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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración del Primer Congreso Nacional de Empresarios

Madrid, 14.11.1985

Q

uisiera comenzar mis palabras transmitiendo a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales la felicitación de la Reina y la mía propia, por vuestra iniciativa de celebrar este Primer Congreso Nacional de Empresarios.           

Y sentimos una satisfacción muy especial al encontrarnos hoy aquí entre vosotros, en este acto de inauguración, que simboliza una esperanza y la decidida disposición de hacer frente a una situación y a unos retos que tenemos delante.

Muy pronto nuestro país empezará a vivir un episodio tan importante como es el de su incorporación a la Comunidad Económica Europea y un momento tan decisivo como el de responder a todas las exigencias económicas, sociales y tecnológicas que impone este compromiso.

A nuestro viejo aislamiento empieza a suceder una integración en el continente, con sus consecuencias universales.

Aquél aislamiento se debió unas veces a nuestras propias prevenciones y otras a imposiciones externas. Pero el caso es que en estos finales del siglo XX, Europa es un tren en marcha y nosotros hemos tomado ese tren. Ya sé que vamos a soportar costes de acomodación, dificultades iniciales, inevitable inconvenientes; pero existen perspectivas claras y de largo alcance a nuestro favor, si no caemos en el desánimo y ponemos todo nuestro entusiasmo en seguir adelante seguros de conseguir un futuro de prosperidad para España.

En este sentido, la empresa ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de la sociedad española hasta el presente, y va a jugarlo con más intensidad si cabe en el futuro.

En todo el mundo la empresa se ha convertido en insustituible factor de progreso, en elemento de integración social y en sistema que ha probado su eficacia como creador y distribuidor de riqueza.

La figura del empresario, tal como la entendemos ahora mismo, tiene, pues, un gran valor. Es un hombre que se embarca en una arriesgada aventura y que tiene, en este momento, dos importantes compromisos: el compromiso personal respecto a aquello mismo que funda, y un compromiso social con todo el país, porque de la empresa han de nacer la producción y el trabajo.

Es éste un reconocimiento público que hay que hacer al empresario, porque una gran parte de los niveles de vida de un pueblo son dependientes del acierto empresarial y de que ese acierto se corresponda con la fundamental atención a las personas que a la empresa rinden su esfuerzo.

Y todavía hay una tercera dimensión en el empresariado. La más sensible y vital de todas, que es la creación de trabajo.

En esta misión, es necesario que la sociedad pueda depositar en sus empresarios una confianza que ha de traducirse en la realidad de estímulos de todo orden que aseguren la voluntad de trabajo, de un trabajo capaz de los mayores logros, en una realidad viva donde se armonicen los intereses de los trabajadores, los de la empresa y, en definitiva, los de toda la nación.

Los estados modernos se fortalecen, en buena parte, con el concierto de sus empresarios y de sus trabajadores.

Desde nuestro punto de vista, deseo subrayar con alegría el gran ejercicio de responsabilidad que han efectuado en estos años las organizaciones de empresarios y de trabajadores, para construir un sistema libre de relaciones laborales basado en el diálogo y en la negociación. El fruto de este sistema ha sido, hasta el presente, una mejoría de la paz social, más necesaria que nunca por cuanto se ha producido en medio de una profunda crisis económica.

Han sido considerables los logros obtenidos hasta la fecha, y estoy seguro de que esta vía puede seguir produciendo mucho más.Sé que se puede y se debe insistir en la moderación y en la concordia, y por ello invito a los empresarios españoles aquí representados, a que pongan de su parte la mejor voluntad para salvaguardar este procedimiento y para agotar al máximo cualquier posibilidad de acuerdo, en la seguridad de que se pueden obtener todavía mejores resultados.

No olvidemos que nuestros niveles económicos y sociales de vida nacen de la acción empresarial y del esfuerzo del trabajo, así como nuestros niveles culturales han de nacer de la libertad y de la democracia, como concurrencia y fertilidad de ideas y de soluciones para la sociedad y el Estado.

Yo os deseo que las cuestiones y los asuntos que vais a tratar en este congreso tengan el objetivo principal de señalarnos caminos para ese desafío de España en Europa y en el mundo a que antes me refería.

Ya sé que no vais a alojar en vosotros ningún sentimiento egoísta y que solamente trataréis de reforzar las condiciones de seguridad de la empresa para hacerla sólida y rentable. La gran aspiración de esta hora de nuestra patria, hacia dentro y hacia fuera, es que los gobiernos, los empresarios y los trabajadores estén subidos en el mismo tren, con el mismo horizonte y sin ningún exceso y obstinación que puedan provocar la detención o el descarrilamiento.

Es una causa común, una causa de todos.

La actividad económica y la justicia social tienen hoy unos territorios más claros y definidos que en el pasado. No hay ya razones para el desacuerdo en los temas principales que, como la crisis o la integración europea, nos afectan a todos.

Ante el gran problema del paro que padece España, todos sabemos que una de las claves para resolverlo pasa por la creación de nuevas empresas. Se ha hecho mucho hasta ahora, pero yo os pido más. Os pido que redobléis vuestro esfuerzo inversor. Os pido un ejercicio siempre renovado de solidaridad social para crear los puestos de trabajo que España necesita. Os pido que penséis en los cientos de miles de jóvenes que se afanan por encontrar una ocupación y tantas veces caen en el desánimo y en la desesperanza.

Sé que la tarea no es sencilla. Sé que es preciso fomentar un clima social de apoyo y confianza en la empresa. Todos debemos contribuir a crearlo por el bien de España.

Os deseo acierto, estoy seguro de vuestro concepto de la responsabilidad y celebraría mucho que de este Congreso salieran unas conclusiones que acrecienten nuestra esperanza de cara a los próximos desafíos, y que conduzcan a la prosperidad de la empresa española.

En ella se contienen esos dos grandes manantiales de vida: la riqueza y el trabajo. Tenemos que salir de la crisis y dar el empujón con valentía, con total entrega, con espíritu de justicia. Hemos venido expresamente para transmitiros ese ánimo.

Queda inaugurado el Primer Congreso Nacional de Empresarios.

Se levanta la sesión.

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