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Palabras de Su Majestad el Rey a los Reyes Hussein y Noor de Jordania y al Pueblo Jordano

Jordania(Ammán), 11.11.1994

M

ajestades, Altezas Reales, excelentísimos señores, es para la Reina y para mí un privilegio, y una enorme satisfacción personal, realizar esta visita de Estado a Jordania, país que conocemos bien, al que tantos lazos institucionales y personales nos unen, y en el que nos sentimos en casa.

Deseo ante todo, Majestad, agradecer muy efusivamente vuestras palabras que responden a una vieja amistad y a tantas ilusiones y objetivos compartidos por nuestros dos países.Majestad, la historia de Jordania es en buena parte vuestra historia personal. Con vuestra dedicación y sacrificio, habéis ganado para vuestro país, a menudo en circunstancias muy difíciles, el respeto y la admiración de la comunidad internacional. Habéis ganado el sincero amor filial de vuestro pueblo, esa gran familia, como a menudo vos mismo la denomináis, en la que no hay exclusiones ni prelaciones, rica en sus diversos componentes nacionales y religiosos.

Jordania ha tenido que hacer frente a una situación política y económica delicada, por haber sufrido directamente las consecuencias de los conflictos de la zona. Además, ha tenido que afrontar los retos, complejos y delicados, del proceso de paz mientras consolidaba, con decisión y valentía, las instituciones democráticas.

Los resultados no pueden ser más esperanzadores, debido singularmente, al esfuerzo nacional y al liderazgo de Vuestra Majestad.

Las más prestigiosas instituciones financieras internacionales han avalado esos esfuerzos y esos resultados. Ha llegado efectivamente la hora de que la comunidad internacional muestre su solidaridad. España, Majestad, no se substraerá a ese deber de solidaridad y de apoyo.Tras su esperanzador inicio en Madrid, el proceso de paz acaba de rendir frutos concretos y tangibles. Jordania e Israel no viven ya de espaldas ignorándose mutuamente e ignorando sus potencialidades compartidas.

Con los Acuerdos de Arava, el pasado 26 de octubre, la paz ha llegado por fin a esta tierra; y aquí debo también rendir tributo a la visión histórica de Vuestra Majestad y de los dirigentes israelíes. Se abren ahora perspectivas inusitadas de cooperación bilateral y regional en múltiples campos, que permitirán mejorar la situación de los dos pueblos y el desarrollo económico de la región, una vez satisfechas las últimas reivindicaciones pendientes.

En el umbral del siglo xxi, no caben miras estrechas puramente localistas, y los problemas regionales deben encontrar soluciones regionales. Tan sólo beneficios se pueden derivar de un enfoque regional del Oriente Medio del año 2000. Beneficios para todos sus pueblos, y para las generaciones venideras que habrán arrinconado el odio, la incomprensión y la intolerancia.

Una vez alcanzada la necesaria paz global en la zona, la posibilidades de cooperación y de ayuda a la modernización de esta región por parte de la comunidad internacional son muy grandes.

Jordania, con unas estructuras educativas y sanitarias ya modernizadas y competitivas y unos cuadros medios preparados y motivados estará en buenas condiciones para afrontar la nueva situación.

España desea estar presente en la región y colaborar en la medida de sus posibilidades, como hasta ahora ha intentado impulsar ese proceso del que en cierta medida nos sentimos responsables por su lugar de alumbramiento.

Reforcemos en todos los campos nuestras relaciones bilaterales. Seamos imaginativos para lograr que nuestros intercambios comerciales, tecnológicos y de todo tipo, no se queden en lo simbólico y se agoten en las buenas intenciones. Así podremos caminar hacia una complementariedad mucho más operativa.

Majestad, en el umbral de esa paz global que ya está a nuestro alcance, es el momento de mirar decididamente hacia el porvenir y de contribuir a forjarlo con dedicación y entereza, sin olvidar el pasado. No es tiempo de retroceder sino de avanzar. Y de arrinconar viejas obsesiones y rencores desplazados. El futuro nos espera. Ya está aquí. Vuestra Majestad es muy consciente de ello, pues ha contribuido decididamente a conseguir la paz de la esperanza, que deberá irse transformando en la paz que crea lazos de amistad y cooperación, vínculos perdurables de entendimiento.

Permitidme proponeros un brindis para expresar mis mejores deseos por ese futuro de paz y prosperidad para el pueblo jordano y por la salud y ventura personal de Vuestras Majestades.

Muchas gracias.

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