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Palabras de Su Majestad el Rey con motivo del Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

Burgos, 08.05.2006

Q

uiero ante todo expresar la especial alegría que la Reina y yo sentimos hoy al poder estar de nuevo en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en esta muy querida ciudad de Burgos, para presidir en su Teatro Principal los actos del Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Este acto me brinda, una vez más, la ocasión para subrayar el respeto, gratitud y profundo reconocimiento que, a todos los españoles, merece esta más que centenaria institución universal, de ejemplar dimensión  humanitaria.

Con motivo de nuestra última visita, en marzo del pasado año, a la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja en Ginebra, la Reina y yo pudimos comprobar de nuevo la amplitud, intensidad y eficacia de sus tareas.

Aquella visita nos permitió asimismo constatar la enorme vitalidad y dinamismo de los grandes principios que la inspiran; unos principios que ya marcaron en 1864 el nacimiento de la Cruz Roja Española.

La Corona se ha sentido y se siente estrechamente vinculada a la Cruz Roja Española desde sus mismos orígenes, y le reitera hoy su más decidido apoyo por su extraordinaria y modélica labor.

El firme compromiso y ejemplar dedicación de la Cruz Roja hacia los que sufren, son hoy compartidos por múltiples organizaciones que, desde distintas opciones,  asumen también con loable entrega y energía la defensa de la dignidad humana.

La Corona quiere expresar de nuevo su aprecio y admiración a la magnífica labor de todas ellas, así como el mayor apoyo a su extensión y fortalecimiento.

Acabamos de entregar unas distinciones que  son ejemplo de la fuerza de la Humanidad que encierra el voluntariado, como muy bien  expresa el lema de este Día Mundial que hoy nos congrega.

Nuestra más afectuosa felicitación a todas las personas e instituciones galardonadas, a muy justo título, por la Cruz Roja Española.

Los encomiables objetivos de la labor de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja nos plantean la necesidad de redoblar y aunar esfuerzos para afrontar los dramas y sufrimientos que sigue padeciendo la Humanidad, y que requieren una respuesta conjunta de compromiso activo.

 Las situaciones que viven muchos países asolados por la guerra, el hambre, la enfermedad, la pobreza o las catástrofes naturales, requieren la decidida ayuda de la Comunidad Internacional. También las personas marginadas o excluidas en nuestros entornos sociales precisan de nuestra atención efectiva y consideración solidaria.

La Cruz Roja y la Media Luna Roja nos enseña que la dignificación de las condiciones de vida de toda persona y la defensa de sus derechos resultan esenciales. En el mundo de hoy, nada puede justificar su olvido, abandono o discriminación.

A lo largo de sus ciento cuarenta y dos años de vida, la Cruz Roja Española ha desplegado una labor callada y  eficaz. En los años más recientes ha ampliado su presencia en nuestros pueblos y ciudades, llevando su ayuda social y sanitaria a las personas más necesitadas.

Ha sabido también canalizar con eficacia la respuesta solidaria de la sociedad española frente a las calamidades ocurridas en tantos lugares del mundo.

Por ello, nuestro reconocimiento se dirige hoy especialmente a todas las personas  -en particular, tantos jóvenes- que, cada día en mayor número, se incorporan a la búsqueda y puesta en práctica de la solidaridad activa.

En la acción humanitaria de organizaciones, como la Cruz Roja Española, los voluntarios desempeñan un papel  fundamental e imprescindible. Nos dan ejemplo al fijarse la solidaridad como pauta de conducta, y al poner en práctica, día a día, nuevas fórmulas de apoyo humanitario para que la vida de muchas personas vulnerables sea  cada vez más justa y llena de esperanza.

El generoso esfuerzo del voluntariado, su entrega, es una de las mejores esperanzas de futuro para nuestra sociedad.

Debemos hacer nuestros los anhelos de paz, solidaridad y progreso que son comunes a todos los voluntarios y que éstos saben perseguir con una tenacidad y entrega admirables. A ellos dirigimos en este día el homenaje de nuestra más honda gratitud.

Antes de concluir, quiero dedicar un emocionado recuerdo a quienes entregaron gran parte de su vida a los demás, y ya no pueden estar con nosotros. Reiteramos asimismo nuestra felicitación a todos los galardonados en este día. Todos ellos, merecen de corazón nuestra más profunda gratitud por su generosa dedicación a la construcción de un mundo siempre mejor, como todos deseamos.

Muchas gracias.

 

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