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Palabras de Su Majestad el Rey al Supremo Tribunal Federal de Brasil

Brasil(Brasilia), 17.05.1983

S

eñor Presidente, la Reina y yo hemos escuchado con enorme interés y gran satisfacción las doctas y eruditas palabras de Vuecencia sobre la labor de esta suprema institución de justicia, y los términos tan elogiosos para nosotros con que os habéis expresado. Le quedamos por ello muy agradecidos.

Señor presidente, en esta segunda jornada de nuestra estancia en la capital federal, el acto al que en este momento asistimos reviste una especial importancia.

En una conjunción armónica entre el lenguaje de las formas arquitectónicas y la simbología que encierra el urbanismo de Brasilia, nuestra permanencia en este Supremo Tribunal cierra un ciclo de hondo significado.

Se unen en él la sabiduría política, la prudencia diplomática y el tino jurídico bajo los que subyace la inmensa cordura del pueblo de Brasil.He visitado en estas dos jornadas, sin tener que desplazarme físicamente más que unos centenares de metros, los tres edificios que simbolizan los pilares de la democracia que Brasil y España consideran como meta última de la convivencia humana.

El Palacio de Planalto, el edificio del Congreso y, ahora, esta ilustre Casa -lar de los más eminentes jurisperitos de este noble país- son la expresión acabada de las aspiraciones del pueblo brasileño y la representación de las tres facetas independientes de la organización de un Estado en un sistema de convivencia superior.

Señor presidente, la Reina y yo nos sentimos profundamente emocionados y regocijados por la oportunidad que tenemos de asistir a una reunión del Superior Tribunal Federal de Brasil.

En España el respeto por la independencia de este Poder, guardián celoso de la legalidad de actuación de los tres brazos del Estado, ha llevado recientemente a la creación del Consejo General del Poder Judicial, garantía máxima de la autonomía de la judicatura respecto a los otros poderes del Estado.

España, que en una importante síntesis jurídica supo armonizar los principios del derecho romano y del derecho germánico en textos tan importantes como las Siete Partidas del Rey Alfonso X el Sabio y que cuenta con una tradición de respeto a la independencia judicial, rinde en este acto, a través de nuestras personas, homenaje al Supremo Tribunal Federal que vuecencia tan dignamente preside.

No olvidaremos que esta casa de la justicia ha defendido, en todo momento y con firmeza, su independencia en bien de la nación brasileña y, en definitiva, en pro de la justicia.

Esta Casa, señor Presidente, es, como corresponde a un país respetuoso del derecho, la conciencia de la nación.

Desde aquí se examina con criterio objetivo la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las leyes, la conducta de las altas personalidades del poder ejecutivo y, de esta forma, se contribuye a mantener no sólo la justicia sino también la limpieza en el ejercicio del poder que exige la convivencia en la libertad, premisa insoslayable de la verdadera democracia.

La Reina y yo elegimos hoy este marco para transmitir al pueblo brasileño el homenaje de admiración y cariño fraternal del pueblo español que desea que el ya existente progreso de Brasil se perpetúe, en todos los órdenes, amparado siempre por la garantía de justicia que constituye este Supremo Tribunal.

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