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Palabras de Su majestad el Rey en la Conferencia Mundial sobre Ordenación y Desarrollos Pesqueros

Italia(Roma), 27.06.1984

S

eñor Presidente, señoras y señores delegados, sean mis primeras palabras de salutación y agradecimiento para el Presidente de la Conferencia, así como para el doctor Saouma que, desde su puesto de Secretario General, tan dignamente dirige las labores de esta organización. Dedico, asimismo, un saludo muy cordial al conjunto de los delegados presentes.

Al inaugurar esta Conferencia Mundial sobre Ordenación y Desarrollo Pesqueros, quiero ante todo expresar mi esperanza de que, con el concurso activo de todas las delegaciones, se puedan lograr, al término de la misma, unos resultados positivos, que redunden en una normativa más idónea para un aprovechamiento equilibrado del mundo del mar, en el que se entrecruzan intereses económicos, preocupaciones científicas, y necesidades e inquietudes humanas.

La relación entre el hombre y la mar ha variado sustancialmente en los últimos años.Los océanos han empezado a desvelar sus más íntimos secretos a la curiosidad del hombre, y sus riquezas son una fuente potencial de alivio para las acuciantes necesidades de la humanidad. Pero es necesario que dichas riquezas no sean esquilmadas en un afán depredador de corta y egoísta visión.

La mar sigue siendo a un tiempo el desafío de la lontananza y la atracción de la aventura, la tarea cotidiana y artesanal de unos hombres, que han hecho de ella su vocación y su sustento, y el medio de comunicación natural entre civilizaciones y culturas diversas. A los retos de antaño se han añadido nuevos horizontes, y las responsabilidades son ahora mayores.Entre todos debemos hacer un esfuerzo extraordinario para salvaguardar lo que constituye una de nuestras principales fuentes, no ya de riqueza, sino incluso de vida. De no actuar pronto, las actuales tendencias negativas podrían llegar a ser irreversibles.

Se impone por tanto la búsqueda de fórmulas adecuadas de cooperación internacional para alcanzar una óptima utilización de los recursos vivos del mar en beneficio de todos los países de la tierra y en especial de las poblaciones más desasistidas.

En efecto, los recursos vivos del mar deben utilizarse, fundamentalmente, para la alimentación humana y para evitar la malnutrición. Objetivos de alimentación que han de favorecer tanto a las poblaciones de los países con amplias zonas económicas y gran riqueza pesquera, como a las de aquellos países que carecen, en mayor o menor medida, de los recursos pesqueros precisos para subvenir a las necesidades de abastecimiento de sus mercados y a la demanda de sus poblaciones.

Es el caso de mi país en el que, pese a sus casi 5.000 kilómetros de costas peninsulares e insulares, la producción nacional de recursos vivos resulta insuficiente para abastecer a nuestras poblaciones de proteínas de origen animal.

Debe, por tanto, potenciarse la cooperación internacional entre países pesqueros industrializados y países en desarrollo, para favorecer la transferencia de tecnología, la formación profesional náutico-pesquera, la creación de empresas pesqueras conjuntas y el desarrollo de la acuicultura, tanto en el mar, como en las aguas continentales.A la consecución de estos objetivos de cooperación obedece la convocatoria de esta Conferencia Mundial sobre Ordenación y Desarrollo Pesqueros.

La propia Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ha fundamentado el desarrollo y la ordenación de las pesquerías en tres principios básicos:El primero, la importancia «del desarrollo de la pesca en pequeña escala como medio de lograr una distribución más equitativa de los ingresos y otros beneficios, incluida la nutrición»; el segundo, la necesidad de fomentar «el aumento de la cooperación económica y técnica entre los países en desarrollo, así como entre éstos y los industrializados» y, finalmente, el tercero, satisfacer las necesidades de alimentación «mediante el logro de una participación más equitativa en las riquezas del mar».

Precisamente sobre estos principios mi país ha sentado las bases de una cooperación económica, científica y técnica tendente a favorecer el desarrollo integral del sector pesquero de los países en desarrollo.

