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Palabras de Su Majestad el Rey a la milicia al imponer las fajas de Estado Mayor

Madrid, 26.04.1978

E

xcelentísimos señores, señoras y señores, compañeros, agradezco ante todo las palabras de bienvenida que me ha dirigido el General director accidental de la Escuela Superior del Ejército, así como las del director de esta Escuela de Estado Mayor, al que felicito por la magnífica lección que acaba de ofrecer.

Gracias también por sus testimonios de esa lealtad militad, en la que confío siempre y que me llena de orgullo, de seguridad y de esperanza.

Y a mi vez quiero manifestar a todos la satisfacción que me produce estar presente en este acto castrense, en el que una nueva promoción de jefes y oficiales obtiene la compensación a su esfuerzo intelectual, a su entusiasmo por el perfeccionamiento profesional y a su tenaz sacrificio.

Nos congratulamos al comprobar este paso más en la progresión constante e imprescindible del nivel táctico, técnico y científico de nuestras Fuerzas Armadas, en favor de su mayor eficacia al servicio de la nación.

Pero en las Escuelas de Estado Mayor no solamente se cultivan estas cualidades profesionales. No olvidemos que, asimismo, profesores y alumnos se esfuerzan en practicar las virtudes morales que, propias de todo oficial del ejército, son necesarias en grado sumo en la vida diaria del Estado Mayor: Lealtad al Mando, como acabáis de subrayar en la promesa que habéis formulado, informando veraz, objetiva y desapasionadamente -sin experimentar nunca la tentación del lucimiento o el medro personal-, para que el jefe pueda tomar sus decisiones con acierto y oportunidad. Disciplina, que se traduce en obediencia consciente y responsable para desarrollar con entusiasmo las órdenes y asumir como propios sus fundamentos aunque no se compartan. Capacidad de trabajo, para traducir el amor al servicio en facilitar a las tropas la ejecución de sus misiones y desvivirse por proporcionarles cuantos apoyos sean posibles. Generosidad para que la labor individual se integre y confunda con la labor de equipo, la del equipo en la de la unidad, la de la unidad en la del ejército.

Todas estas virtudes, a las que se rinden culto en esta Escuela, contribuyen destacadamente a la competencia profesional y al prestigio de nuestras Fuerzas Armadas.

Esas virtudes, esa competencia y ese prestigio, son siempre necesarios en la milicia e indispensables en los momentos que vive nuestro país.

Porque si -como ha dicho el General Director de la Escuela en su última lección- hemos de pretender que nuestros Ejércitos estén plenamente integrados en la sociedad y que todos los españoles se sientan identificados con ellos, es preciso, de un lado, que los componentes de estos ejércitos sean en todo momento ejemplo de preparación, de competencia, de dedicación entusiasta y de virtudes morales.

Pero también es imprescindible, de otro lado, que esa identificación de los españoles con sus Fuerzas Armadas se manifieste en un profundo respeto hacia quienes tienen como fundamental misión la defensa de la nación y del orden institucional.

Es evidente la necesidad de actuar siempre dentro de la legalidad más estricta; pero, precisamente por ello, seamos todos también respetuosos con la legislación que rige en los ejércitos, con las normas básicas de nuestra estructura nacional que aquellos han de mantener, con las instituciones fundamentales y con los principios inmutables que inspiran los sentimientos y la conducta de los militares.

Seamos respetuosos para merecer ser respetados; pero exijamos el respeto que en cada momento se nos debe.

A través del delicado período de transición al que estamos asistiendo, cuando tantas veces los ojos de los españoles se vuelven hacia sus ejércitos, las Fuerzas Armadas están dando el ejemplo constante de su prudencia, de su comprensión y de su patriotismo. Nadie puede sentirse ajeno al desarrollo de los acontecimientos y a los deseos de orden, de seguridad y de permanencia; pero el mérito estriba en encerrar, si es preciso, en lo más íntimo de nuestro ser los sentimientos individuales, para acatar las decisiones que con carácter general inspire una voluntad superior.

No puede pensarse, sin embargo, que esa actitud serena y comprensiva pueda significar inhibición o renuncia con respecto a las altas ideas y a las normas vigentes esenciales, pues ni unas ni otras pueden verse atacadas nunca por el ejercicio de la violencia, por el menosprecio de nuestros valores históricos, por las afrentas a nuestros símbolos y a nuestras tradiciones.

Seamos respetuosos con quienes nos respeten y que los demás lo sean con los ejércitos que respetan, disciplinados y vigilantes, la marcha de una evolución indispensable.El respeto es inseparable de la libertad. Y alguien ha definido a ésta como la facultad de limitarse a sí mismo para que no tengan que limitarnos los demás.Termino expresando mi felicitación sincera a quienes recibís las fajas de Estado Mayor, con un saludo especial a los jefes y oficiales de otros países que terminan hoy aquí sus estudios y a las familias de unos y otros.

Y a todos los miembros de nuestros ejércitos os pido confianza en vuestro Rey, de la misma manera que en vosotros confío, como depositarios de las más altas virtudes militares y como defensores de la paz, de la integridad de nuestro territorio y de la bandera que simboliza la historia y la grandeza de nuestra patria.

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