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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Venezuela Jaime Lusinchi y al pueblo venezolano

Madrid, 06.10.1986

S

eñor Presidente, constituye para la Reina y para mí un motivo de especial satisfacción y alegría recibiros hoy, en esta vuestra primera visita de Estado a España, en la certeza de que nuestra tierra no resulta extraña a un hispanoamericano, del mismo modo que a nosotros, españoles, nunca nos es extraña América.

La Reina y yo conservamos vivo el recuerdo de nuestros viajes a Venezuela, en donde con tanto cariño fuimos acogidos, y especialmente del último -hace ahora tres años- en que estuvimos en Caracas para rendir homenaje al más ilustre de sus hijos, Simón Bolívar, con motivo de cumplirse el segundo centenario de su nacimiento.

Por vez primera se otorgaba, entonces, el Premio Internacional Simón Bolívar que me fue concedido y que recibí con gran emoción y respeto.Es mucho, señor Presidente, el trecho que hemos recorrido juntos por los caminos de la historia y es mucho lo que tenemos en común.

Uno de esos hitos se conmemora este año en el que se celebra el Bicentenario de la creación de la Audiencia de Caracas por Real Cédula de mi antecesor Carlos III. El Congreso venezolano ha conmemorado el 26 de junio, en sesión solemne y conjunta de sus dos Cámaras legislativas, este hecho histórico, poniendo así de relieve la importancia que la Audiencia tuvo en la formación definitiva de la nación venezolana.

Nuestros pueblos, además de poseer un común acervo histórico y cultural, disfrutan de unos sistemas políticos democráticos similares basados en los principios de paz, de justicia y de libertad.

Tanto en vuestra Constitución como en la nuestra se establecen los fundamentos de cooperación internacional y de fortalecimiento de las relaciones pacíficas entre todos los pueblos de la tierra, como guías de la acción exterior del Estado. Resulta superfluo, señor Presidente, ponderaros, a vosotros venezolanos, las ventajas de una acción solidaria tendente a la unidad iberoamericana, ya que Venezuela proclamó siempre, y así lo expresó a través de sus más preclaros hijos, el ideal de la integración americana como una necesidad ineludible.

De este modo, ya Simón Bolívar levantó su voz en favor de la integración y no regateó desvelos y esfuerzos para preservar la unidad continental y hacer de Sudamérica, según su ideal, «una nación de repúblicas».

En la actualidad, Venezuela sigue siendo fiel a su tradición y a los imperativos de su Constitución. Así, ha emprendido, junto con Colombia, Panamá y México, unos esfuerzos, de todo punto loables, para alcanzar una paz justa en centroamérica. Unos esfuerzos a los que el Gobierno español presta todo su apoyo.

No buscáis una paz basada únicamente en el silencio de las armas, sino que os esforzáis en alcanzar una paz fundada en un orden político, social, económico y jurídico justo y dotado de mecanismos que permitan, por vía pacífica, su ulterior perfeccionamiento.

Señor Presidente, en este año en que nos visitáis se cumple un hecho de gran importancia para mi país: su plena integración en la Comunidad Económica Europea.

Sabemos que se ha expresado el temor de que este acontecimiento suponga un alejamiento de España de su vocación y destino americanos.Puedo aseguraros que nada está más lejos de la realidad.

El Gobierno español puso especial empeño en que se incluyera en el Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas una declaración de intenciones relativa al desarrollo y a la intensificación de las relaciones de la CEE con los países de América Latina. Desde entonces no ha cesado de activar en el seno de la Comunidad el interés y la preocupación por las cuestiones iberoamericanas.

Iberoamérica es algo consustancial a España, y nuestra incorporación a la Europa comunitaria no hará más que acentuar nuestro propósito de intensificar las relaciones de toda clase entre el viejo y el nuevo continente.

Señor Presidente, tened la seguridad de que España no renunciará nunca a su vocación iberoamericana. Ello supondría renegar de su pasado y a nadie le es lícito rechazarlo. Nosotros, españoles de hoy, somos herederos del que compartimos con vosotros, iberoamericanos, que asumimos plenamente y del que nos sentimos orgullosos.

Vuestra visita a España, en vísperas del 12 de octubre, es ocasión propicia para que, con la vista puesta en el ya cercano V Centenario del descubrimiento, meditemos no sólo sobre los tiempos pretéritos, sino también sobre nuestra proyección histórica. Si no es lícito rechazar el pasado, menos aún lo es cerrar los ojos al futuro. Tenemos, ciertamente, un pasado común pero también se abre a nuestros pueblos la perspectiva de un futuro común, de una misión de gran envergadura que cumplir en el mundo actual. No emprenderla por temor o desidia significaría dimitir de nuestro destino histórico. Y es un destino que hemos de cumplir unidos.

Además, si queremos que este destino resulte operante en el mundo contemporáneo, es preciso que a nuestros comunes valores culturales y humanos sumemos el decidido propósito de colocar a nuestros países a la altura de los tiempos. Para ello, resulta imprescindible que participemos activamente en los avances científicos de nuestro siglo y en los adelantos de una tecnología que contribuya a resolver los problemas humanos y sociales de nuestros pueblos.

Vuestra estancia en España será una ocasión magnífica para que lleguemos a un mejor conocimiento de nuestras respectivas realidades y problemas y para fortalecer e intensificar nuestras relaciones culturales, científicas y técnicas, así como nuestros intercambios económicos.

De este modo, el entramado de nuestra cooperación se irá haciendo más denso, día a día, con hechos concretos que le den proyección hacia el futuro.

Señor Presidente, no podría terminar estas palabras con que os damos la bienvenida y os ofrecemos nuestra hospitalidad, sin renovaros nuestra gratitud por la acogida que habéis dispensado en vuestra tierra a miles de españoles que, en momentos difíciles de su vida y de nuestra historia, han llegado a Venezuela y han hecho de ella su segunda patria.

A vuestra hospitalidad han respondido nuestros compatriotas con su lealtad hacia la tierra que les acogió sin reservas, en la que se integraron y a cuya grandeza y desarrollo contribuyeron y contribuyen con su trabajo y esfuerzo cotidianos.

En nuestro sentir se une la gratitud de Venezuela y la satisfacción por el noble comportamiento de nuestra colectividad en vuestro país.Es ése, señor Presidente, otro vínculo el más fuerte, el de la sangre- que también nos une y nos convoca hacia la empresa de una Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Señoras, señores, les invito a todos a levantar sus copas por la ventura y la prosperidad personal del Presidente de la República de Venezuela, así como por la amistad estable y la cooperación sincera entre los pueblos venezolano y español.

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