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Palabras de Su Majestad el Rey al Gobernador General de Canadá Edward Schreyer ya la pueblo canadiense

Canadá(Ottawa), 13.03.1984

A

gradezco profundamente al Gobernador General del Canadá las palabras que acaba de pronunciar y la acogida de que hemos sido objeto la Reina y yo, desde nuestra llegada a este gran país.

Se cumple para mí en esta ocasión un deseo albergado durante muchos años de visitar el Canadá. Quiero, ante todo, hacer llegar a su pueblo un mensaje de saludo del pueblo español. Este saludo va unido a sinceros sentimientos de amistad y a un deseo ferviente de que el conocimiento mutuo y la colaboración entre ambos pueblos se hagan cada vez más intensos y más amplios.

Aunque nos han separado la distancia física y la diversidad de nuestras trayectorias históricas, Canadá y España pertenecen al mismo tronco cultural occidental y comparten esencialmente los mismos valores sociales y políticos.

Hoy podemos decir que existen razones fundamentales para considerar que estos intereses y esta colaboración pueden y deben dar frutos cada vez más significativos en el futuro.Es cierto que no han faltado contactos históricos, algunos de ellos prolongados durante muchos años. Los pescadores españoles, especialmente gallegos y vascos, frecuentaron desde el siglo XVI las aguas y las riberas de las provincias marítimas del Canadá e incluso se aventuraron por el estuario del majestuoso río de San Lorenzo. Así lo demuestran los restos encontrados en tierras canadienses y los documentos existentes en nuestros archivos marítimos.

Las costas occidentales del Canadá fueron objeto de exploración, más tarde, por marinos españoles que ya en el siglo XVIII llegaron hasta las costas de la actual Columbia Británica, donde aún se conservan nombres y recuerdos de aquellos navegantes.

Por otra parte, la cultura española y la literatura americana en lengua española han sido objeto de atención creciente, de sistemático estudio y de investigación original por parte de los hispanistas canadienses.

Este interés recíproco alcanzaba sólo a grupos minoritarios, pero en los últimos tiempos las relaciones de todo orden se han intensificado y nuevas perspectivas de colaboración han ido apareciendo, a medida que la realidad política de los dos países se ha aproximado en una comunidad de valores espirituales y políticos.

España hoy ha consolidado ya su proceso de institucionalización democrática y ha asumido la defensa de los valores propios de las democracias parlamentarias: la justicia, los derechos humanos, las libertades fundamentales y la igualdad de todas las personas: valores todos que el pueblo canadiense y su gobierno defienden desde sus orígenes.

Son éstos los lazos que más firmemente pueden agrupar a nuestros dos países, que se sienten solidarios de una civilización occidental que compartimos y que tienen el decidido propósito de desarrollarla y fortalecerla.

Sobre la firme base de nuestra común voluntad de mantener la identidad e intereses propios de cada uno, dentro de la comunidad de pueblos a la que pertenecemos, podemos ir construyendo una relación más estrecha entre nuestros países, que debe encontrar expresión a todos los niveles, tanto oficiales como privados.

Desde la visita a España del tan recordado Gobernador General Léger, de la que la Reina y yo guardamos grata memoria, los contactos y viajes, concretamente de delegaciones parlamentarias españolas y canadienses se han repetido en estos últimos años, incluyendo en una ocasión el que hizo una delegación de ambas Cámaras del Parlamento del Canadá en 1981, presidida por la entonces Speaker de la Cámara y hoy Gobernadora General, señora Sauvé.Tenemos el firme propósito de que estos contactos se intensifiquen y se enriquezcan en su contenido.

Por otra parte, una nutrida comunidad española vive y trabaja en las diversas provincias del Canadá, en especial en Quebec y en Ontario, y se integra en una sociedad industrializada, pacífica y tolerante, que ha sabido crear, sobre la base de los específicos aportes europeos que constituyen su herencia, una fórmula política que alberga y ampara una enriquecedora variedad cultural y lingüística.

De igual modo, vuestros progresos en el campo tanto de las humanidades como de la ciencia y de la técnica ponen a la sociedad canadiense a la cabeza de los países abiertos hacia el porvenir.

También habéis asumido la responsabilidad internacional que de vuestros logros internos cabía esperar.

Canadá ha desempeñado siempre un papel muy activo en la convivencia internacional: ha tomado siempre partido por la justicia y la defensa de los valores del humanismo, incluso ha contribuido, cuando era necesario, con la vida de muchos de sus jóvenes hijos, al mantenimiento de los principios que están en la base de nuestra sociedad de libertades.El resultado es este país, con su clara proyección de futuro, que hoy podéis ofrecer, a costa a veces de duros sacrificios. Estáis haciendo realidad el programa que un gran Gobernador General del Canadá e ilustre escritor, John Buchan, sir Tweedsmuir, os proponía en 1937: «We can only pay our debt to the past by putting the future in debt to ourselves».(Versión castellana.

Sólo podemos pagar nuestra deuda con el pasado poniendo al futuro en deuda con nosotros.)Hoy en día, canadienses y españoles mantenemos con igual energía y determinación nuestro deseo de preservar para nosotros y nuestros descendientes los valores que justifican nuestra postura en el mundo.

Esta puede ser una tarea común que será especialmente eficaz en relación con las áreas del mundo en que, por una u otra circunstancia, España y Canadá pueden aportar una particular capacidad de apoyo efectivo. Tal puede ser el caso no sólo en Europa, sino en ciertas regiones del centro y sur del continente americano, donde la necesidad de crear sociedades más justas, como clave para una evolución nacional pacífica, se hace particularmente apremiante en estos momentos.

Al agradecer al pueblo canadiense y a sus dirigentes la hospitalidad que hoy nos brindan, deseo transmitir este mensaje de esperanza en nuestra futura colaboración que el pueblo español envía al canadiense.

Como Rey de un pueblo de la Europa antigua, empeñado en una constante y tenaz tarea de modernización en el seno de la sociedad occidental, quiero repetir las palabras de otra europea, Catherine Parr Traill, que como pionera de la nueva tierra escribió en su libro The Backwoods of Canada: «Canada is the land of hope; here everything is new; everything is going forward: it is scarcely possible for arts, agriculture, manufactures, to retrograde; they must keep advancing».

(Versión castellana.

Canadá es la tierra de la esperanza, todo es nuevo aquí, todo marcha hacia adelante; retroceder resulta escasamente posible en las artes, la agricultura o la industria; deben mantenerse en progreso.)

Yo creo que en este avance y en este progreso de los valores y de los logros humanos, los pueblos de España y Canadá pueden encontrar un programa futuro común.

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