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Palabras de Su Majestad el Rey al Ayuntamiento de Albacete y a los albaceteños

Albacete, 07.03.1980

M

uchas gracias, señor Alcalde, por estas palabras de bienvenida, y muchas gracias, albaceteños, por vuestra presencia aquí, que la Reina y yo os agradecemos de todo corazón.

Y éstas no son palabras de protocolo, porque vuestro Rey las dice de corazón y porque, además esta tierra no admitiría otras expresiones que no fueran las de la sinceridad y las de la verdad. Yo acepto, con toda la responsabilidad que me compromete como Rey, las manifestaciones de vuestro Alcalde que ha expuesto las necesidades de esta tierra y de esta ciudad que es clave, por su historia y por su dinámica de futuro, en el entendimiento de la España de hoy.

Acepto el reto de ser yo, el Rey, quien empeñe mi esfuerzo y mi instancia personal en que vuestros problemas, crudos y reales, encuentren en los altos niveles de gobierno soluciones efectivas y profundas.

Sobre esta ciudad, sobre esta tierra, hay largas definiciones en las que se mezclan el pintoresquismo y el folklore; pero es hora, que desde la piedra y el tapiar, desde los álamos y cañares surjan y se razonen, con rigor necesidades y problemas para que éstos tengan soluciones.

Pienso, desde la hondura de mi amor a España, que cuando las cosas se plantean con nobleza y altura de miras, -como es el caso de Albacete, tan olvidada a lo largo de la historia y sin embargo tan presente a la hora de los sacrificios por la patria-, vuestros planteamientos tienen un enorme derecho a la justicia y a la correspondencia.

La Reina y yo, hemos recibido desde nuestra llegada a vuestra tierra y a vuestra ciudad entrañables muestras de simpatía y afecto. Si he de ser sincero, los esperábamos de vosotros. Porque, es de fe para mí y para la institución que encarno que Albacete no es tierra de transición ni de paréntesis entre otras tierras de España.

Antes bien, es tierra de unión y camino de identidades. Si hubiera muchas Españas, aquí en esta plaza, se harían una sola España. Si hubiera muchas corrientes divisorias, aquí, en esta tierra de frío y de calor extremos, -donde brilla la luz y el alba es más clara que en ningún otro sitio de nuestra patria- se fundirían en un río común, amplio y acogedor.

Por esta razón. Por estas razones, la Reina y yo, nos sentimos aquí, en Albacete, en nuestra casa. Y os pedimos un puesto de trabajo en vuestras infatigables jornadas para arrimar el hombro a vuestra tarea de luchar por una nación mejor, más próspera y más justa.

Sois mujeres y hombres que respiráis dignidad y ejemplaridad, y estas palabras mías quisiera que las interpretaseis no como elogio, para el que vosotros tenéis aspereza y distancia, sino como una valoración justa y exigente.

Esperáis mucho de España, de Madrid, del gobierno, de la Constitución. Y se os debe por vuestra laboriosidad noble, callada y plena de abnegación.

Pero también os digo que España, todos los españoles, esperamos mucho de vosotros, para alumbrar el camino, tan difícil y áspero a veces, de la historia.

Dice uno de nuestros más grandes poetas que «a una nación no le basta la geografía, que queremos un paisaje con historia y una España con más España». Pues bien, en esta fecha, en esta plaza, encontramos la Reina y yo, el mensaje de solidaridad y afecto que necesitamos los españoles para España.

Muchas gracias, acojo con cariño las claras expresiones de vuestro Alcalde y quiero deciros que vuestro Rey acepta el reto de un Albacete mejor y más grande con la gallardía que se recibe un desafío noble y hondo.

Un abrazo para todos vosotros.

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