiento a la Comisión Organizadora por los esfuerzos dedicados a su puesta en marcha sabiendo integrar a diversas y prestigiosas instituciones académicas de este gran país.

Agradecemos las palabras de bienvenida, tan amables, que acaban de dedicarnos, y la cálida hospitalidad con la que nos han recibido. Queremos corresponder a ellas con la expresión de nuestra gratitud más sincera por la invitación para acudir a este Congreso, así como con nuestro afecto y amistad. 

Este Congreso en la querida ciudad de Monterrey nos produce una doble satisfacción, por un lado, la de poder entrar en contacto con una granada representación de lo que hoy significa el Hispanismo en el mundo y, por otro, la de hacerlo en esta orilla fructífera del continente americano, en una Nación como la mexicana, donde el español suena y se oye con tonos bien distintos, siempre bellos, profundos  y entrañables.

Ante un auditorio tan prestigioso como este, formado en su mayoría por hispanistas dedicados a la Filología, parece lógico partir de las palabras y de la esencia y vida que ellas mismas encierran.

En el Renacimiento, las Universidades tenían por costumbre inaugurar cada curso con un discurso  panegírico de alabanza a las artes liberales. El Humanismo entendió que el conjunto de las disciplinas formaba parte de la dignidad del hombre que confiere el uso de la palabra. Gracias a ella, se suponía que la persona no sólo era capaz de alcanzar los conocimientos más diversos, sino que podía tener conocimiento de sí misma y de los demás, pudiendo así construir, sobre tales cimientos, el edificio de una sociedad más culta y más justa.

Pero ese tipo de discursos, repetidos anualmente en los paraninfos universitarios, era mucho más que un ejercicio de mera retórica. Supuso, en la práctica, la difusión de una idea clásica  ya presente en Cicerón: la idea de que las letras servían de algo más que de adorno y brillo, y que eran el mejor medio para que el hombre, sirviéndose de ellas y de la razón, fuese capaz de elegir su propio camino.

Esa hermandad entre  humanidades y  dignidad del hombre fue a partir de entonces fundamental en el progreso de la cultura en todos los ámbitos. Un buen ejemplo lo constituyó la lucha por la dignidad del indio entablada por el Padre Bartolomé de las Casas que puso en evidencia, como otros muchos, el sufrimiento producto de la desigualdad social de las gentes y de las razas, y que también lo fue en el acceso al conocimiento, la cultura y la técnica.

La necesidad de que todos los hombres siguieran  la mejor parte de su propia naturaleza dándose al cultivo de las letras asentó los principios del verdadero Humanismo y de su dignidad intrínseca.

Por todo ello, al inaugurar el XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, quisiera unir dos palabras, a la postre, repletas de un significado común: Humanismo e Hispanismo. Vocablos que también extienden su  hermandad a las personas que los practican,  convirtiéndolos casi  en sinónimos: humanista e hispanista, dentro de ese marco clásico que relacionó el saber con la dignidad de la persona y que sigue vigente a comienzos del siglo XXI.

La Asociación Internacional de Hispanistas, fundada en Oxford en 1962 y extendida hoy por todos los continentes, puede presumir de haber sabido integrar - a  lo largo de los años - lo singular con lo diverso. Así lo demuestran la variedad de origen de sus componentes y la amplitud de disciplinas, períodos históricos, temas y métodos empleados por ellos. Y todo sin merma alguna, más bien lo contrario, de la unidad que supone el horizonte de un idioma común, como es el español, hablado por más de cuatrocientos millones de personas. 

Pero la importancia de esa cifra no debe ocultar cuanto encierra de reto y obligación a la hora de ampliar las posibilidades culturales de quienes la tienen como lengua propia.

La cultura que se habla y escribe en español se dibuja sobre un arco temporal amplísimo y se superpone geográficamente, por encima de mares y fronteras, como un lazo que vincula  a Naciones y continentes diversos.

