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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente del Camerún Ahmadou Ahidjo y al pueblo camerunés

Madrid, 20.09.1982

S

eñor Presidente, siguen muy vivas en nuestro recuerdo las sinceras muestras de amistad y de hospitalidad cordial que marcaron nuestra estancia en Camerún, hace casi dos años, junto a Vuestra Excelencia y vuestra ilustre esposa, así como la extraordinaria simpatía con que en todo momento y lugar fuimos acogidos la Reina y yo por el pueblo camerunés.

Duala, Yaundé y Ngaunderé fueron los hitos de aquella visita que nos permitieron conocer y admirar directamente la variada belleza de vuestro gran país, así como la calidad humana y la laboriosidad de vuestro pueblo, unido en la gran tarea colectiva de desarrollar las riquezas de la nación y acrecentar su propio bienestar.

Nos sentimos hoy la Reina y yo, y junto a nosotros el gobierno y todo el pueblo español, especialmente felices por tener la oportunidad de recibiros en España y daros la prueba del sincero afecto y la profunda admiración que sentimos hacia vuestra excelencia y de la firme amistad de nuestro pueblo hacia el vuestro.

Conocemos bien vuestra obra y lo que significáis no sólo para la nación camerunesa, sino para el Africa entera y lo que, bajo vuestra prudente y decidida dirección, representa Camerún, activamente presente en tantos y tan importantes foros internacionales, para la cooperación y la paz en el mundo.

Las Naciones Unidas, la OUA, el Movimiento de los Países No Alineados, la Conferencia Islámica y los organismos de la cooperación regional de Africa central, han recibido siempre la positiva influencia de la acción diplomática camerunesa, caracterizada por la ponderación y la reflexión en el examen de los problemas y la prudencia y la equidad en la propuesta de soluciones.

Gracias a tales virtudes, Camerún aparece como pieza clave del equilibrio político y de la estabilidad, no sólo en la región subsahariana sino también a escala continental, y vuestra opinión y consejo, señor Presidente, son con toda justicia buscados y apreciados.

El día 20 del pasado mes de mayo se cumplió el décimo aniversario de la Reunificación del Camerún. Permitidme, señor Presidente, que os reitere ahora nuestra felicitación por tan significativa conmemoración, constatación histórica del éxito del proceso político emprendido por el pueblo camerunés, dirigido por vuestra excelencia, que ha hecho de la República Unida del Camerún un modelo ejemplar de construcción nacional.

Habéis sabido combinar, señor Presidente, el respeto a los valores positivos de la tradición y a las particularidades características de país tan variado como Camerún -que no en vano ha sido afectuosamente llamado «un Africa en miniatura»- con el necesario proceso de modernización de las estructuras económicas y sociales y con la concentración de todas las energías en un esfuerzo unitario colectivo hacia metas superiores de progreso, bienestar y justicia para el pueblo.

Desde nuestras conversaciones en Yaundé y Ngaunderé, señor Presidente, parece necesario constatar que, lamentablemente, el panorama internacional no ha hecho sino complicarse.

Pocos son, en verdad, los acontecimientos que invitan hoy al optimismo, aunque países de profundas convicciones como España y Camerún no pueden jamán perder la fe en el hombre ni abandonar su confianza en el éxito final de sus altos ideales.

El mundo se ha visto rodeado, en estos últimos tiempos, por un auténtico cinturón de conflictos que, desde el sudeste asiático, pasando por la región del golfo, el oriente medio, el cuerno de Africa y Africa noroccidental, se ha extendido hasta nuevas áreas, hasta ahora insospechadas, al otro lado del Atlántico.

En vuestro continente sigue sin encontrar solución suficiente la tragedia de los refugiados: un problema en el que se os debe general reconocimiento, señor Presidente, por vuestra humanitaria actitud en relación con el éxodo masivo de víctimas inocentes del conflicto en el vecino Chad, tan generosamente acogidas por Camerún; persiste la inestable, peligrosa e injusta situación en el Africa meridional; se recrudece la tensión en el cuerno de Africa; y los problemas económicos y sociales no hacen sino agravarse de día en día.

