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Palabras de Su Majestad el Rey a la comunidad sefardita

EE.UU(Los Angeles), 01.10.1987

M

uchas gracias por sus calurosas palabras de bienvenida. Gracias también a los miembros de la comunidad sefardita de Los Angeles que hoy se han congregado aquí y a cuantos nos acompañan en este acto. La Reina y yo también experimentamos una honda satisfacción al encontrarnos en la Sinagoga sefardita de Los Angeles.

Iniciamos nuestra tercera y última etapa del viaje por el sur y oeste de los Estados Unidos, que nos ha llevado sucesivamente a Tejas, Nuevo México y California.

Este viaje nos ha permitido comprobar, por una parte, la solidez y la riqueza de las raíces españolas que aún perviven en estas tierras y, por otra, el tono caluroso y cordial de la acogida que tanto las autoridades como la población de los tres Estados nos han deparado.

Al emprender este viaje, nuestro objetivo ha sido doble. El reencuentro con esas raíces españolas, que han sabido fundirse en la gran tradición norteamericana sin renunciar a los valores que le son propios, y dejar constancia, al mismo tiempo, de esta nueva España, joven, democrática y tolerante, decididamente abierta al mundo, desde su anclaje europeo y atlántico, que ha universalizado sus relaciones y que ha hecho de la búsqueda de la paz eje fundamental de su actuación internacional.

Esta toma de contacto que ahora establecemos con la comunidad sefardita de Los Angeles responde a la misma idea del reencuentro, de la búsqueda de las raíces de la hispanidad: esta vez, con una España peregrina, rica y peculiar en sus matices, el mundo judeo-español, que ha sabido conservar sus tradiciones y su identidad a través de los siglos.

¡Cómo no evocar en este acto entrañable el papel relevante desempeñado por la comunidad judía en siglos de historia española! Su contribución a las letras, a las ciencias y a las artes en el medievo, la belleza de sus sinagogas, como la del Tránsito o Santa María la Blanca, en Toledo, constituyen un legado en el que todos reconocemos la rica variedad de la cultura y la tradición judías.

Sus pensadores y hombres de letras, con nombres como los de Maimónides, Juda Halevi o Ibn Gabirol, son hoy patrimonio de la cultura universal y nos traen a la mente la imagen de aquella España prodigiosa en su capacidad creadora.

Esa búsqueda de la identidad y respeto a las tradiciones que caracteriza al pueblo judío se ha fraguado en medio de un sinnúmero de circunstancias adversas y difíciles: expulsiones injustas e innecesarias, persecuciones e intolerancia, para desembocar, más recientemente, en la tragedia del holocausto. De toda esta adversidad supo sacar el pueblo judío enseñanzas para afirmarse en su fe y en sus tradiciones, en lucha ejemplar por su supervivencia.

En el caso de los sefarditas, el gran pensador español Américo Castro pudo escribir en 1927 unas palabras que ilustran bien el pasado a que acabo de referirme:

«Con el idioma conviven recuerdos literarios, usos domésticos, rezos y liturgias. Conserva aún el sefardí cierta aristocrática altivez y suele alegar su origen hispánico como timbre nobiliario...»

La España de hoy se siente orgullosa, por otra parte, del cercano parentesco con esta comunidad que ha construido, de manera muy especial a la prosperidad de este gran país.

En la perspectiva del V Centenario del descubrimiento de América, la Comisión Nacional Española ha creado un grupo de trabajo, Sefarad 92, para propiciar el reencuentro y establecer un diálogo fraternal como corresponde a nuestros siglos de historia compartida. Una convocatoria la del 92 que permitirá enfocar el pasado con proyección del futuro, sin la cual nos quedaríamos en una pura rememoración histórica.

Quisiera, finalmente, trasladar a esta comunidad el saludo de una España que asume con plena conciencia lo positivo y lo negativo de su pasado histórico. Es también ésta una ocasión singular para subrayar la voluntad de paz y de amistad que anima al pueblo español, que reconoce en esta comunidad un trozo viviente de su propia historia.

Hago votos por el entendimiento entre el pueblo español y el pueblo judío, que es también un modo de expresar una voluntad de entendimiento y amistad entre los pueblos de la tierra.

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