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Palabras de Su Majestad el Rey a la milicia al entregar la Medalla Aérea al 802 Escuadrón de las Fuerzas Aéreas en la Base Aérea de Gando

Canarias(Telde), 24.06.1994

R

ecibid mi sincera y afectuosa felicitación por la Medalla Aérea que, con carácter colectivo, España os entrega hoy.

La Medalla Aérea es la máxima recompensa militar que se puede alcanzar en tiempo de paz, y se concede con carácter muy excepcional a las unidades orgánicas cuya actuación se signifique por méritos o servicios que supongan valor distinguido unido a virtudes militares y profesionales sobresalientes.

Vosotros cumplís sobradamente estas condiciones, como se refleja en el historial de vuestra unidad.

Habéis superado en mucho la misión que fundacionalmente se os encomendó de dar servicio de vigilancia, sobre todo en la mar, a las aeronaves del Ejército del Aire, haciendo llegar a las siniestradas, lo más rápidamente posible, los auxilios necesarios y cooperando con otros organismos en caso de accidente, catástrofe o calamidad pública.

En cuantas ocasiones hubo seres humanos en situación de peligro, allí estuvisteis vosotros para socorrerles. Así, habéis rescatado náufragos, auxiliando a marineros y pescadores, evacuando enfermos y heridos de los lugares más recónditos del Archipiélago, habéis transportado órganos y personas para trasplantes y realizado evacuaciones urgentes a la Península.

En mi felicitación y reconocimiento a cuantos durante todos estos años han formado el Ochocientos Dos Escuadrón, quiero incluir a aquellos primeros hombres de la Cincuenta y Una Escuadrilla de Salvamento Aéreo en Canarias, así como a todo el personal de apoyo logístico de la Base Aérea de Gando, sin cuya ayuda ininterrumpida no se hubiese alcanzado tan alto nivel de operatividad y eficacia.

Pero el mayor homenaje lo quiero tributar a quienes más dieron en el cumplimiento de esta honrosa y humanitaria misión: a los Capitanes Alberto Briega Rodríguez y Vicente Soro Alandes, que ofrendaron sus vidas en accidente aéreo.

Aprovecho la jornada de entrega de esta recompensa para expresar mi reconocimiento al Ejército del Aire por lo bien que ha sabido llevar a cabo la tarea de constitución de un Servicio de Búsqueda y Salvamento en España, el SAR, en cumplimiento de las normas de la Organización Internacional de Aviación Civil.

He querido hacer yo personalmente la entrega de esta condecoración en la propia Comunidad canaria y con la mayor solemnidad, para poner de relieve, junto a la intención clara de recompensar lo más ampliamente posible tan continuada y brillante forma de actuar, la ejemplar relación de afecto y cariño entre el pueblo y sus Fuerzas Armadas; pues si humanitarios han sido los servicios de esta Unidad de Fuerzas Aéreas, singular ha sido, igualmente, el recíproco agradecimiento de este pueblo.

Consciente de que las recompensas militares suponen para los distinguidos una mayor responsabilidad en el cumplimiento del deber por el honor que representa su posesión, sea esta Medalla Aérea aliento para los hombres y mujeres del Ochocientos Dos Escuadrón; para que perseveren, con mayor ahínco si cabe, en esta ejemplar vocación de servicio.

Y sean, también, mis palabras de ánimo y afecto para todo el personal del Ejército del Aire en la noble tarea que sobre él ha recaído de la defensa de España desde el aire.

Ahora, gritad todos conmigo: ¡Viva España!

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