Y en tal difícil coyuntura, la propia Organización para la Unidad Africana ha entrado en una de las más serias crisis de su historia, precisamente en unos momentos en que, por estar a punto de lograrse el objetivo de la liberación total del continente, se plantea ante la Organización, como prioritario, el reto de los problemas económicos para los que existe ya afortunadamente el marco del Plan de Acción de Lagos de 1980.

En estos dos años transcurridos desde nuestro último encuentro, señor Presidente, España ha continuado desarrollando y profundizando los principios generales de su política exterior.

Así, y de manera coherente con su pertenencia natural al mundo europeo y occidental, España ha proseguido el proceso de integración en las instituciones políticas y económicas propias de ese área, sin que aquello haya significado en absoluto abandono ni despreocupación por las otras dimensiones constitutivas de nuestra presencia y nuestra acción en la escena internacional.

Por ello presta España destacada atención a los problemas de Africa y ha continuado apoyando activamente en todos los foros, sobre todo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, las justas causas del continente, muy especialmente la lucha por la independencia de Namibia, proveyendo ayuda humanitaria para las víctimas de la injusta situación que prevalece en la región austral.

Se ha esforzado España por diversificar e intensificar sus programas de cooperación técnica y económica con diversos países africanos. A este respecto debo señalar la acción de la cooperación con Guinea Ecuatorial, bien conocida en vuestro país y a la que presta Camerún generoso y valiosísimo apoyo logístico, cooperación que está ofreciendo ya muy positivos resultados, no sólo para ese país hermano, sino también para la estabilidad global de la región.

Por lo que respecta a la OUA, la esencial sensibilidad del pueblo español hacia las realidades y problemas de las naciones africanas, fundamentada tanto en razones históricas como en nuestra proximidad física al continente africano, hace que España siga con gran interés, no exento de preocupación, la actual crisis por la que atraviesa la Organización. Quede constancia de nuestra total disposición a una cooperación global con la OUA, dentro del pleno respeto a nuestra vocación y características nacionales.

En cuanto a la grave situación en el próximo oriente, España, tan unida también histórica y culturalmente a la gran nación árabe, se ha esforzado activamente en el marco internacional de las Naciones Unidas por encontrar soluciones para poner fin a la violencia, haciendo cuantos esfuerzos le ha sido posibles por aliviar el sufrimiento de los pueblos que padecen por el conflicto.

Por ello, España ha acogido con esperanza y simpatía el Plan elaborado en Fez por los Jefes de Estado de la comunidad árabe, como un elemento constructivo y positivo para el logro de la tan deseada paz en el próximo oriente.

En el plano de nuestras relaciones bilaterales, creo, señor Presidente, que podemos justamente felicitarnos por la puesta en marcha de varios de los proyectos de cooperación convenidos en Yaundé durante nuestra visita y elaborados por las misiones que hemos venido intercambiando en estos últimos meses.

El hecho de haber elegido precisamente, como primer paso, el sector de la formación profesional revela que, por ambas partes, se concibe la cooperación para el desarrollo como un esfuerzo fundamentado principalmente en la capacitación del elemento humano.

Con todo, pienso que la amistad sincera que nos une y la confianza mutua que caracteriza las relaciones entre nuestros gobiernos y nuestros pueblos, nos incita a marchar francamente por el camino iniciado hacia más ambiciosas metas de cooperación, al servicio tanto del bienestar de nuestras dos naciones como de la paz mundial.

Con tal deseo, permitidme ahora que levante mi copa para brindar por la prosperidad y felicidad personales de Su Excelencia el Presidente de la República Unida del Camerún y la señora de Ahidjo y de los miembros de la distinguida delegación que les acompañan, así como por el bienestar del pueblo camerunés y de la creciente amistad entre España y Camerún.

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