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Palabras de Su Majestad el Rey a la Fundación Elie Wiesel al recibir el Premio Humanitario

EE.UU.(Nueva York), 07.10.1991

S

eñor Presidente, sólo unas breves palabras para agradecer este Premio Humanitario que la Fundación Elie Wiesel para la Humanidad ha tenido la generosidad de concederme.

Quisiera compartir con todo el pueblo español los méritos que han sido mencionados. Un pueblo que, con una extraordinaria vocación de paz y reconciliación, hizo que la instauración de un sistema democrático se hiciera por la senda de la serenidad, mirando sobre todo el futuro sin olvidar el pasado, buscando -con esfuerzo y no sin dificultades- una convivencia pacífica y el ejercicio sereno de las libertades cívicas.

Esa sensibilidad política de los españoles ha permitido además construir una España definitivamente instalada en la modernidad que, por tantas décadas, le fue negada.Una España que ha aprendido de los errores y no aciertos del pasado y de su historia para enterrar la intolerancia y la intransigencia y abrirse con avidez al mundo, en la ciencia, en la economía y en las ideas.

Al orgullo de estar al frente de un pueblo que ha sido capaz de proceder con tanta sabiduría, añadiré, desde ahora, el que la concesión de este galardón aporta.

Señor Presidente, la labor humanística que la Fundación Elie Wiesel lleva a cabo es encomiable. Sus proyectos y realizaciones colman una serie de objetivos que hacen que el hombre se acerque más al hombre, en una actitud que, en tiempos de individualismo e incomunicación -pese a todos los desarrollos tecnológicos- resulta cada vez más urgente y apremiante.

Estamos viviendo aires de cambio, como en 1492, cuyo V Centenario celebraremos el próximo año, cuando se produjo el encuentro entre nuestros dos mundos: Europa y América.No hay que olvidar que el centro fundamental de ese encuentro fue el hombre. El hombre europeo y el hombre americano.

El hombre europeo, en una de las explosiones históricas más cargadas precisamente de sentido humanístico, acababa de renacer al pensamiento y a la creación, después de un letargo histórico que le adormeció en buena parte del medioevo.

Ese hombre europeo del Renacimiento, sumido en la permanente sorpresa de los descubrimientos -empezando por el descubrimiento de sí mismo- descubre con sorpresa al otro hombre, al hombre americano.

Y en él se descubre de nuevo a sí mismo: porque le aporta la objetivación de una serie de mitos y utopías, como la del buen salvaje, en las que engranará buena parte de su pensamiento -y también de su acción, muchas veces revolucionaria- en los siglos posteriores.Sorprenderse es una actitud renacentista que luego el racionalismo difuminará a su manera.Deberíamos ser capaces de readquirir capacidad de sorpresa. Capacidad humanística de sorpresa.

Porque es bueno que el hombre se sorprenda, accediendo a la novedad, al avance, al progreso y a su difusión. Porque sorprenderse es -casi siempre comprender, y comprenderse es muy importante en un mundo en rápida mutación como el que nos acerca al tercer milenio.El espíritu de esa mayor comprensión está en los objetivos de esa Fundación, capitaneada por ese líder del humanismo militante que es Elie Wiesel.

Sepa la Fundación, que, con el agradecimiento de España y de su Rey, contará siempre con su comprensión y apoyo a los altos ideales que la inspiran; para que odio, crueldad y racismo devengan ya, de inmediato, conceptos obsoletos; a los que se puedan añadir, en plazo muy breve, otros como injusticia, pobreza, subdesarrollo, guerra e indiferencia ante el sufrimiento humano; combatidos desde la comprensión y la solidaridad, para sorprender al siglo XXI con nuevos horizontes, como aquellos con que el hombre europeo y el hombre americano supieron sorprenderse, va a hacer muy pronto quinientos años.

Muchas gracias.

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