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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Clausura del Primer Congreso Nacional de la Lectura

Cáceres, 07.04.2006

P

ermitidme que inicie mis palabras expresando, en primer lugar, lo agradecidos que estamos la Princesa y yo porque este acto de clausura del 1er Congreso Nacional de la Lectura, nos traiga, recién estrenada la primavera, a esta muy querida y bellísima ciudad extremeña andndash; Patrimonio de la Humanidad andndash; que es Cáceres. Por ello dirigimos nuestra gratitud particularmente a la Junta de Extremadura a quien debemos la invitación para presidir esta clausura y también al Ministerio de Cultura. Pero también nos alegra estar hoy con todos vosotros, los participantes en este Congreso, para compartir una común pasión por los libros y el grato ejercicio de leerlos.No es frecuente que tan insigne elenco de expertos se reúna para reflexionar sobre la lectura. Creadores, editores, representantes de la Administración, estudiosos, profesores y periodistas, habéis sido convocados, en torno a una de las habilidades más extraordinarias que el hombre ha ido desarrollando en su recorrido por este planeta. Y en Cáceres, que tanta historia y cultura rezuma por sus calles y murallas, y que con su tradicional y conocida hospitalidad nos recibe a todos, habéis hablado y debatido sobre ello para identificar cómo hemos de actuar para favorecer y potenciar esa habilidad, que nos define y diferencia como especie.La lectura es un patrimonio exclusivo y excelso del ser humano, sede de su memoria universal, y revela su capacidad de comprender, analizar e interpretar la realidad que le rodea y que andndash;como tal- le es transmitida por la escritura. Nos aporta cualidades que subrayan nuestras dimensiones más nobles, como son la voluntad de conocimiento, de comunicación y de relación más allá del tiempo y el espacio. Como señaló Azorín, las lecturas son simplemente la piedra que aviva nuestros ensueños. Nos proporcionan andndash;además- experiencias, capacidad crítica, reflexión y sosiego; andldquo;alimentan el espíritu y le dan reposoandrdquo;, en conocidas palabras de Séneca. Acaso también en los libros, y mediante la lectura, encontramos la manera de andldquo;mirarnos al espejoandrdquo; para conocer y comprender lo que hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos.Leer no es solo entender un texto, código de letras y palabras desde su comienzo hasta el fin, sino imaginar, relacionar ideas y conceptos. Mientras leemos escogemos libremente lo que en cada momento nos parece indistintamente más importante, más útil, más divertido o más bello, según también el momento, el estado de ánimo o el objetivo que nos marcamos al hacerlo. Se trata de ampliar constantemente el umbral de nuestra comprensión. Se trata de alimentar la curiosidad por el saber y el disfrute con el arte y la imaginación.El hábito de la lectura constituye un factor de gran relieve como instrumento básico en el proceso de formación; de ahí la conveniencia de saber despertarlo en edad temprana. Pero, aún más allá, todos los estudios especializados muestran que la capacidad lectora resulta imprescindible para el continuo y permanente desarrollo personal, humano y profesional.Actualmente, los recursos son numerosos, pero el más utilizado sigue siendo el libro; gracias a él, los hombres han extendido sus ideas, ilusiones y propósitos. Los libros y la lectura adquieren así categoría de tesoro universal del género humano.Por eso, constatamos con alegría que en España disponemos hoy de abundantes recursos para ejercer la práctica de la lectura. El número de nuevos títulos publicados cada año se aproxima a la vertiginosa cifra de ochenta mil registros ISBN, producidos por cerca de tres mil sellos editores, muchos de los cuales están implantados también en otros países, particularmente en Iberoamérica. Estos libros se ofrecen en numerosos formatos, haciendo uso de soportes variados, y se distribuyen gracias a una extensa red de empresas y librerías de ámbito mundial.Los libros se ofrecen también, gratuitamente, en otra red no menos tupida de bibliotecas municipales, autonómicas, estatales, institucionales o privadas. Se trata de un servicio cultural, el bibliotecario, que se brinda a sus usuarios de forma gratuita e indiscriminada y que no se limita al libro, sino que amplía continuamente sus recursos y soportes. Este importante servicio cultural ha alcanzado ya los cien millones de visitantes anuales.Sin extenderme demasiado en el análisis de esta realidad, quiero subrayar que, cuantitativamente, España es una potencia editorial mundial con unas previsiones de futuro muy prometedoras, dada la gran expansión de la lengua española. La industria editorial española da trabajo directa e indirectamente a miles de personas, y no sólo produce millones de libros, sino que éstos ocupan el décimo puesto como producto exportable, con una balanza comercial positiva y con tendencia al alza según los últimos datos disponibles. Esto nos da idea del potencial que encierra la industria cultural española, de la que el libro es una parte esencial.El crecimiento de la población española que se define como lectora, es sostenido. Este incremento de la población lectora se ha ido logrando gracias al esfuerzo de todos los sectores profesionales implicados. A ello ha contribuido la riqueza creativa de nuestros autores e ilustradores; las aportaciones de los traductores; los esfuerzos de editores, distribuidores y libreros; el empeño de los bibliotecarios y docentes; las tareas compartidas por las distintas Administraciones; las campañas, y un largo etcétera; pero, sobre todo, la determinante responsabilidad asumida por los padres de familia, que han cobrado conciencia de la importancia de la lectura como acto educativo fundamental para sus hijos.El esfuerzo realizado ha dado ya sus frutos. Acogemos como un dato esperanzador las cotas que alcanzan las cifras de lectores entre la población más joven. Pero no podemos darnos por satisfechos; debemos continuar fomentando su constante incremento.Deseamos que España se consolide como un país de lectores, porque así, y como reza el slogan, también lograremos ser un país de ciudadanos más cultos y más libres. El poeta español Vicente Espinel, fue un preclaro precursor de esta idea en el siglo XVII, al afirmar que andldquo;los libros hacen libre a quien los quiereandrdquo;.Este afán es el que mueve acontecimientos dirigidos a la reflexión y al análisis, como este Congreso Nacional que hoy nos reúne. Quiero expresar nuestra felicitación a sus organizadores, por el acierto que supone su desarrollo y por la oportunidad de los temas, que estos días habéis abordado en las diferentes ponencias.Todos hemos de aprender de las conclusiones de este Foro que, sin duda, nos ayudarán a lograr nuevas metas en este ámbito; un ámbito que suscita nuestra mayor simpatía pues andldquo;si está bien hecha y es honestaandrdquo;, la lectura proporciona estímulos para seguir construyendo una España siempre mejor.Muchas gracias.

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