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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina en los Premios de Periodismo Salvador de Madariaga

Barcelona, 08.05.2001

S

eñalamos, un año más, el Día de Europa con la entrega de los Premios Salvador de Madariaga a tres periodistas, a quienes agradecemos su atinada percepción de la realidad europea y el mérito de hacérnosla cada día más propia y más próxima.

Vaya, pues, mi felicitación más cordial a los galardonados en esta edición, por su trayectoria, hoy justamente reconocida, y los méritos que en cada uno de ellos concurren.

A Walter Oppenheimer, corresponsal en Bruselas del diario "EL PAÍS", por su rigor, dedicación y defensa de los valores europeos.

A Jacobo de Regoyos, corresponsal en Bruselas de "Onda Cero", por la precisión y enjundia periodística de sus crónicas.

Y a Jaume Masdeu, corresponsal de TV3 en la capital de Europa, por la cercanía y capacidad de divulgación que caracterizan su labor informativa.

Este año junto a los premiados el jurado ha otorgado una mención especial a María Paz Artolozábal, viuda de José Luis López de la Calle.

Hace un año condenábamos su inútil muerte. Un vil asesinato, dirigido a acabar violentamente con el rigor profesional y la identificación con valores de alcance universal, que José Luis compartía con los premiados de este año.

Por eso esta decisión del jurado de otorgarle una mención especial reaviva en nuestra memoria su testimonio, y el de todos los periodistas que luchan por la libertad, anteponiéndola a su seguridad e incluso a su misma vida.

Con certeza, Salvador de Madariaga se habría sumado a este homenaje, pues no en vano fue, junto a otros intelectuales como Ortega y Gasset o Antonio Machado, uno de los fundadores, en 1913, de la Liga Española Pro-Derechos Humanos.

Els Premis Madariaga ens recorden cada any que els mitjans de comunicació són el nostre espai natural de trobada amb la realitat europea. Per ells podem disposar d'un coneixement just de les seves principals vicissituds polítiques i econòmiques, que ens afecten cada vegada més, i en les quals tenim un paper més actiu i un pes més considerable.

Hauriem d'utilitzar aquest canal; privilegiat per la qualitat dels informadors que ens ho faciliten en un camí d'anada i tornada, un fòrum de diàleg en el qual els espanyols poguem articular un punt de vista propi sobre la Europa que volem i allò que d'ella esperem i exigim.

La evolución de la Unión nos indica que tenemos que ampliar nuestro horizonte más allá de los aspectos económicos y puramente materiales, imprescindibles pero que no agotan su realidad.

Europa es sobre todo un conjunto de ciudadanos que comparten unos principios y experiencias, con los que hemos de construir, codo a codo, una conciencia común, un estímulo para crecer, una civilización capaz de resolver, como tantas veces hemos hecho en el pasado, las ecuaciones esenciales de nuestro tiempo.

España, situada en el quicio entre Europa y sus vecinos, tanto del Islam como de Iberoamérica, puede y debe inyectar altura a este vuelo, tan ambicioso. A nosotros nos toca reforzar este impulso, tejiendo una trama de vivencias y conciertos sociales y culturales que impulsen un proyecto de libertad, concordia y progreso.

El Día de Europa, que hoy celebramos, nos invita a reflexionar sobre estos temas. Ojalá plantemos con ellos la semilla del tiempo venidero.

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