Lo expresaba muy bien Miguel de Cervantes, que tanto aprendió de los cronistas de Indias, por boca del bárbaro español en "Los trabajos de Persiles y Segismunda", cuando decía: "Llegué a las puertas de la gramática, que son aquellas por donde se entra a las demás ciencias".

En el momento presente, el reto del Hispanismo tal vez consista en recorrer ese camino que avanza desde el uso natural de la lengua española hasta alcanzar, gracias a ella, los conocimientos humanísticos y científicos en su más alto grado, sin olvidar la presencia y la proyección que la cultura hablada y escrita en español deben tener en los foros internacionales, en justa competencia con otras lenguas y culturas.

En la Carta a Sor Filotea, Sor Juana Inés de la Cruz reclamaba no sólo el derecho a la lectura y a la escritura, sino lo que hoy entenderíamos como el derecho a la divergencia en el campo de la interpretación. Tal demanda no parece haber perdido fuerza con el correr de los siglos, pues atañe, por un lado, al derecho a la cultura de todos los hombres y, por otro, a la libertad de pensamiento, método y crítica que debe servir de pauta a quienes trabajan en el campo de la docencia y de la investigación, cualquiera que sea su disciplina.

En un foro tan variado como éste, en el que además de los hispanistas participantes están presentes también un número importante de Presidentes de Asociaciones de Hispanistas de todo el mundo, junto a otras instituciones públicas y privadas empeñadas en el progreso de la lengua española, creo obligado expresar mi deseo profundo de que la enseñanza y la investigación en el campo del Hispanismo sea cada vez más fructífera, y que la amplitud de sus horizontes se sustente siempre en el más alto rigor académico y en los principios de la dignidad que invocábamos anteriormente.

La anchísima comunidad de  los hispanohablantes siempre tendrá una deuda impagable con aquellos hispanistas que, por vocación y elección, han elegido como lengua y destino de su trabajo la cultura hispánica en su más amplio y noble sentido.

En el momento actual, la impronta inicial de los hispanistas extranjeros convive con la de aquellos que tienen el español como lengua propia, lo que supone un enriquecimiento constante, traducido en un trasiego permanente de ideas, métodos y puntos de vista de todo tipo. Así es cómo se amplían horizontes: creando un nuevo territorio de palabras y voces.

Las próximas jornadas de este XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas serán, sin duda, testimonio de esa alianza que las palabras fundamentadas en la investigación y en el trabajo riguroso suponen como emblema digno de un hispanismo con proyección de futuro y en afán permanente de superación.

Al dar la bienvenida a los participantes en este Congreso, quiero  agradecer a la Asociación Internacional de Hispanistas, y a todas las entidades que han formado parte de la Comisión Local Organizadora,  la iniciativa de albergarlo en la sede del Instituto Tecnológico de Monterrey,  dando un ejemplo de que las letras y las ciencias pueden y deben complementarse y apoyarse, para que nuestros jóvenes entiendan que el futuro científico y tecnológico debe proyectarse en paralelo con el desarrollo de las disciplinas filológicas y humanísticas, pues sin ellas difícilmente se podría hablar de conocimiento y de progreso verdaderamente humanos.

A todos los organizadores y participantes, les deseamos que este Decimoquinto Congreso constituya un éxito, produzca los resultados anhelados y sirva de plataforma para divulgar la gran labor que desarrolla la Asociación Internacional de Hispanistas y el Hispanismo en general.

Unos deseos que formulo convencido de que reflejan además los sentimientos de pleno apoyo, especial interés y sincero afecto con los que desde España se sigue la celebración de este Congreso.

Termino ya, reiterándoles mi agradecimiento y el de la Princesa por su amable invitación, y expresándoles el compromiso de la Corona española y el mío personal de seguir otorgando una atención prioritaria y un renovado apoyo al Hispanismo en el mundo. 

Muchas gracias.

Torneu a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+