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Palabras de Su Majestad el Rey en el Quinto Centenario del nacimiento de San Francisco Javier

Navarra(Javier), 07.04.2006

M

uchas gracias, Señor Presidente, por sus muy amables palabras, y a todos por tan cordial recibimiento, al que la Reina y yo correspondemos con nuestro mayor afecto.Venimos siempre a esta muy querida Navarra con gran alegría.

Y hoy lo hacemos con especial satisfacción, pues las recias piedras de la cuidadosamente renovada fortaleza de Javier, testigo milenario de su historia, nos acogen para expresar en este Acto nuestra perenne admiración hacia un hombre singular y su obra excepcional: San Francisco Javier, uno de los nombres más insignes entre los españoles universales.El de hoy es un día grande para esta Navarra de fuertes y admirables cualidades que, desde la canonización de Javier, lo distinguió como su co-patrono. Es también un día grande para España entera, que mucho se enorgullece de tenerlo como ilustre hijo suyo. Lo es también para la Iglesia, de la que dió testimonio relevante y ejemplar. Y para todos los países que evangelizó, con los que nos vincula su recuerdo siempre vivo.Porque lo que hoy celebramos, con motivo del Quinto Centenario de su nacimiento, es una lección de vida con un valor permanente; la lección de una trayectoria personal vivida en tiempos de encrucijada y de crisis, con una perseverancia y una convicción ejemplares, que son el secreto de su proyección y permanencia.El nombre y la figura de Javier, no sólo constituyen una brillante página de nuestra Historia, sino que tienen plena vigencia en el mundo de nuestros días.Javier no salió al mundo al azar. Su tenaz personalidad, su bagaje intelectual y moral, se fraguaron en la Universidad de la Sorbona, en donde conoció a Ignacio de Loyola.Allí, en un ambiente surcado por vientos de reforma, supo analizar con madura reflexión las posibilidades y contradicciones de su tiempo, para deducir de su experiencia sus propias conclusiones.Y, con ellas, un sólido criterio que dirigió toda su vida de misión, enraizada en dos cualidades esenciales: la autenticidad que no claudica y la fidelidad, no sólo a sus íntimas convicciones, sino también a su compromiso con los hombres, acontecimientos y valores de su época; en particular, a los que contrajo para siempre con la Compañía de Jesús en su etapa fundacional.Con este equipaje, partió Javier a su gran aventura de misión ultramarina, que encontró inspiración en su prodigiosa fuerza interior y profunda fe religiosa. Una fe de honda raíz espiritual, que -pese a todas las penalidades- quiso compartir, como su mejor tesoro, con pueblos de los confines del mundo conocido.Javier fue un adelantado a su tiempo. Supo vislumbrar la auténtica dimensión del mundo. Apreció la riqueza intrínseca de aquellos pueblos, nuevos para nosotros; aprendió sus lenguas, se interesó por sus modos de vida, costumbres y tradiciones.De todos ellos, transmitió a Europa -a través de sus cartas al Rey de Portugal- sus valores humanos y sociales, estableciendo de hecho cauces de conocimiento y comprensión entre Oriente y Occidente. Unos cauces que no han perdido su vigencia, especialmente con Japón y las comunidades cristianas de Asia, que siguen identificándose con su nombre y su recuerdo.Con su ejemplo personal, inauguró un empeño, en el que hoy siguen comprometidas las Naciones y sociedades más avanzadas; un anhelo de contínua atención a los más necesitados, de defensa de los desvalidos y de denuncia incansable de los agravios e injusticias.Gracias al apoyo generoso de muchas iniciativas individuales y de numerosas organizaciones, miles de misioneros y misioneras, cooperantes y voluntarios de muchos países, credos y razas siguen labrando a diario el surco que abrió Javier. Como él, dan lo mejor de sí mismos para ayudar, educar, curar y consolar a quienes más lo necesitan en los lugares más remotos, y a menudo más olvidados, de nuestro planeta.San Francisco Javier sigue señalando el camino, y nos invita a volcarnos con entusiasmo en una labor de alcance global.Autenticidad, fidelidad y generosidad son las luces con las que este Centenario alumbra aquella ruta, por la que, andndash;impulsados por el espíritu de San Ignacio de Loyola y de San Francisco Javier-, siguen caminando los miembros de la Compañía de Jesús. Ellos contribuyen hoy, también a través de la educación y la ayuda social, a construir un mundo mejor.Aquellas virtudes son también señas de identidad de los navarros, que destináis importantes recursos -tanto del sector público como del privado, o de las economías familiares- a la cooperación para el desarrollo del Tercer Mundo. Nutrís, además, en alto grado el contingente de misioneros y cooperantes, en muchos casos de alta cualificación profesional, que trabajan en los confines del mundo.A todos ellos, queremos transmitir nuestro mayor reconocimiento, al tiempo que les alentamos desde aquí a seguir cumpliendo su valioso compromiso de humanidad y solidaridad.Un espíritu de solidaridad propio de la España dinámica, moderna y democrática que, con el esfuerzo de todos los españoles, hemos construido sobre un ejemplar marco de convivencia, basado en el más amplio consenso de nuestra Historia.Quiero dirigir un afectuoso y especial saludo al Cardenal Legado que, representando a Su Santidad el Papa, va a presidir la celebración central de esta jornada. Le ruego que haga llegar al Santo Padre nuestro filial agradecimiento por compartir con todos nosotros el contenido, de esta conmemoración llena de significado.Antes de poner fin a mis palabras, expreso asimismo nuestra sincera felicitación y afecto a las personas e instituciones de Navarra y de toda España, de la Compañía de Jesús andndash;en particular a su Prepósito General- y de todo los países aquí representados, que se han unido para organizar y celebrar este Año de Javier.Vuestro patrocinio y apoyo han sido esenciales para dar a estos actos el relieve y la universalidad que corresponde a la imborrable figura histórica de San Francisco Javier. Habéis hecho posible así el homenaje que hoy con especial emoción le tributamos desde su tierra, esta Navarra que, como Rey de España, siempre llevo en el corazón.A todos, muchas gracias.

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