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Palabras de Su Majestad el Rey en la conmemoración del XXV Aniversario del Consejo General del Poder Judicial

Madrid, 03.11.2005

E

l motivo que hoy nos congrega en este espléndido Palacio de Justicia del Tribunal Supremo de España reviste una especial relevancia institucional.

Celebramos los primeros veinticinco años de existencia del Consejo General del Poder Judicial. Son muchos los motivos para felicitarnos por esta efeméride.

De ahí que, al presidir este solemne acto, la Reina, el Príncipe de Asturias y yo mismo, queramos rendir el tributo de respeto y de reconocimiento que bien merece este destacado órgano constitucional.

Muchas gracias, Señor Presidente, por sus amables palabras, en particular, por su cálida felicitación ante el reciente nacimiento de nuestra nueva nieta, la Infanta Leonor.

Las hemos escuchado con particular agrado, como fiel reflejo del sentimiento de lealtad y afecto del Poder Judicial a la Corona, expresado por parte de quien ostenta su máxima representación.

En estas fechas llenas de alegría para toda la Familia Real, permítanme que aproveche la ocasión para agradecer asimismo en nombre de la Reina, de los Príncipes de Asturias, y en el mío propio, a las distintas autoridades, personalidades, instituciones y organismos y, muy especialmente, al conjunto de la sociedad española, sus numerosas muestras de felicitación.

Apreciamos sobremanera la cercanía y el cariño entrañable con los que los españoles han acogido el nacimiento de la primogénita de los Príncipes de Asturias. Muchas gracias a todos de corazón.

Más allá del júbilo familiar que supone el alumbramiento de un nuevo ser querido, quiero destacar la importancia dinástica y constitucional de este nacimiento para la futura continuidad de la Monarquía parlamentaria y para su permanente vocación de servicio a España y a todos los españoles.

Señor Presidente,

Estos veinticinco años del Consejo General del Poder Judicial constituyen un hito para toda la Justicia española, que asumió con probada lealtad nuestra Constitución como norma suprema de nuestro ordenamiento jurídico y de nuestro sistema de convivencia en democracia.

En dicho período, este Consejo ha ejercido de modo ejemplar las competencias que le atribuye la Constitución en nuestro Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

Ha desempeñado un papel esencial, contando siempre con el saber, la profesionalidad, la prudencia, la abnegación y la entrega de todas las personalidades que han integrado e integran esta institución. Con su esfuerzo siempre valioso, sostenido y callado, han contribuido de forma decisiva al desarrollo y consolidación de este Consejo General.

A todos ellos rendimos hoy el sincero homenaje que su labor merece, junto con un emocionado recuerdo a cuantos ya no pueden estar con nosotros.

Este órgano constitucional inició su andadura cuando apenas habían transcurrido dos años de la entrada en vigor de nuestra Constitución.

Su existencia expresa la singular importancia de la función de Jueces y Magistrados en un Estado de Derecho y encarna la voluntad de preservar plenamente su independencia.

Sus amplias funciones, además de las enunciadas en nuestra Norma Fundamental y de las relacionadas con la carrera profesional de Jueces y Magistrados, se extienden a otras importantes materias como la formación de sus miembros, el informe en las materias de su competencia y la documentación sobre las actividades de la Administración de Justicia.

El Consejo ha cumplido con eficacia su cometido esencial de velar por la garantía de independencia de los Jueces y Magistrados en su función de impartir Justicia. Una función que se plasma en la constante defensa de la vigencia e imperio de la Ley, expresión de la voluntad general en una sociedad libre y democrática como la española.

Todo ello explica el arraigo de este Consejo General, fruto del efectivo desarrollo de su relevante tarea, tan íntimamente ligada al buen funcionamiento de la Justicia, al logro de una tutela judicial ágil y efectiva, y a la construcción, en el último cuarto de siglo, de una España democrática cada vez más justa y solidaria.

De ahí que la sociedad española y sus instituciones, tengan contraída con el Consejo General del Poder Judicial una profunda deuda de gratitud, que hoy deseo manifestar y subrayar como Rey en este solemne acto de celebración.

Señor Presidente,

La creación de este órgano al que corresponde el gobierno del Poder Judicial, sólo ha sido posible al amparo y en el marco de nuestro régimen constitucional democrático, fundado en la separación de Poderes.

Un marco constitucional ejemplar, forjado por todos y para todos, que gozó del beneficio del más amplio y generoso consenso nunca alcanzado entre los españoles, y que -como he repetido en numerosas ocasiones- nos ha aportado el más largo período de paz, prosperidad y estabilidad en libertad, de articulación de nuestra pluralidad y diversidad territorial, y ha sido esencial para la transformación y modernización de España.

Con razón nuestra Constitución dedica una especial atención al Poder Judicial y le confiere los instrumentos que precisa para cumplir con eficacia sus importantes funciones, dotando a los derechos que proclama de las correspondientes garantías y, a quienes han de prestarlas, de las condiciones necesarias para ello.

Así, nuestra Norma Fundamental define con precisión el estatuto del juez en torno a los principios de independencia, inamovilidad, responsabilidad y sumisión al imperio de la Ley, al tiempo que organiza el Poder Judicial respetando escrupulosamente el principio de la división de poderes, que está en la base misma de la creación del Consejo General del Poder Judicial.

Con su firme compromiso con los valores y principios que informan nuestra Constitución, este Consejo General ha promovido de forma efectiva el mejor funcionamiento de la Justicia al servicio de los ciudadanos, así como la seguridad jurídica que exige la vida en democracia y que sustenta nuestra preciada estabilidad política, económica y social.

Como dije hace escasos días en la apertura de las Reales Academias, ningún esfuerzo sobra cuando se trata de España y de los españoles.

Señor Presidente,

Animo, por ello, a este prestigioso órgano constitucional a seguir trabajando con empeño y tesón, mejorando día a día la agilidad, calidad y eficacia de la Administración de Justicia, su intrínseca vocación de servicio a la sociedad, desde la cercanía a sus problemas y necesidades.

Todo ello, contando con la experiencia de los numerosos profesionales de prestigio que la integran y con la nueva savia de las más jóvenes generaciones de hombres y mujeres - cada vez más numerosas- que, como tuvimos ocasión de comprobar una vez más hace escasas semanas en Barcelona, acceden a nuestra Administración de Justicia, cargadas de ilusión y dotadas de una notable preparación.

Concluyo, reiterando al Consejo General y a todos sus miembros mi respeto, reconocimiento y más sincera felicitación, al tiempo que os pido que sigáis ejerciendo con lealtad y prudencia vuestra alta misión, siempre al servicio de España; de una España democrática y unida, cada vez mas justa, equitativa y solidaria.

En esta tarea siempre podréis contar con mi respaldo personal, y con el más firme aliento y apoyo de la Corona.

Muchas gracias.

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