De todos es sabido que España es un país con una gran tradición pesquera. Los autores suelen citar, como primer tratado que incorporó cláusulas de pesca, el concertado en 1351 por el Rey de Castilla y el Rey de Inglaterra. Ya en el siglo xvi, barcos españoles pescaban el bacalao en aguas de Terranova.

En épocas recientes, con el desarrollo de las modernas tecnologías, en especial con la incorporación a bordo de las técnicas del frío industrial, España, sobre la base del principio de la libertad de los mares, desarrolló una importante flota pesquera que le ha permitido el casi autoabastecimiento de las necesidades proteínicas de origen marino.En la década de los años setenta, cuando se extiende la ampliación de las jurisdicciones pesqueras más allá del mar territorial, España inicia también la negociación de acuerdos de pesca basados fundamentalmente en criterios de cooperación económica, técnica y científica, como los preconizados por esta organización.

Mi país ha suscrito numerosos acuerdos de cooperación con Estados en vías de desarrollo que permiten una considerable transferencia de tecnología y una formación profesional adecuada a las necesidades de cada país.

En cuanto a nuestro propio esfuerzo nacional, quiero señalar que el proceso de ordenación pesquera en nuestras aguas está permitiendo, no sin problemas -ya que la plataforma continental española es estrecha y pobre en recursos-, ajustar el binomio recursos-flota para alcanzar el máximo rendimiento sostenido y la óptima utilización de los recursos vivos.Con el desarrollo de la pesca en pequeña escala está favoreciendo una distribución más equitativa de los ingresos para los productores españoles.

También se han dado nuevos impulsos legislativos a la acuicultura, en la que mi país confía plenamente para completar el aporte proteínico necesario para el consumo nacional.Por otro lado, estamos convencidos de que el incremento de la cooperación pesquera, en todos los aspectos, puede conducir a una mejor y más equitativa participación en las riquezas del mar, sin perjuicio de atender, en primer lugar, a las necesidades nutricionales y a los intereses económicos de los Estados ribereños de las zonas de pesca.

Como fórmula de cooperación dirigida, precisamente, a favorecer esta participación equitativa en los recursos vivos del mar, mi país ha alentado, por medio de disposiciones jurídicas adecuadas, la inversión de capital privado en otros países para la constitución y el desarrollo de empresas pesqueras conjuntas.

Por último, resulta imprescindible referirse al elemento fundamental de la actividad pesquera, que a veces, desgraciadamente olvidamos: el hombre del mar.En pocas ocasiones se le rinde justo homenaje. Considero, pues, que es ésta una circunstancia oportuna para lanzar un mensaje de reconocimiento por parte de todos los Estados al esfuerzo duro y abnegado de estos hombres que, alejados frecuentemente de su hogar, sorteando con pericia los imprevisibles riesgos de la mar, nos proporcionan con su trabajo un sustento material de gran importancia.

Conscientes de las dificultades en que se desenvuelve esa dura labor, debemos atender prioritariamente a aspectos tales como la formación profesional, los niveles de seguridad, la habitabilidad de las embarcaciones y condiciones generales de trabajo, de modo que se mejore, en último extremo, la calidad de vida de los pescadores.

En este campo, también la cooperación internacional es necesaria y debemos fomentarla. Estados en desarrollo que quieren potenciar su actividad pesquera solicitan con frecuencia ayuda en esta materia de los países que tienen un más alto grado de tecnología.España, que cuenta con unos buenos centros de formación náutico-pesquera y con profesionales técnicamente preparados, tiene abiertas sus puertas para aquellos países que consideren oportuno conocer su funcionamiento y enseñanzas.

Sabemos que el intercambio de conocimientos enriquece el saber. Por lo tanto, potenciemos la transferencia de tecnología y la colaboración entre Estados, como los propios pescadores se la han transmitido desde siglos.

Deseo finalmente animaros en vuestras tareas, consciente de que el éxito de esta Conferencia que hoy se inicia depende en buena parte la solución de los acuciantes problemas del sector pesquero, que espera de vosotros nuevas perspectivas y que en ningún caso debe sentirse defraudado.

Muchas gracias.

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